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20 de julio de 2007
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El Negro que contó el fútbol

Fontanarrosa fue fanático de Rosario Central y dejó geniales textos sobre el deporte que tanto amó

        Dueño de un humor admirable y de una pluma excepcional, El Negro Fontanarrosa contó y mostró como nadie pudo la genuina pasión del hincha de fútbol. Fanático enfermo de Rosario Central, dejó una de las mejores obras literarias sobre fútbol, con libros como Área 18, Puro fútbol y No te vayas, campeón, entre otras tantas joyitas que nos regaló. Sin embargo, ese tipo barbudo, de cejas villanas y sonrisa pícara nunca soñó con gambetear entre letras y relatos.“Yo crecí queriendo ser como Ermindo Onega y no como Cortázar”, contaba.


            En alguna entrevista le preguntaron si prefería un premio Nobel de Literatura o ver a Rosario Central campeón. Sin dudar un instante, respondió: “¡Central campeón! Será un palo de euros el Nobel, pero ver a Central campeón de nuevo...”. Lejos de intelectualizar el fenómeno del fútbol, El Negro lo pintaba con una simpleza extraordinaria: “Dudo que exista un programa superior a ir a jugar al fútbol. Es algo muy difícil de remplazar.Creo que lo fundamental es que en la cancha descargás todo. Vas, pateás, gritás, volvés cansado. Te limpia el bocho. Uno puede andar en bicicleta y seguir pensando en sus problemas.


          Pero al jugar al fútbol sólo se piensa en fútbol”, solía decir en la mesa de galanes que cobija el mítico bar El Cairo, en Rosario. Cualquier reflexión suya sobre fútbol era para hacerle un cuadro. Sólo un ejemplo: “Los jugadores repiten: los hinchas tienen todo el derecho del mundo a putear. ¿Será así? ¿Se admitiría eso en teatro? Que un espectador se parara en medio de la obra y le dijera a un actor: Andate, hijo de puta, dejá de robar, o que le pidiera al director de la obra que lo sacara. O que todos se pusieran a cantar la camiseta de Shakespeare se tiene que transpirar”. Desopilante, siempre relataba las únicas dos veces que su mujer lo despertó antes de las diez de la mañana. “La primera vez fue cuando tomamos las Malvinas.


          La segunda, me despertó y dijo: Negro, el Diego firmó para Ñuls”. En los últimos tiempos, ya muy enfermo, mostraba un humor a prueba de todo: “Estoy jugando con ocho, pero todos me bancan. El otro día hablé con PedritoMarchetta, que también tuvo un problema de salud, y le dije: Pedro, dos líneas de cuatro y a tirarla para arriba”, comentaba entre risas. El sabio destino quiso que El Negro se fuera un día 19, haciendo un guiño cómplice al título de su mejor cuento de fútbol: 19 de diciembre de 1971, el magnífico relato del viejo Casale, en el mítico partido de la palomita de Poy.


             Hoy, justo el día del amigo,muchos extrañarán a ese rosarino cultor de la amistad y la alegría. Pero El Negro, rompiendo la solemnidad, seguramente hubiese tirado un chiste para desparramar algo de felicidad. “¿Una cábala futbolera?”, le consultaron. “Tener once buenos jugadores”, contestó. Así era Fontanarrosa. Lúcido, querible y puro talento. Pensar que ya debe estar en una nube, junto al Gordo Soriano, hablando de fútbol.

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