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15 de julio de 2006
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El parecer y el ser

Son evidentes las coincidencias entre el presidente y el gobernador. Las hay políticas y de lectura de la realidad. Pero, por las particularidades de la sociedad mendocina, Cobos está obligado a cuidar algunas formas, mucho más que Kirchner

       Kirchner, y lo que ella le critica a la prensa nacional cabe para cierta prensa de Mendoza, que ataca permanentemente a Cobos”. La confesión es de Alfredo Cornejo, el político más cercano al gobernador Julio Cobos e inobjetable abanderado en la Cámara de Diputados de la Nación de aquellos legisladores llamados “radicales K”, calificación que rechaza, por otro lado, el mismo Cornejo, al manifestar que se trata de una “simplificación periodística” lanzada con cierta malicia. El cobismo, está claro, tiene algunos inconvenientes a la hora de explicar su acercamiento a Kirchner. Es cierto, también, que hace un año esos problemas eran más marcados. Ahora, no tanto.



        Pero al Petiso Cornejo hay que reconocerle su arrojo y una marcada actitud repentista cuando se le pide, en público, que justifique los pasos que el gobierno de Cobos toma o analiza tomar frente a un escenario político nacional cada vez más polarizado: o se está con Kirchner o no. Esa es la regla fundamental impuesta por el propio presidente.


     Entonces aparece el ataque de Cristina al periodismo que tiene el atrevimiento de criticar al oficialismo; ahí está la discusión sobre la polémica reglamentación de los decretos de necesidad y urgencia, donde quien hasta hace poco era oposición exigía el establecimiento de algún parámetro de control para ponerle freno a los embates presidenciales y viceversa, por supuesto; ahí está el escandaloso asunto de extender y ampliar los superpoderes para el jefe de Gabinete de Ministros, Alberto Fernández, a quien Kirchner pretende darle la facultad de cambiar el destino de partidas de fondos, con usos específicos, para lo que se les ocurra, entre cuatro paredes, a no más de tres o cuatro personas: Kirchner, Fernández, Cristina y De Vido.



        Muchas de las acciones que lleva adelante el presidente para ganar en autonomía frente a los organismos de control naturales en un sistema republicano, como es el Parlamento, son avaladas por el Gobierno mendocino. Es decir, Cobos y su fiel escudero Cornejo, en más de una oportunidad han salido a defender y bancar las polémicas intenciones de Kirchner. La muletilla más frecuente que se les escucha a ambos es que para gobernar el país en estas circunstancias, recién salidos del infierno o de casi una guerra (Cornejo ha llegado a comparar la actual situación en la Argentina con el estado de la posguerra en Europa y las facultades extraordinarias que se le dieron al primer ministro inglés), es necesario allanarle el camino a quien gobierna para tomar decisiones rápidamente, evitando la siempre soporífera discusión política. De todas maneras, en este último punto,


       Cobos se ha puesto un límite, y así se lo explicó a Oscar Parrilli, el secretario general de la Presidencia, con quien habló esta semana: si Kirchner está dispuesto ha hacerle algunas modificaciones al proyecto original de los superpoderes, su diputado Cornejo le daría el voto. De lo contrario, no. Lo propio le habría dicho Cornejo a Alberto Fernández. Así las cosas, Cobos no avalaría el proyecto porque Kirchner no está dispuesto a modificarlo. Salvo que se produzca un milagro, y en política no ocurren milagros, aunque sí muchas otras cosas, pero nunca milagros.



      Evidentemente, Cobos se ve a sí mismo muy parecido al presidente y, de ahí, su militancia en el kirchnerismo; además de las otras razones que tienen que ver más con la dependencia financiera, asunto varias veces analizado en este espacio.

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