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29 de agosto de 2006
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ESPAÑA

El prejuicio que vuelve del pasado

Gobierno y oposición se acusan de diferentes cuestiones relacionadas con los inmigrantes ilegales.

    Dos clases diferentes de turistas llegan a tierra en Los Cristianos. Por la mañana, africanos debilitados y hambrientos bajan de sus precarias embarcaciones en el muelle del paraíso turístico de Tenerife. No tienen pasaporte, algunos ni siquiera equipaje ni calzado. Pocas horas más tarde, llega al puerto en el sur de la isla canaria un ferry del que descienden vacacionistas con grandes maletas y bolsos.

    España quiere recibir siempre más turistas, pero a los africanos es preferible quitárselos de encima lo antes posible. Ante la incesante avalancha de cayucos que llegan a las Islas Canarias, crece en España el rechazo a los inmigrantes ilegales. El presidente del Gobierno canario, Adán Martín, los considera “un peligro para la seguridad”. Sintiéndose abandonado por el Gobierno de Madrid, Martín solicitó ayuda a la Unión Europea y a Naciones Unidas para enfrentar la crisis migratoria.

    Más de 18.500 refugiados llegaron este año al archipiélago canario, tres veces más que en todo el 2005. Como los centros de acogida en las islas no aumentaron su capacidad, el Gobierno español distribuye a los africanos –unos 11.000 en lo que va del año– en aviones chárter entre metrópolis como Madrid o Barcelona, donde tarde o temprano quedan librados a su suerte. Ahora estalló la discusión entre las distintas comunidades españolas sobre la acogida a los recién llegados. Nadie parece querer albergarlos.

    Cinco comunidades gobernadas por el opositor Partido Popular acusaron al Gobierno central de trasladar un excesivo numero de “ilegales” a su territorio. Los conservadores ven en el desplazamiento de los africanos una prueba de que la política de inmigración del presidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero es, en realidad,“una chapuza”. Sin embargo, fueron los populares quienes inventaron esta modalidad de transporte en el 2002, cuando gobernaban en Madrid. “España se ha convertido en un paraíso de la inmigración ilegal”, se quejó el diario El Mundo.

    “Los inmigrantes son tan bien tratados que cada vez quieren venir más. Son salvados por la Guardia Costera en alta mar, organizaciones de ayuda les dan alojamiento y cuidados”. Los españoles tienen una actitud ambivalente ante estos “ilegales”. Por un lado, consideran que los africanos son víctimas que necesitan ayuda, pero también los ven como una amenaza. El color oscuro de la piel de los recién llegados no juega un papel menor. “Despiertan viejos prejuicios que en Europa estaban enterrados hace siglos en el inconsciente”, advirtió Antumi Toasije, de la Federación Panafricana en España.

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