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29 de junio de 2011
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LESA HUMANIDAD: EL JUICIO

El médico que hizo la autopsia de Urondo negó la existencia de cianuro

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El profesional señaló que la muerte fue producida por una contusión causada por un golpe con algún objeto.

    El 17 de junio de 1976 era un día tranquilo en el Cuerpo Médico Forense. A las 22.15 sólo estaba el médico de guardia y este ignoraba que cuatro horas antes se había producido una persecución, con tiroteo incluido, que derivó en el homicidio de un escritor y periodista que militaba en Montoneros, en el secuestro de la mujer y la hija de este y en que una mujer lograra escapar de la policía a pesar de tener una herida de bala en la pierna.

    Sin embargo, a esa hora todo cambió, y el cuerpo de Francisco Urondo arribó al lugar para que se le realizara la autopsia. Ayer, el médico encargado de llevar adelante la operación, Roberto Edmundo Bringer, declaró en el juicio por delitos de lesa humanidad y tiró por tierra una de las teorías que más se han difundido sobre la muerte de Urondo: el poeta no murió por ingesta de cianuro, ni tampoco se lo tomó, sino que su muerte se debió a un golpe recibido en la cabeza, que podría ser un cachazo hecho con un arma de la policía.

CONTUNDENTE. La noche del 17 de junio, el oficial ayudante Alfredo Gómez, quien cumplía tareas en el D2, fue el encargado de llevar el cuerpo para la autopsia. El cadáver ingresó como NN y, en la nota que lo acompañaba, el médico de la policía, presionado por sus superiores o no, señalaba que la causa de muerte había sido heridas de bala, sin embargo, recomendaba que se le realizara una autopsia, y el encargado de hacerla fue Bringer.

    Tras abrir el cuerpo, pedir algunas radiografías y revisar cada sector, el informe de Bringer fue contundente: no había heridas de bala, no existían esquirlas ni orificios de entrada o de salida, entonces, la causa de la muerte debía ser otra. En el cuerpo de Francisco Paco Urondo se encontró un traumatismo encefalocraneano con hundimiento de cráneo, escoriaciones en el mentón y la nariz y señales de varios golpes que también produjeron hematomas.

    Según dijo el profesional a los integrantes del Tribunal Oral Federal 1, el golpe más importante fue en la cabeza. "Este provoca el hundimiento de cráneo", explicó Bringer, quien señaló que era de una longitud de tres centímetros. "En este caso puede haber sido con un martillo o con la cacha de un arma", agregó el especialista en medicina penal ante la pregunta de un abogado de la querella. Urondo, según varios testigos fue golpeado en la esquina de Tucumán y Remedios de Escalada, tras una persecución de cerca de 30 cuadras.

    El ex comisario del D2 Pedro Sánchez Camargo afirmó, en una declaración hecha hace años, que uno de los acusados, Celustiano Lucero, fue quien le aplicó el golpe con el arma. Sin embargo, también corría la versión de que, antes del golpe, Urondo habría tomado una pastilla de cianuro, algo que poseían algunos de los miembros de Montoneros que se consideraban más importantes.

    Esto, de hecho, fue confirmado por Renée Ahualli, la única persona de las que viajaban con Urondo que logró escapar esa tarde. Ahualli, en su testimonio, hecho durante la semana pasada, señaló que, antes de frenar el auto, Urondo les dijo que se había tomado la pastilla y que ella así lo comunicó dentro de la organización cuando le pidieron un informe.

    Sin embargo, Bringer señaló que no se encontraron rastros de cianuro ni de ningún otro veneno en el organismo del poeta. "No había antecedentes", señaló Bringer, y agregó que el cuerpo de Urondo recién fue identificado dos semanas después, por la hermana de este. Detrás de Bringer declaró Aída Lerandi de Barrato, quien estaba encargada de la Casa Cuna en 1976 y fue la responsable del cuidado de Ángela Urondo.

    Si bien la mujer no pudo aportar mucho y aseguró no conocer que se hayan adulterado los libros del lugar, explicó que recordaba el caso, debido a que Ángela Urondo fue internada en la Casa Cuna por orden de un juzgado federal y no de la Justicia de Menores, como era normal. 

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