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10 de octubre de 2021
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Columna

La administración está de duelo

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El presidente Alberto Fernández y la vice, Cristina Fernández de Kirchner.

Lo hacen como hacen todo: a destiempo, desordenadamente, a medias, empujándose, maltratándonos, pero como no les ha quedado otra, lo hacen.

La administración está de duelo.

Eso es lo que estamos viviendo estos días.

El 12 de septiembre se les murió la idea que tenían de ellos mismos: se veían imparables, bellos, ganadores, dueños del amor del pueblo; se veían perfectos, sabihondos, cancheros.

Esa noche de domingo comenzaron a sentir que su espejo les mentía.

Queda en el terreno del misterio el saber cómo fue que creyeron que la burbuja cómoda y egoísta en la que se movieron, los aviones sanitarios que los llevaban a los asados fenomenales, las clandes en Olivos con bombones de 12 mil pesos, las vacunas que a ellos nunca les faltaron, los negociados rusos de Anatoly Nicolini y Filomena Vizzotti, eran algo que los argentinos veíamos con agrado.

Asumieron de verdad que millones de súbditos aplaudíamos que los chicos no fueran a la escuela, que despedir a los muertos fuera delito, que se desmantelaran años de trabajo, que la única vida que ocurriera fuera la de ellos.

Están alimentados con fans aplaudidores que son contratados para el elogio. Cayeron en un error de principiante: creer que el amor pago es amor. Todavía no entendieron que la prostitución es un trabajo que no se mezcla con los sentimientos.

Creyeron en serio que hacernos bullying sería la mejor manera de ganarse nuestro respeto y nuestra obediencia.
Eso funciona hasta que el silencio se termina.

Y se terminó.

Funciona hasta que el miedo se acaba.

Y se acabó.

Lo confirma el alumno del conurbano que le responde tranquilo a la profesora enajenada “según vos”; el pibe de La Matanza que les dice chorros y vagos en la cara a los barones del conurbano; el maestro que le reprocha a Capitanich por años con promesas y sin agua; el jubilado que le grita “¡¿Para qué te voté?!” a Mariel Fernández, en Moreno.

Hay que reconocer que ni las quejas del jubilado pudieron hacer nada para que a Fernanda Raverta, la titular de ANSES, también presente en el acto, se le despegue esa sonrisa perenne e incomprensible que le creció y que ya debería ser objeto de estudio de especialistas. Pobre, no le permite un solo gesto a su cara, la titular del ANSES, tan ocupada como anda en esa sonrisa que tanto puede querer decir “la jubilación mínima cayó 4,6 en términos reales en relación con la gestión de Cambiemos” o “estoy por largar un gasecito”, lo mismo da.

La administración se lo pasaba hablando de garche, de porro, y de “¡ah, pero Macri!”, siempre en lenguaje inclusivo hasta que el 12 de septiembre algo muy fuerte se les murió dentro.

No fue por el círculo rojo y su constante devenir de curros y agachadas, no fueron los intelectuales de la rosca, los artistas tarifados o los periodistas turiferarios.

Para muchos lo del 12 de septiembre fue un suicidio anunciado.

Para otros, fue el tiro certero al corazón de la demagogia de un montón de votos que dijeron basta.

Suicidio o muerte natural, algo muy fuerte murió dentro de ellos.

Por eso están de duelo.

No respetan el orden de las etapas, porque nunca respetan nada, las saltean, van y vuelven, pero las cumplen a casi todas.

Como ya veremos, el “casi” es fundamental.

Negación, ira, negociación, depresión y aceptación; esas son las etapas del duelo.

Todo lo que nos ocurre en estos días se puede agrupar en estas cinco etapas del duelo

Negación

A las 8 de la noche del día de las votaciones bailaban la negación alegremente.

Habían ganado por 5 puntos en lo que el lugar común llamaba “la madre de todas las batallas” (¿han notado que ciertos opinadores acomodaticios dejaron de decir “la madre de todas las batallas” desde que el peronismo la perdió? Dejó de ser la madre. Ahora parece ser una prima pobre del campo, una señora que pasaba por ahí nomás, nada importante. No es fácil ser periodista y cambiar el auto todos los años).

A las 8 de la noche del día de la elección, el mundo se ordenaba tal cual sus deseos. Nada había sido en vano. El baile de la negación tuvo caras que quedarán para siempre rebotando en el bunker del Frente de Todos.

Negación es lo que están manejando los genios de su campaña electoral, la idea de “perder ganando”. Esto es, si pierden en las elecciones por menos de lo que perdieron las PASO lo van a presentar como un triunfo: “¿Ven?, tan mal no nos fue”. Algo así como: “¿qué me importa haber perdido, si digo que gané?”, o sea, la habitual desconexión de gente que ante el hambre se dedica al kimchi y ante la falta de clases, a los viajes de egresados.

Negación es el ex canciller unilingüe de la Chancha Pelota diciendo que creía que iba a seguir en su cargo porque el trabajo hecho en Cancillería era muy bueno.

Negación es proponer un aforo para la gente que va a las canchas y el mismo día, no cumplirlo.

Negación es decir que hay clases presenciales en todo el país, y no lo hay.

Negación es decir que se levantaron las restricciones para volver al país cuando no es verdad.

Sólo bajo un enorme estado de negación, la administración puede haberle dicho “sí” a la campaña que presentó el catalán Gutiérrez Rubí, desde hoy, Comendador Internacional del Robo a mano desarmada.

El catalán los convenció de que pueden ganar votos con gente saltando alrededor de un “Sí” gigante, excitados pero tristes, impostando una alegría de morondanga, afirmando que bregan por cosas que vimos despreciar durante los dos últimos años sin que se les moviera un músculo de la cara.

Verlos ahora chillar “sí a la educación pública” a quienes cerraron los colegios; gruñir “sí al diálogo” a quienes diferenciaron a la población entre “gente de bien” y los otros; decir en lenguaje de señas “sí a escuchar” a quienes no oyeron uno solo de los cacerolazos que sintió el país; tronar “sí a la casa propia” a los que auspiciaron las usurpaciones; aullar “sí a sentirme más segura” a quienes soltaron delincuentes y tienen los mayores números de inseguridad en años; berrear “sí a cuidar al planeta” a quienes se desentendieron de los incendios forestales; clamar “sí a bajar la inflación” a quienes están emitiendo sin parar; vociferar “sí a fabricar acá” a quienes tienen el record de fábricas cerradas, pregonar “sí a que los dirigentes se pongan de acuerdo” mientras se mandan misiles destructivos, es confirmar que están convencidos de que somos tarados.

Lo único que queda claro después de ver esa campaña es que si viene un catalán y te quiere asesorar, agarrá bien la billetera.

Depresión

La depresión fue inmediata.

La foto de la vice mirándose los pies -un retrato maldito que quisieran arrancar del álbum del relato- es la foto de la depresión.

Ya que estamos gráficos, otra foto de depresión fue ver cómo al que dicen presidente lo mandaron a que pasara los días post elecciones a Punta. Punta Lara, rodeado de vecinos aburridos, destino de meme, anotando en su libretita de almacenero “acá la gente dice que lo pasa mal”, teniendo de fondo una parrilla aburrida porque su último asado fue en noviembre del 19.

Depresión fue ver a Tolosa Paz bailar sin gracia en televisión para no contestar una pregunta que fue igualmente contestada. En el programa “Verdad/consecuencia” de TN, las periodistas le propusieron: “Nos dice si es verdad que Cristina le dijo que no le gustaba como candidata, o baila como Cristina”.

Tolosa Paz no lo pensó un segundo, se lanzó a unos movimientos espásticos que pueden catalogarse de los más patéticos de la televisión vernácula, casi a la altura de la noche en que Soledad Silveyra le dijo a Carolina de Gran Hermano que hubo un atentado en las Torres Gemelas o cuando la Gunda intentó juntar comida del piso en Masterchef.

Pocas veces se sintió tanta vergüenza ajena frente a la pantalla. Prefirió el bochorno antes que confirmar lo que quedó confirmado igual: Cristina la desprecia.

Ira

La ira fue grabada profesionalmente en un audio “descuidado” de Fernanda Vallejos, una de las tantas Susanitas que se cree Mafalda, ese engendro sororo en el que devino el feminismo kirchnerista (y no, no es misoginia. Lo que une a Vallejos, con Raverta, con Carignano, con Volnovich, con Todesca, con la ex Paula Español, con Tolosa Paz, con Sagasti, con Mayra no es que sean mujeres. Es que no se dejan lugar para respirar mientras declaran obviedades insustanciales subidas al pony de la soberbia injustificada, el autoritarismo machista y la falta de empatía. No nos corran con el verso de la misoginia, ya somos grandes).

La ira fue también la transitoria presidenta del senado haciendo la mímica de una gallina en un sillón que alguna vez ocuparan Marcos Paz, Adolfo Alsina, Mariano Acosta y Carlos Pellegrini.

La ira fue ver a Mínimo Kirchner enojarse porque no consiguió quórum para una sesión que no supo organizar, como no supo contestar cuando por primera vez dio una entrevista y le preguntaron: “¿para qué querés tantas propiedades?”. Una pregunta que se puede contestar de mil maneras menos con un “no entendí bien la pregunta”. Mínimo, querido millonario estatal, no era sobre la conjetura de los números primos gemelos. Era solo “¿para qué querés tantas propiedades?”. ¿Eso no entendés? Ahora queda claro por qué nunca da entrevista el presidencial hijo ni-ni. Ok, la fiscalía descansa.

Negociación

Negociación fue la carta de la presidentavice, armando un zafarrancho institucional sólo porque la señora prefiere un cinturón Louis Vuitton antes que un merecidísimo traje a rayas. Se convenció y quiso convencer a todo el mundo que el presidente que ella designó para que fuese votado por los suyos no tenía nada que ver con ella misma.

Que el error es el otro.

Que ella había avisado que les iba a ir mal en las elecciones, aunque esa no fue la sensación que transmitió saltimbanqueando con su voto en la mañana en donde todavía todo era rosa. (Si pueden volver a ver ese video, fíjense en el vasallo que le lleva la cartera porque la señora, a diferencia de casi cualquier persona del mundo, tiene una persona que le lleva la cartera; una función que se descubrió como poco saludable, teniendo en cuenta que durante años la realizó Fabián Gutiérrez, en paz descanse).

Negociación fue la renuncia de mentirita en masa que se mandaron los domésticos de Cristina, renuncia que sirvió para meter al país en un frívolo guirigay, para hacer temblar la institucionalidad y para que millones de argentinos nos preguntáramos “¿a qué renunció Cabandié?”.

Negociación es lo que intentan tirando heladeras, bicicletas y arroz con gorgojos que esta vez están rebotando contra la pared de la dignidad.

Negociación es Zelig Massa anunciando que presenta en el congreso como propia una ley de “¡ah, pero Macri!” intentando que los planes pasen a ser trabajo, mientras se olvida que junto con Malena y la pareja de Fabiola estuvo, compungido, en la marcha por el asesinado fiscal Nissman.

Aceptación


Es la etapa más difícil, en cualquier duelo.

Es reconocer que las cosas son así.

Es hacerse cargo.

Es saber que no hay relato que pueda contra la realidad.

No superar esta etapa es condenarse a repetir las otras cuatro eternamente.

Todo parece indicar que no la van a superar.

Siguen negando, deprimidos, iracundos, negociando.

Pero una vez que te fuiste de la realidad, te fuiste.

Ellos no pueden aceptar que no son lo que siempre dijeron que eran. Ya no pueden.

El trabajo es nuestro.

Los que no estamos de duelo.

Los que estamos de parto.

Nos vemos en noviembre.

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