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28 de noviembre de 2021
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Mundo

Una ingeniosa forma de los antiguos persas para mantenerse frescos podría volver a usarse

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Se trata de una alternativa sostenible de acondicionar ambientes frente al calentamiento global.

Los badgi, también llamados "captadores de viento" o "atrapavientos" son estructuras sobre los tejados, construidos en gran número en la ciudad de Yazd, en el desierto de Irán, que se erigen como torres rectangulares -aunque también pueden ser circulares, cuadradas, octogonales o tener otras formas ornamentadas- e impulsan el aire a través de la estructura hacia el interior del edificio

Hay quienes dicen que Yazd es la ciudad que tiene la mayor cantidad de atrapavientos del mundo, aunque es posible que se hubieran originado en el antiguo Egipto. 

En Yazd resultaron indispensables, porque convirtieron en habitable esa parte de la cálida y árida meseta iraní. Y aunque casi todas estas estructuras hayan caído en desuso, actualmente atraen a  académicos, arquitectos e ingenieros quienes las están estudiando para ver si su modalidad puede servir en la actualidad para mantener ambientes frescos en un mundo que va calentándose.

Cómo funcionan


Dos fuerzas principales impulsan el aire a través de la estructura y hacia el interior del edificio: el viento entrante y el cambio en la flotabilidad del aire según la temperatura (el aire más cálido se sitúa encima del aire más frío y denso).

El aire accede por las aberturas del captador de viento y se canaliza hacia la vivienda, depositando arena o escombros al pie de la torre. Y fluye por el interior del edificio, a veces a través de depósitos de agua que lo enfrían aún más.

El aire caliente del interior se eleva y sale del edificio a través de la torre, ayudado por la presión dentro del edificio.

El diseño de la casa, la forma de la torre, su dirección, el número de aberturas, su configuración de palas internas fijas, canales y altura están finamente ajustados para optimizar su capacidad de llevar el viento a la viviendas.

Porqué serían muy funcionales hoy


Por su capacidad de enfriar sin generar emisiones, hay investigadores que insisten en que deberíamos reconsiderar su uso.

Hoy se usan sistemas de ventilación mecánicos o aire acondicionado, alternativas que con frecuencia funcionan con combustibles fósiles y utilizan refrigerantes que actúan como potentes gases de efecto invernadero si se liberan a la atmósfera.

Parham Kheirkhah Sangdeh, investigador de la Universidad de Ilam en Irán, los ha estudiado ámpliamente, y explicó que cayeron en desuso por inconvenientes como las plagas que ingresan a los conductos y la acumulación de polvo y escombros del desierto.

La llegada de las tecnologías de refrigeración modernas fue la culpable del deterioro de los métodos tradicionales en Irán, escribió la historiadora de la arquitectura iraní Elizabeth Beazley en 1977.

Otra causa fue la falta de mantenimiento de las enormes estructuras, que con el duro clima de la meseta iraní se fueron desgastando; desde colectores de viento hasta casas de hielo.

Kheirkhah Sangdeh también considera que su desuso se debe en parte a una tendencia a preferir las tecnologías occidentales: "Para que vuelvan a usarse es necesario que haya cambios en las perspectivas culturales. La gente debe mirar al pasado y comprender por qué la conservación de energía es importante".

Diferencia de -16° con su uso

Científicos han registrado una diferencia de temperatura de unos 16ºC entre el exterior y el interior del centro de visitantes, es por ello que están considerando cada vez más posible el uso de los badgi en la actualidad. 

En Palermo, Italia, investigadores han descubierto que por su clima y condiciones de viento predominantes es un lugar propicio para invertir en el desarrollo de captadores de vientos iraníes.

El pasado octubre el atrapavientos tuvo un lugar destacado en la Feria Internacional de Dubái, como parte de una red de edificios cónicos del pabellón austríaco. El estudio de arquitectura austríaco Querkraft se inspiró en la arquitectura árabe a la hora de diseñarlo.

Si bien investigadores como Kheirkhah Sangdeh argumentan que el receptor de viento tiene mucho más que ofrecer para enfriar hogares sin combustibles fósiles, esta ingeniosa tecnología ya ha migrado más allá de lo que podría imaginar.

Versiones cruzadas sobre sus orígenes

Algunas de las primeras tecnologías de captura de viento como los badgi, provienen del Egipto de hace 3.300 años, según los investigadores Chris Soelberg y Julie Rich, de la Universidad Estatal de Weber en Utah, Estados Unidos.

El sistema en aquel entonces lo constituían unos edificios con paredes gruesas, pocas ventanas que daban al sol, aberturas en el lado en el que solía pegar el viento y un respiradero de salida en el otro, conocido como malq af.

Otra línea de investigadores aseguran que el lugar de nacimiento del captador de viento fue el propio Irán. Lo cierto es que se generalizaron en Medio Oriente y el norte de África.

Se pueden encontrar variantes de la tecnología en varios países, como los barjeel de Qatar y Bahrein, el malqaf de Egipto, el mungh de Pakistán, señala Fatemeh Jomehzadeh de la Universidad Tecnológica de Malasia.

Es ampliamente considerado que la civilización persa alteró la estructura para que enfriara mejor, combinándolo por ejemplo con un sistema de riego.

Por su clima cálido, estas estructuras se volvieron populares en Yazd, ciudad que se llenó de altísimas torres ornamentadas.

Fue reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2017, en parte por la proliferación de captadores de viento.

Fuente: BBC

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