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26 de diciembre de 2006
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MENSAJE NAVIDEÑO

El Papa, contra el hambre y la esclavitud

Benedicto XVI denunció las consecuencias de la abundancia y el progreso. Sostuvo que el hombre del tercer milenio necesita más que nunca a Cristo

       El Papa denunció ayer que, a pesar de tantas formas de progreso, “en esta época de abundancia y consumismo desenfrenado, se sigue muriendo de hambre y pobreza, hay esclavitud, odio racial y religioso y terrorismo” y que ante ello el hombre del tercer milenio necesita más que nunca a Cristo. Benedicto XVI hizo estas manifestaciones durante el tradicional mensaje de Navidad, pronunciado desde el balcón central de la basílica de San Pedro del Vaticano, en el que expresó su “gran preocupación” por la situación en Oriente Medio e Irak y abogó para que se abra una perspectiva de una paz justa en la región (ver aparte).


           Ante decenas de miles de personas reunidas en la plaza de San Pedro para escuchar el segundo mensaje de Navidad de su pontificado, Joseph Ratzinger proclamó al mundo que “ha nacido el Salvador”, pero inmediatamente se preguntó: “¿Tiene todavía valor y sentido un salvador para el hombre del tercer milenio?”. “¿Es aún necesario un salvador para el hombre que ha alcanzado la Luna y Marte y se dispone a conquistar el universo, para el hombre que investiga sin límites los secretos de la naturaleza y logra descifrar hasta los fascinantes códigos del genoma humano?”, se preguntó el Papa.


        El pontífice alemán también se preguntó si el hombre actual “artífice autosuficiente y seguro de su propio destino, que se presenta como productor entusiasta de éxitos indiscutibles”, que ha inventado la comunicación interactiva, que navega por internet y que ha convertido el planeta en una aldea global necesita un salvador. La respuesta que dio el Papa teólogo es que parece que no lo necesita, “pero no es así”. “En este tiempo de abundancia y consumismo desenfrenado, se sigue muriendo de hambre, sed y de pobreza.


        Todavía hay quienes están esclavizados, explotados y ofendidos en su dignidad, quienes son víctimas del odio racial y religioso y no pueden profesar libremente su fe por intolerancias y discriminaciones, por injerencias políticas y coacciones físicas o morales”, afirmó. En este día del nacimiento de Cristo, Ratzinger recordó a todos los niños destrozados por el uso de las armas, por el terrorismo y por cualquier tipo de violencia “en una época en que se invoca y proclama por todas partes el progreso, la solidaridad y la paz”.


           El Papa también resaltó –en el balcón que da a la plaza San Pedro– como problemas de esta época la inmigración, a la que se ven obligadas miles de personas en busca de condiciones de vida digna, los que son engañados, los esclavizados por las drogas y el alcohol y “los que eligen la muerte creyendo que ensalzan la vida”.

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