Estados Unidos e Israel lanzaron este sábado por la mañana una ofensiva aérea contra Irán que impactó en múltiples ciudades, entre ellas Teherán, Qom, Isfahán, Kermanshah y Karaj, según informaron medios estatales iraníes.

Las explosiones marcaron el inicio de una nueva guerra en Medio Oriente.

Fuentes de seguridad confirmaron que Washington participó activamente en la operación. Un funcionario estadounidense declaró a Reuters que los ataques se desarrollaron tanto por aire como por mar. El Departamento de Guerra estadounidense denominó la ofensiva como “Operación Furia Épica”.

El objetivo declarado fue golpear infraestructura militar estratégica y sectores vinculados al liderazgo iraní. Entre los blancos señalados se mencionó el complejo del líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei, en Teherán. La ofensiva llegó después de semanas de negociaciones fallidas en torno al programa nuclear iraní y tras una fuerte acumulación militar estadounidense en la región.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, justificó la operación con un mensaje directo contra el régimen iraní. “Durante 47 años, el régimen del Ayatolá ha exigido ‘Muerte a Israel’ y ‘Muerte a Estados Unidos’. Ha derramado nuestra sangre, asesinado a muchos estadounidenses y masacrado a su propio pueblo”, afirmó. En el mismo discurso agradeció al presidente estadounidense por su respaldo, al que calificó como una “histórica amistad”.

Desde Washington, el presidente Donald Trump difundió un mensaje grabado de ocho minutos.

“Nuestro objetivo es defender al pueblo estadounidense eliminando las amenazas inminentes del régimen iraní”, sostuvo. Trump había advertido en reiteradas oportunidades que Teherán enfrentaría consecuencias si no accedía a desmantelar su programa nuclear.

La respuesta iraní no tardó en llegar. Irán lanzó misiles hacia Israel en un ataque de represalia y funcionarios del régimen aseguraron que la reacción sería “aplastante”, lo que elevó la tensión regional a niveles críticos.

El intercambio de fuego directo entre Washington, Jerusalén y Teherán abrió un escenario de incertidumbre internacional, con el riesgo concreto de que el conflicto se amplíe más allá de los actores involucrados y arrastre a otros países de la región. La comunidad internacional observó con preocupación una escalada que amenaza con alterar el equilibrio estratégico en Medio Oriente.