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25 de octubre de 2006
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El nuevo símbolo de la web social

El fenómeno de la página de videos YouTube dispara esta opinión sobre el triunfo de internet sobre el mercado que marca que todo debe tener un precio

    YouTube es el nuevo sitio de internet que permite colocar, ver o copiar toda clase de videos, sean domésticos o profesionales, sacados de la televisión, el cine, las discográficas o los publicistas. Rápidamente se ha convertido en un auténtico fenómeno social de masas. Recibe cerca de cien millones de visitas al día y son 65.000 los videos que se cuelgan en el mismo lapso de tiempo.

    YouTube es el nuevo símbolo de la web 2.0, la denominada web social, donde prima la colaboración entre los internautas. La página YouTube fue fundada hace apenas dieciocho meses, en febrero del año pasado, por los veinteañeros Chad Hurley y Steve Chen, y acaba de ser comprada por el buscador Google, que ha pagado por ella 1.650 millones de dólares. Como el acceso al portal es gratuito, se supone que los ingresos llegarán de la mano de la publicidad insertada en sus páginas. YouTube es una muestra de las nuevas formas del ocio juvenil, caracterizado por una televisión personalizada, en la que predomina la interactividad, la diversidad y las posibilidades del multitarea (desarrollo de varias actividades a la vez).

    Marca también las dificultades de preservar los derechos de autor, en un sitio donde se cuelgan todo tipo de imágenes y contenidos (el único control consiste en vedar los videos pornográficos). Las nuevas posibilidades que se abren con este instrumento cultural de la web las evidencian la anécdota de tres adolescentes roqueros de Salta, quienes han saltado a la fama internacional gracias a You- Tube. Su padre tuvo la feliz ocurrencia de colgar un video en el que ejecutaban una canción de rock. Gustó tanto que, en un corto plazo, se acumularon muchas visitas en el link.

    Cuando se supera cierto umbral, aumenta geométricamente el número de visitas en YouTube, convocadas por la curiosidad. De modo que el video de los roqueros salteños –que fue visitado por más de 1.200.000 personas en una semana– hizo que en poco tiempo comenzaran a lloverles llamadas desde todas partes del mundo de parte de interesados en su contratación. Las iniciativas de open sources (fuentes abiertas) se multiplican en internet. EMule es el programa más conocido de intercambio de archivos por la red, conocido como P2P (siglas de peer to peer –par a par–).

    A través de este programa, un usuario pone a disposición del resto sus archivos de música, películas, software o juegos que desea compartir. De este modo se pueden realizar descargas de contenidos de internet en forma gratuita y así, por ejemplo, acceder a películas que todavía no están en el mercado. A la vez que la compra de YouTube, Google anuncia el ofrecimiento gratuito de una hoja de cálculos y de un procesador de textos, en clara competencia con el programa Office de Microsoft.

    De este modo se va imponiendo la tendencia al acceso gratuito a los programas informáticos, proceso que se inició hace años con Linux, un sistema operativo de libre uso que se alimenta con las mejoras que van introduciendo de los propios usuarios. El poder del movimiento open sources ha sido impresionante. Gracias a la ayuda de miles de desarrolladores anónimos, Linux se convirtió en un sistema estable y seguro. De pronto aparecía un sistema operativo que podía usar cualquier persona, en forma gratuita y con la posibilidad de mejorarlo, sin monopolios, sin secretos comerciales, sin licencias ni copyright.

    Este éxito de iniciativas que escapan a las leyes del mercado debe vincularse a la potenciación de un conjunto de actividades comunitarias que se conocen como tercer sector y que surgen junto al primer sector (mercado) y el segundo (sector público). Este tránsito hacia una sociedad posmercado obliga a revisar el conjunto de relaciones comerciales y sociales a las que estábamos acostumbrados. La tendencia inercial de la sociedad de mercado a convertir en mercancía todos los bienes que son apreciados se rompe lateralmente en algunos sectores.

    El mundo no es una mercancía, afirman retóricamente los alterglobalizadores. Pero es en la web social donde se materializa, de un modo concreto y firme, una visión cultural alternativa. La Biblia impresa por Gutenberg en 1455 tuvo una tirada de apenas 200 ejemplares. Fue, sin embargo, el primer acto de transmisión escrita de la cultura, haciéndola accesible a un número amplio de personas.Hasta ese momento, la lectura de los textos, trabajosamente manuscritos, era privilegio de unos pocos.

    Ahora, las nuevas tecnologías permiten que millones de personas accedan a todo tipo de fuentes culturales sin pagar. La web social marca el propósito de evitar el cierre prematuro de esos accesos. Al mismo tiempo muestra la fuerza ancestral de una vieja aspiración socialista de compartir la cultura, la que, pese a todos los avatares, se preserva inserta en los pliegues más recónditos de la naturaleza humana.

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