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13 de septiembre de 2021
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Punto de vista

La estrepitosa derrota de un gobierno que grita mucho y escucha poco

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"Escuchamos el veredicto con mucho respeto, hubo errores que hemos cometido y que no debemos cometer", afirmó Alberto Fernández este domingo en el único dicurso que se escuchó en Chacarita. El Presidente fue la voz de la derrota en las PASO. Puso la cara y tuvo al resto de los referentes del Frente de Todos como laderos que están allí por compromiso, pocos convencidos de brindarle andamiaje a un líder que ve cómo su poder se va licuando.

La imagen tuvo una particularidad: como nunca, Cristina Kirchner asumió un papel secundario, casi de actriz de reparto. Su figura avasallante y altisonante quedó relegada al de una mujer triste, desencajada, como si no encontrara el camino a la salida de un laberinto que ella misma dibujó. Porque que Alberto Fernández esté allí es consecuencia de su jugada política de hace más de dos años. Y sabe que ahora debe hacerse cargo. El tema es cómo y cuándo.

A CFK no se la había visto así ni cuando perdió las elecciones de medio término en 2017. En esa ocasión puso en juego su nombre y su peso político en la Provincia de Buenos Aires frente a Esteban Bullrich, que no era precisamente el candidato más carismático que tenía Juntos por el Cambio. Incluso en ese momento, Cristina arengó a su tropa. Total, la diferencia había sido mínima y le alcanzaba para llegar al Congreso.

Alberto habló solo. Ni Axel Kicillof tomó la palabra. Y eso que, si hay algo de lo que disfruta el gobernador de Buenos Aires, es de los discursos largos, con neologismos y con conjugaciones verbales en conflicto con las leyes lingüísticas. Ni eso.

Desde el punto de vista político, Alberto fue correcto. Ensayó una autocrítica y supo diferenciarse del recuerdo fresco de Mauricio Macri tras la derrota en las PASO de 2019. El ex presidente, en la primera reacción espasmódica, mandó a dormir a sus seguidores y unas horas después le echó la culpa a la gente de su derrotero.

Alberto Fernández decidió hacerse cargo. El tema es si existe una pizca de persuasión o si fue sólo un movimiento de cintura para la tribuna. Como sea, deberá repasar sus palabras si quiere dar vuelta la historia de acá a noviembre.

Si el presidente dijo que escuchó el mensaje de la urnas fue porque, hasta el domingo, vivió absolutamente fuera de contexto. Las señales de una caída electoral estrepitosa estaban por todos lados. Era cuestión de asomarse por la ventana para darse cuenta. 

El gobierno nacional hacía meses que estaba desnudo. Errores no forzados, por un lado, y tropelías por el otro. En medio, la necesidad de tapar la realidad a los gritos, con mucho relato y poco y nada de datos.

Alberto escuchó ayer lo que no quiso escuchar antes. Porque los hechos estaban ahí, disponibles para saber que debía haber un cambio profundo.

A saber:

  • La inflación no es un tema excluyente de este gobierno, pero es evidente que se están aplicando fórmulas que en el pasado no dieron resultado. No por tanto insistir en un fracaso se conseguirá un éxito.
  • De la mano de la inflación aumenta el índice de pobreza. Más del 60% de niños, niñas y adolescentes son pobres en Argentina. Para ponerlo en situación real: en un aula donde hay 10 chicos, 6 no logran cubrir sus necesidades básicas.
  • Para que haya chicos en un aula, tiene que haber clases. El gobierno nacional decidió emprender una cruzada en contra de la presencialidad escolar, con las consecuencias que eso provocó. A pesar de la información científica disponible, el tema se convirtió casi en un capricho, con toda la militancia lanzada a atacar a los padres que reclamaban la vuelta al colegio.
  • Al mismo tiempo, mientras se militaba el encierro y las restricciones, en la Quinta de Olivos se organizaban reuniones sociales y fiestas. Las fotos y los videos del cumpleaños de Fabiola Yáñez fueron la muestra acabada del sentimiento de casta que existe en el gobierno. Una realidad llena de riquezas, libertades y beneficios para ellos, una vida con restricciones y pobrezas para el resto.
  • Esos privilegios del poder habían quedado demostrados en el caso del vacunatorio VIP. Mientras miles de personas morían como consecuencia del COVID 19 y escaseaban las vacunas, se armó un entramado para inocular a los amigos del gobierno. Para el presidente, fue más que nada una travesura digna de la viveza criolla.
  • Y si al principio hubo pocas vacunas fue porque la prioridad no fue la salud pública, sino invertir en intereses geopolíticos que poco tenían que ver con la urgencia sanitaria. El famoso mail de la asesora presidencial Cecilia Nicolini fue explícito: en su reclamo a la Federación Rusa por la falta de la segunda dosis de Sputnik V, afirmó que habían apostado a un proyecto, lo que impidió la compra temprana de vacunas producidas en Estados Unidos. 

En el medio quedarán miles de historias de muerte y desolación durante la cuarentena. Dramas y violaciones a los derechos humanos en los que el gobierno decidió mirar hacia otro lado, traicionando la que había sido su bandera histórica. Y dejando en claro que, contrariamente a lo que dijo el presidente, no tenían ganas de escuchar.

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