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25 de octubre de 2019
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Opinión

El peronismo se prepara para volver en un mar de incertidumbres

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El declive económico, reflejado la mayoría de los índices con los que tomó la Presidencia en el 2015 Mauricio Macri, hacen posible, según lo previsto, una victoria de Alberto Fernández.

Todo indica, de acuerdo con los sondeos de las consultoras, que el peronismo regresa una vez más al poder. El declive económico, que agravó la mayoría de los índices con los que tomó la Presidencia en el 2015 Mauricio Macri, lo ha hecho posible de acuerdo con lo que se prevé.

Ni el crecimiento ni el mayor trabajo ni mucho menos la reducción de la pobreza que Macri les propuso a los argentinos cuatro años atrás sucedieron a lo largo de su mandato. Por el contrario, todas aquellas medidas que se tomaron desde el Gobierno para estabilizar desde lo económico al país y encauzarlo hacia el crecimiento sobre la base de un ajuste caótico y sin contención social, cuando ya se llevaban cuatro años de caída y de un proceso de recesión que Cristina Fernández –por entonces al frente de la administración y que no había logrado ocultar–, han terminado por agudizar mucho más la desazón y la desesperanza.

Muy en el corazón del oficialismo, en cambio, se manejan otras hipótesis y se alimentan otras esperanzas: que más allá de sus votantes propios, los que han sido golpeados por la crisis, hay un conjunto importante de argentinos que, de igual manera, pese a los infortunios, no quiere volver atrás, al pasado reciente, y menos a las incertidumbres que está proponiendo lo que se presenta como favorito.

Hay una incógnita extendida en el país en muchos de los electores y de la que se ha hecho eco, también, buena parte de la prensa internacional que cubre este nuevo proceso eleccionario en la Argentina: se trata de qué tipo de peronismo es el que se prepara para gobernar si es que triunfa el domingo en primera vuelta. Cuál de las caras que muestra el histórico movimiento se dará cita, en esta nueva oportunidad que le puede presentar la realidad, para administrar una coyuntura que se ofrece a la vista de cualquier mortal demasiado compleja desde donde se la mire.

Se trata de una pregunta que hoy no tiene respuesta cierta. El candidato Alberto Fernández se dejó ver generalmente irascible cuando fue consultado a lo largo de la campaña sobre la influencia del kirchnerismo en su potencial gobierno, habiendo sido Cristina quien lo designó al frente de la nominación y con una certeza a flor de piel: resultó siendo ella –poseedora de una capacidad estratégica casi fuera de lo común en estos tiempos– la que logró unificar a casi todo el peronismo cuando se negó a encabezar la fórmula para proponérsela a Alberto, el que había sido el jefe de gabinete del primer kirchnerismo, con Néstor, y quien la acompañara en su mandato a lo largo de un año más y fracción.

La duda, claro está, comenzará a dilucidarse desde el 10 de diciembre si el peronismo se impone. Pero, antes, durante la transición, no sólo el oficialismo en retirada deberá aportar toda su voluntad y responsabilidad para llegar a la entrega del poder como corresponde. Dependerá también de lo que haga Fernández y de todo aquello que diga de ahora en más para evitar la incertidumbre que, una vez más, como un recuerdo ingrato e imborrable, vuelve a ensombrecer al país.

La incógnita que fluirá tiene que ver con las herramientas que usará Fernández para salir de la crisis y cómo. Porque, a lo largo de la campaña, su discurso se basó, claro está, en poner a la Argentina de pie “para sacar de la pobreza a los cinco millones de ciudadanos que cayeron en la pobreza, a devolverles el poder adquisitivo a los jubilados y a poner de nuevo la plata en el bolsillo de los argentinos”. No son pocos los que sostienen que, para alcanzar tales objetivos, es necesario profundizar algunas de las reformas que comenzó a aplicar el gobierno de Macri.

Claro que Macri, a la vista de todos ha quedado, las llevó adelante confiado en que aquellos triunfos electorales, el del 2015 y el del 2017, eran suficientes para ejecutar los cambios que la economía necesita para su desarrollo y crecimiento. No buscó acuerdos, se alejó de la política y de ir por los acuerdos sector por sector, explicando y comunicando qué perseguía.

Bajo estas circunstancias y consciente de que la suma de votos que el domingo le permitan alcanzar el poder está explicada en las penurias económicas y en la malaria extendida y en la esperanza que ha generado, Fernández tendrá que comenzar a delinear una salida haciendo reformas estructurales que permitan un crecimiento sostenido y firme a partir de ellas. Pero eso supondrá claridad y que los nuevos esfuerzos que seguramente se extenderán y mantendrán por un buen tiempo alcancen a todos.

La historia ha mostrado que sólo el peronismo es capaz de llevar adelante una gesta semejante, aunque sus resultados fueron temporarios y finitos. Fernández no habló de reformas durante la campaña, salvo de todo lo que el peronismo le ha venido cuestionando a un gobierno de Macri que lo consideró de derecha y neoliberal. Por ende, no mencionó las reformas a la ley Laboral ni tampoco a la Previsional, como la ortodoxia económica ha venido reclamando y exigiéndole a la Argentina. Hay mucha expectativa puesta y haciendo foco en cómo puede llegar a resolver un problema estructural sin daños colaterales y más recayendo sobre la base electoral que puede que el domingo recupere para el peronismo y le dé el triunfo. El oficialismo, en tanto, fue errático y cambió de dirección tras el resultado de las PASO del 11 de agosto. Sin convicción y, como consecuencia, sin poder de seducción. Pero ahí está Macri y todo Cambiemos, soñando con un resultado que les permita entrar en zona de segunda vuelta, que conseguirían si Fernández no alcanza el 45 por ciento y no lo aventaja por más de 10 puntos. Macri y los suyos cerraron la campaña en la tarde de ayer, confiando en que los analistas ni tampoco las encuestas lograron ver un movimiento subterráneo de “los mansos”, de aquellos que nunca se manifestaron masivamente en contra de la oposición, de los que no salieron a confrontar con el kirchnerismo y que, aunque molestos, indignados, defraudados por el Gobierno, así y todo, el domingo volverán a abrir una cuota de confianza sobre su administración, motivados más por el temor a la incertidumbre que emerge de Fernández y de Cristina que confiados en lo que Macri dijo que modificará y que cambiará.

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