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4 de marzo de 2020
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Opinión

El PJ vuelve a encender la interna y el Gobierno busca corregir errores propios

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Frente a la discusión en el Senado del presupuesto, el oficialismo intentará enmendar todos los errores políticos cometidos durante el tratamiento en Diputados, donde se quedó sin nada: sin nueva deuda y sin roll over.

Ese pedido sin resultados positivos hasta ahora que ha hecho el gobierno de Rodolfo Suarez para que la Legislatura lo autorice a tomar una deuda en dólares por más de 200 millones, y que está incluida en el presupuesto del 2020 que espera el debate en el Senado, no sólo ha desacomodado –como era de esperar– al propio Ejecutivo, que ha tenido que meterse de lleno en el análisis de las partidas ministeriales que debería recortar para mantener en pie y salvar en parte, al menos, el plan de obras públicas que tenía previsto para su primer año de gestión. También ha encendido al propio peronismo, el que virtualmente se encuentra en llamas en torno a esa férrea decisión política que ha mantenido en contra del endeudamiento, porque todo parece indicar que, en las últimas horas, aquella unidad que había mostrado en un principio hoy no sería tan sólida como se había manifestado.

Cuando comenzó la discusión del presupuesto de Suarez, que se elaboró con la novedad del pedido de nueva deuda, la cual originalmente ascendía a 300 millones de dólares y que luego descendió a 210 millones de la misma moneda, el PJ pareció dejar de lado las diferencias entre los intendentes del peronismo tradicional y el camporismo o kirchnerismo liderado por Anabel Fernández Sagasti. Desde Buenos Aires les llegó la orden de mantenerse unidos, sin fracturas, y defender una posición contraria a la autorización para la toma de nueva deuda en la provincia.

El objetivo del peronismo nacional, del que gobierna a la vez el país, siempre fue evitar que desde una provincia fuera de su control trascendiera al resto del país un quiebre o una interna con tal repercusión que pudiera justificar aquellos análisis políticos que siempre han dado cuenta de que la unión verdadera entre los peronistas clásicos y el kirchnerismo, representados por Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner propiamente dicho, no existe y que ha sido, siempre, una farsa.

Hubo otro objetivo, además, pero secundario a la luz de los acontecimientos que se fueron dando: se trata de aquella supuesta recomendación de la Presidencia para evitar que las provincias pudiesen endeudarse en dólares que lanzó el ministro Martín Guzmán cuando diera un primer informe sobre la renegociación con el FMI en el Parlamento. Supuesta, hay que decirlo, o con algunas discriminaciones, porque en las últimas horas del lunes se anunciaba el aval nacional para que tres provincias argentinas (CABA, Jujuy y Buenos Aires) pudiesen tomar un crédito en conjunto de 2.400 millones de dólares para obras de infraestructura.

Ahora, frente a la discusión en el Senado del presupuesto, el oficialismo intentará enmendar todos los errores políticos cometidos durante el tratamiento en Diputados, donde se quedó sin nada: sin nueva deuda y sin roll over. Hoy, en el Senado, va por todo otra vez, pero hasta se conformaría con llegar a conseguir algún compromiso opositor para discutir la toma de deuda, pero obra por obra y, desde ya que el roll over que desestimó inexplicablemente en Diputados, porque ese roll over le permitiría contar con unos cuantos millones de pesos para destinarlos a las obras.

El vicegobernador y presidente del Senado Mario Abed es quien encabezará la negociación con los senadores peronistas. El vice los espera con un listado de las obras que el gobierno de Suarez pretende llevar adelante a lo largo de toda la gestión. Además, si es necesario, bajará un discurso muy duro en contra del peronismo si es que se sigue negando a la posibilidad de la toma de nueva deuda. Y dirá, por caso, a todos los mendocinos, que es el peronismo el que se ha opuesto sistemáticamente al desarrollo de Mendoza.

Al margen de esos argumentos, los que corresponden a la estrategia del oficialismo, es de nuevo el peronismo el que se encuentra otra vez en disputa, tirando por la borda aquella unidad alcanzada días atrás entre los intendentes y el kirchnerismo. Todo indica que, el lunes, los intendentes Emir Félix, Matías Stevanato y Roberto Righi habrían definido una estrategia propia con los legisladores que les responden, aunque trascendieron dos puntos de vista: aprobar el presupuesto, sin deuda, pero con el compromiso de discutir obra por obra a futuro o bien negarle al gobierno todo, aprobando lo que salió de Diputados. Esta última posición llegó a los oídos del kirchnerismo y ardió Troya: “Nos quieren culpar a nosotros por no darle a Suarez las herramientas que necesita, cuando hemos sido nosotros los que le ofrecimos la renegociación de la deuda en Diputados”, dicen los senadores K, desmarcándose de la jugada pícara de los intendentes.

Como sea, se ve con claridad, la discusión del presupuesto en Mendoza se asemeja, como ya se ha dicho desde aquí, a una de esas malas novelas, de pésima calidad, mal actuadas y de bajos recursos que pululan por ahí. Hasta da pena el nivel de esta suerte de querella y los argumentos que se publicitan. Pena en el mejor de los casos, hasta que esa pena muta en bronca e indignación de quienes padecen a esta forma de política.

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