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24 de noviembre de 2009
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LA INTERNA NO SÓLO ES RADICAL

El PJ elige vías enfrentadas para apuntalar a Celso Jaque

Miranda y Marchena pelean la conducción. Los caciques están divididos, y Racconto y su gente se alejan.

    En el momento justo en que Celso Jaque los necesita más unidos que nunca, dos grandes líneas dividen al peronismo mendocino con posturas casi irreconciliables y buscando diferentes objetivos. Mientras desde un lado quieren que se renueven todas las autoridades partidarias, para así armar un nuevo esquema que sirva para dar aliento al gobernador, desde el otro sector del peronismo aseguran que la conducción no se deja antes de tiempo y preparan una fiesta para inaugurar la Casa Peronista y una jornada de reflexión con la presencia obligada del mandatario. Una de las líneas está encabezada por el presidente electo del justicialismo, Rubén Miranda.

    El lasherino forma parte de uno de los grupos internos que más apoyó al gobernador en las últimas decisiones -en especial con el endeudamiento- y ya quiso asumir dos veces la conducción del partido, una posibilidad impulsada por el propio Jaque para dar oxígeno al peronismo. Así pasaron los días de la Militancia y de la Lealtad Peronista, sin que pudiese convertirse en la máxima autoridad del PJ, porque su antecesor quería comprar una casa que actuara como sede del partido -hasta ahora no la tenía, porque se la habían rematado- que serviría como logro de los dos años de gestión.

    La propiedad ya se compró y, desde el sector liderado por Juan Marchena, actual presiente del PJ y ex ministro de Gobierno que se convirtió en uno de los primeros expulsados del equipo oficial -tras un fuerte enfrentamiento con Alejandro Cazabán-, advirtieron que no piensan adelantar el traspaso de mando, porque hay consejeros que no están de acuerdo con entregar la conducción antes de tiempo.

    Marchena fue quien explicó a este diario por qué no cederán a un nuevo acuerdo y adelantó que el 8 de diciembre -un día antes de que el gobernador cumpla dos años de gestión- inaugura la Casa Peronista con una gran fiesta, en la que el mandatario será el invitado de honor. Además, está planeando un día de reflexión para todo el peronismo mendocino, porque considera que, luego de la derrota de junio, no se hizo autocrítica.

    Algo similar al cónclave de peronistas que se había organizado en agosto en un hotel de Uspallata, pero que nunca se concretó por falta de aval del gobernador. Por supuesto que a estos dos festejos no están invitados -al menos hasta el momento- los simpatizantes del lasherino Rubén Miranda.Es que para el elegido para conducir los destinos del PJ hay que remover fuerzas de manera urgente, sobre todo para dar aire a la gestión de Jaque.

    CACIQUES TAMBIÉN. No sólo la conducción del justicialismo está dividida, sino que, además, las grietas se profundizan cada vez más entre los caciques que empujan a Jaque y los que no. Así, los intendentes también dejan ver que están divididos en dos grandes líneas: los que siguen poniendo el hombro a la gestión y los que se alejan cada vez más, intentando armar su propia jugada, a pesar de permanecer en la misma cancha. Así, son sólo tres caciques los que apuntalan a Jaque en casi todo lo que este les pide.

    Se trata del lasherino Miranda y de los jefes comunales de Guaymallén y de Lavalle, Alejandro Abraham y Roberto Righi. Los tres se han convertido en pilares de la gestión, en especial desde que Jaque salió a buscar ayuda para destrabar el endeudamiento. El resto no quiere develar su malestar pero lo deja traslucir mostrándose cada vez menos con el gobernador. A uno de los alejados que más se le nota su incomodidad con Jaque es al jefe comunal de Maipú, que en pocos días jurará como senador nacional.

    Adolfo Bermejo dice que con Jaque "está todo bien", pero quienes lo conocen advierten su disconformismo desde la previa a las elecciones. Este jueves, cuando jure la banca que ganó tras las fallidas elecciones de junio, dejará en su lugar a otra representante del sector azul, Olga Bianchinelli, quien, el 10 asumirá la intendencia. En este marco, la unión y caminar hacia el mismo objetivo parecen una misión imposible. Esto, a pesar de que desde los bandos reconocen que hay que apuntalar a Jaque, porque si no, entra en juego la continuidad de la gobernabilidad.

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