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11 de julio de 2019
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El negocio político y electoral detrás de la asistencia a los pobres

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En campaña hacia las elecciones de agosto y de octubre, los principales aspirantes a la Presidencia toman el grave problema de la pobreza en el país como elemento de seducción.

Algunos días atrás, de paso por Mendoza, encaramado ya a la campaña electoral rumbo a las PASO y a las elecciones presidenciales de octubre, Alberto Fernández, el precandidato del Frente Todos, respondió con una pregunta cuando se le consultó en general sobre el temor a la vuelta del populismo que encierra su candidatura, acompañado de Cristina Fernández de Kirchner: “¿Acaso Macri no aumentó los planes sociales de los 200 mil que dejó la ex presidenta? ¿No cree acaso que Macri también es un populista por eso?”. La charla viró hacia otros asuntos, pero Fernández terminó saliendo del asunto aseverando –como lo está haciendo en todas sus intervenciones– que el gobierno de Mauricio Macri fracasó en todo sentido porque no sólo tuvo que incrementar la ayuda social destinada hacia los más vulnerables, sino que aumentó los niveles de inflación, pulverizó buena parte del empleo y condujo al país hacia una recesión que aún sigue viva.

Los últimos datos oficiales sobre la ayuda social o el nivel de subsidios que destina el gobierno de Macri se han incrementado fuertemente. Fernández y, particularmente Cristina, afirman que Macri duplicó la ayuda social y lo hacen como una evidencia palpable y concreta de que la situación económica en términos generales empeoró decididamente desde que el jefe del Pro alcanzó el poder. En el 2015, la suma de beneficiarios del Ministerio de Desarrollo Social ascendía a 200.708, según aseguró la ex presidenta en su libro Sinceramente: Argentina Trabaja cubría a 122.331 personas y Ellas Hacen, a 78.377. Ambos programas fueron unificados por la actual gestión de gobierno en el denominado Hacemos Futuro, que a diciembre del 2018 contabilizaba 247.169 beneficiarios, 46 mil más de los que dejó el gobierno de Cristina.

Sin embargo, Cristina afirmó en su ópera prima que ese tipo de planes, durante el gobierno de Macri hacia fines del 2018, se había duplicado, alcanzado los 467.979 beneficiarios. Más tarde, el sitio Chequeado, al cruzar las cifras con los datos oficiales pondría en dudas esa suma porque, según la conclusión a la que llegó el trabajo de confirmación, la ex presidenta había sumado un tercer plan, el denominado Salario Social Complementario, además de agregar que “durante la gestión del Frente para la Victoria también había otros planes sociales que ella no incluyó en su comparación”.

Como fuere, hacia fines del año pasado y para contener una posible agitación social en gran escala, la administración de Macri hizo crecer los fondos para el salario social en 127 por ciento. Fue cuando negoció con los grupos piqueteros que conduce el militante social Juan Grabois, el líder de la CTEP. Así como se incrementaron los fondos de este plan específico, de 713 millones de pesos en el 2017 a 1.621 millones de pesos en el 2018, también aumentó el número de beneficiarios en 68 por ciento. Son recursos que, siempre es necesario aclarar, llegan a las personas que los reciben a través de la intermediación de las organizaciones sociales.

Buena parte de la tragedia argentina se libra en el espeluznante negocio político que gira alrededor de la pobreza, para lamento de todos. En campaña hacia las elecciones de agosto y de octubre, los principales aspirantes a la Presidencia toman el grave problema de la pobreza en el país como elemento de seducción. Por caso, José Luis Espert, por estas horas, ha dicho aquí en la provincia que de ninguna manera eliminaría los subsidios a los más necesitados, pero, en caso de alcanzar el poder, impondría de forma obligatoria una contraprestación para recibirlos. “No hablo de los empresarios o de la oligarquía. Yo les pregunto cómo les cae a los asalariados del país que con el pago de sus impuestos se financie el subsidio para personas que no trabajan y no tienen ninguna contraprestación”, dijo ayer en Mendoza el líder del frente Despertar.

Desde hace una buena cantidad de años que algunos sectores intelectuales en Argentina analizan el fenómeno de la pobreza y cómo se la manipula en tiempos electorales. Se trata del negocio político del “pobrismo” y de la llamativa tolerancia por parte de los argentinos a una práctica a la que han apelado casi todos los gobiernos en los últimos 80 años. Sin lograr mejoras estructurales y permanentes en el sistema económico argentino, en su industria, en la buena y eficiente explotación de sus recursos naturales, en los diferentes niveles del conocimiento y del alcance de una educación de calidad a todos para que cada uno de los vulnerables, especialmente, además de ser asistidos en la urgencia pudiesen acceder a otras oportunidades para hallar su propio desarrollo de manera individual y con igualdad de condiciones de los que mejor están.

El gobierno de Macri no logró, no quiso o no pudo salir de aquella lógica perversa que heredó y que criticó fuertemente. Debió incrementar la asistencia social para evitar el incendio del país porque, al menos hasta ahora, fracasó en trascender y comenzar a dejar atrás aquella situación. Una situación que se alimentó e incrementó desde que el país saliera de la crisis del 2001 con la primarización de la economía, la desigualdad social, la concentración de la riqueza, la corrupción y el autoritarismo. Cuando lo contrario debió haber sido el objetivo: inclusión de verdad, democratización de la Justicia y de la palabra y una economía diversificada, industrial y rentable.

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