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10 de septiembre de 2019
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El milagro portugués

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El país europeo consiguió en un lapso menor de diez años recuperar la economía y transformarse no sólo en un país viable y en camino de la normalidad absoluta, sino, además, en un atractivo para el capital internacional.

“Los portugueses son gente pacífica, discreta, cortés, casi ignoran el uso del imperativo y hablan en condicional, en diminutivo y bajito. Quizás ese sea otro atractivo que ha llevado a ese país a poderosos y celebrities como el Aga Khan, al arquitecto y diseñador Philippe Starck, al futbolista Eric Cantona, a la actriz Mónica Bellucci y a Patti Smith. Es un lugar donde se escucha hablar portugués con acento brasileño, donde Madonna alquila el hotel Palacio Ramalhete para vivir y sale de su casa sin ver un paparazzi en el horizonte. O Mourinho puede comprar en el Corte Inglés sin que nadie lo moleste o lo interrumpa y le pida un autógrafo. O Serrat pueda subirse al tranvía 28 sin que nadie lo descubra o lo importune”. Con estas líneas encabezó su artículo la periodista Maribel Vives, para El periódico, la reconocida publicación catalana, algunos meses atrás, atraída por el interés que ha causado en buena parte del mundo eso que se llama “el milagro portugués”.

Eso del “milagro portugués” ya está entre los argentinos. Lo puso de relieve en las últimas horas el candidato de la oposición con más chances de alcanzar la Presidencia en las elecciones del 27 de octubre, Alberto Fernández, luego de realizar una gira por España y Portugal, países en los que fue recibido por sus primeros ministros, el español Pedro Sánchez y el portugués Antonio Costa. Cuando regresó de su periplo, que el candidato peronista capitalizó en medio de la campaña hacia las presidenciales, habló maravillas de los logros alcanzados por Portugal, particularmente, y deslizó que con Costa hablaron de la realidad argentina, de sus incontables y cíclicas crisis y de las recetas que podrían aplicarse aquí para comenzar su recuperación.

No sólo a Fernández le ha llamado la atención lo que consiguió Portugal en un lapso menor de diez años, cuando recuperó la economía y se transformó no sólo en un país viable y en camino de la normalidad absoluta, sino, además, en un atractivo para el capital internacional, ávido de negocios, y en reducto casi paradisíaco para las empresas de tecnología a nivel global, gracias a las ventajas impositivas que allí existen, como el establecimiento del gigante Google, que asentó allí una planta de logística y de atención para toda Europa. Al mundo le ha llamado la atención cómo Portugal salió de una crisis terminal similar a la de Grecia, luego de caer en un abismo en el 2011, tras la crisis global del 2008.

Es probable que Fernández haya escuchado, quizás extasiado, en esa hora y media que compartió con el primer ministro Costa, que gracias a un fenomenal acuerdo político se pudo alcanzar lo que en todo el mundo se califica como “milagro”. Y todo comenzó cuando el socialismo gobernante consiguió el apoyo de la izquierda comunista más reaccionaria para encarar un plan de reformas y de ajuste ortodoxo y doloroso. Un plan que con el tiempo se mantuvo con envidiable persistencia, aun pese a los logros que se hacían cada vez más evidentes. Se arrancó por el ajuste en los sueldos públicos superiores al 20% y la eliminación del pago de horas extras y de los días festivos para todos los privados. El acuerdo, claro está, también alcanzó a los sindicatos y a los empresarios.

“En los últimos tres años, Portugal ha registrado su mejor desempeño económico y financiero en varias décadas. En este período, el PBI creció 7% –más que la media europea– y está previsto un avance de alrededor de 2% hasta el 2023. En los últimos tres años, la tasa de desocupación cayó 5,6%, con 6,7% en febrero del 2019 –según datos del INE portugués– gracias a un crecimiento de empleo de 7,4% y a un aumento de 0,7% de la población activa, situación que no se producía desde el 2010. Para el mercado de trabajo, la estimación de desempleo es de 6,4%, el más bajo desde agosto del 2002”, le dijo al diario español ABC algunas semanas atrás Luis Castro Henriques, presidente de la Agencia para la Inversión y Comercio Exterior de Portugal (AICEP).

Además de acordar entre todos los sectores políticos, empresarios y sindicales una devaluación de la moneda para incentivar las exportaciones, Portugal avanzó en una reforma impositiva casi sin antecedentes, con fuertes incentivos para las compañías tecnológicas e informáticas, y extendió las ventajas para todos aquellos nativos que emigraron durante los años de la crisis terminal con intención de atraerlos de nuevo a sus tierras. Así fue el caso de muchos millonarios portugueses que se habían afincado en Brasil y retornaron, y otros tantos nacidos en Brasil optaran por establecerse en la patria de sus familiares y antepasados. Luego de años de penurias, el Ejecutivo portugués subió el salario mínimo, las jubilaciones y los salarios de los empleados públicos, todo negociado, de forma gradual y sustentable, siempre garantizando el equilibrio fiscal y presupuestario.

Los milagros económicos, básicamente, no son milagros. Para materializarse han debido contar con una serie de acuerdos políticos grabados a fuego y el compromiso absoluto de ser cumplidos, sin que nadie sacara los pies del plato ni renunciara en el camino o saboteara el pacto. Ejemplos sobran y se suman al de Portugal. Los ha habido en Perú, Chile y Colombia, por caso. El punto a dilucidar es si Argentina cumple con los requisitos que esos “milagros” llevaron sobre sus espaldas y si su idiosincrasia, particularmente, lo permite.

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