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23 de diciembre de 2006
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El nuevo evangelio

Mariana Juri se fue del Ministerio de Cultura y Turismo. Con ella se terminó el último foco de la resistencia no koncertadora que existía dentro del gobierno de Cobos. Los motivos por los que tomó la decisión de renunciar pintan de cuerpo entero una nueva forma de conducción del Estado en el país: sin partidos, con ausencia de responsabilidad política y fuertes liderazgos personales

           El evangelio kirchnerista no permite seguidores o adherentes críticos. El universo concertador, que toma como guía y norte precisamente aquel evangelio para difundir y profesar la fe pingüina, posee una máxima de hierro: sus fieles deben ser apóstoles, discípulos entrenados para propagar la buena nueva en todo el mundo: se acabaron los partidos políticos, es el momento de los liderazgos personales, de los liderazgos sociales.


             Las estructuras políticas –en el caso de que hubieran sobrevivido a la debacle del 2001–, serían hoy, para los sacerdotes y líderes de la nueva fe que alimenta esa koncertación, un escollo, un elemento incómodo al que deberían rendir cuentas en algún momento hacia el fin de los tiempos. Mariana Juri, quien renunció ayer al Ministerio de Turismo y Cultura de la administración koncertadora de Julio Cobos, no supo leer el evangelio, o, si lo hizo, no se adaptó a las nuevas reglas de juego. Su partida de la gestión ha sido el regalo navideño que se ha hecho a sí mismo el gobierno de Cobos. Ya no quedan iglesistas o funcionarios que no profesen la nueva religión en puestos clave o expectantes.


        La conversión ha sido masiva luego de lo ocurrido con la alvearense, quien se encontraba al frente del área más exitosa –y menos comprometida, hay que decirlo también– que tiene la actual administración. Así, el equipo para jugar la final del 2007 aparece casi armado. Nadie sabe si el elenco será el mejor o si alcanzará para ganar. El guía táctico sólo se ha asegurado fieles y conversos que le dan la garantía de que dejarán la vida por rendir bien, aunque la capacidad, la inteligencia y la creatividad no sean los atributos más sobresalientes.


        La interna, fanática y sangrienta como cualquier guerra religiosa, destroza dirigentes, los tritura. A los profesionales capacitados, los espanta. Y hacia afuera, deja un mensaje inquietante, cuando menos, a quienes todavía sueñan con hacer algún aporte cívico en beneficio de la buena convivencia y la salud del Estado mendocino: no basta con tener conocimientos y sacar carné de idóneo. No es suficiente. Hay que convertirse a la nueva religión dominante que se extiende como una mancha de aceite por todo el país. Juri, según confesó a sus más cercanos, tenía en la cabeza partir del gobierno, pero el momento de la decisión sería el día en que estuviese más tranquila y calma para evitar destilar públicamente el rosario de presiones políticas que, dice en la intimidad, ha vivido en los últimos dos meses.


            La gota que rebalsó el vaso habría sido la organización del Segundo Encuentro de Industrias Culturales, que se hizo en el ámbito del Ministerio de Economía de Laura Montero y por el que llegó a Mendoza el músico Gustavo Santaolalla. El evento arrancó el miércoles, pero Juri, el lunes, llamó indignada a Economía quejándose porque no la habían ni siquiera participado para hacer algún aporte organizativo. Desde Economía, en cambio, dicen que la gente de Juri sabía del evento y hasta muestran notas y copias de los correos que enviaron hacia Cultura. Hace quince días, cuando el gobierno festejó en la ex bodega Giol los tres años de gestión, con el gobernador Cobos como estrella principal de aquella cena, Juri debió pelear para conseguir la tarjeta.


       Las presiones, siempre según el entorno de la ex ministra, fueron una constante y en aumento. “A la Mariana le trabaron todo, hasta un par de designaciones de alguien vinculado a la orquesta provincial. Tuvo que ver hasta el último de los chichipíos en la Gobernación para que le firmaran el expediente”, cuenta uno de sus colaboradores. La relación de Juri con Cobos se había enrarecido tanto que entró en el mismo callejón sin salida del enfrentamiento entre cobistas e iglesistas. Y tuvo un poco de todo. De un lado y de otro.


         Desde el núcleo más cercano al gobernador, culpan a Juri por la partida de Marcela Montero de la dirección del Teatro Independencia, quien renunció a su cargo el 11 de diciembre. Marcela es la hermana de Laura, la ministra más mimada por Cobos. Y fue Laura, precisamente, la que se llevó los aplausos por el éxito de la operación Santaolalla, por la que el músico habló maravillas de Mendoza y se fue con el compromiso de seguir haciéndolo fuera de nuestras fronteras. Ahora bien, ¿cuál ha sido el motivo de la renuncia de Juri? La pregunta contiene una carga irónica. No hay motivos. Son nimiedades. Este tipo de hechos pavos, uno tras otro, terminan por hacer caer al más fuerte y pintado. Y el ninguneo se transforma en persecución, en paranoia y en caza de brujas.

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