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5 de septiembre de 2019
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El maldito efecto Rolo

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El ex gobernador ha vuelto a la escena y no de la mejor manera. Sus opiniones sobre Portezuelo dejaron mal parado a todo el peronismo, obligando a su candidata a poner paños fríos.

Fueron dos hechos inesperados, dos acontecimientos imprevistos que la dirigencia del peronismo no vio venir, impidiéndole, además, realizar una rápida evaluación de daños para mitigar sus efectos y contrarrestar sus consecuencias.

Lo cierto es que cuando en el peronismo todo comenzaba a marchar sobre rieles tras aquel contundente triunfo nacional de las PASO del 11 de agosto sobre el oficialismo macrista y la victoria ajustada en Mendoza, pero victoria al fin sobre Alfredo Cornejo, el frente opositor no tuvo mucho tiempo para festejar lo que ciertamente consideraba como una vuelta seria y firme a la senda que lo podría conducir hacia ese posible y ansiado regreso al poder institucional en la provincia. La derrota en las municipales de San Martín y las desafortunadas declaraciones del ex gobernador Rodolfo Rolo Gabrielli, poniendo en tela de juicio la construcción ya aprobada y a punto de ser licitada de la presa Portezuelo del Viento en Malargüe, volvieron a sumergir al peronismo provincial en un mar de discusiones internas, además de exponer abiertamente ante el resto de la sociedad ese cúmulo de debilidades y de dudas que todavía acarrea desde que Francisco Pérez dejara el Gobierno en el 2015.

El fin de semana resultó haber sido el peor de los últimos tiempos, en términos políticos, cuando se descartaba que los cuatro intendentes que iban por la recontra reelección (Félix en San Rafael, Aveiro en Tunuyán, Righi en Lavalle y Giménez en San Martín) no sólo saldrían airosos, sino que por sobre tales victorias comenzaría a edificarse el retorno al poder de cara a las elecciones del 29 de setiembre. Pero la derrota de Giménez trastocó los planes, sumada a los dichos del Rolo en Alvear sobre Portezuelo, sugiriendo que, en caso de llegar a la Presidencia, Alberto Fernández podría revisar ese proyecto y remplazarlo por otro más pequeño pero más útil para Alvear.

Lo de San Martín resultó ser una manifestación clara de que no todos los climas, como el de la victoria del peronismo en el país el 11 de agosto, pueden ser trasladados a una realidad particular como la de un municipio. Lo propio puede llegar a suceder con la elección provincial, la que se jugará en un escenario diferenciado, con problemas particulares y con otros actores. El peronismo estaba convencido de que Giménez se impondría en el departamento que terminará de comandar el 10 de diciembre, nada más y nada menos que luego de 16 años. El resultado adverso fue un golpe duro.

Pero, quizás lo más sorprendente, por el error de cálculo que cometió, fueron los dichos de Gabrielli. Anabel Fernández Sagasti, la candidata, fue quien, en definitiva, terminó siendo la encargada de aclarar que, en un eventual gobierno suyo, Portezuelo no sólo no corre peligro, sino que respetará el proyecto acordado y que cuenta con el financiamiento que la Nación ha garantizado.

Fue notable cómo la aspirante a la Gobernación cuidó sus palabras, destinadas a una necesaria y obligada aclaración, para evitar un daño mayor sobre el ex gobernador, un histórico del peronismo local, fiel representante de aquel “equipo de los mendocinos” que gobernara Mendoza en los 90 y que compartió con José Octavio Bordón (1987-1991) y Arturo Lafalla (1995-1999).

El PJ podía haber previsto que Gabrielli, si se exponía públicamente sumándose a la campaña en favor de Anabel, corría serio riesgo de ser blanco fácil de la administración Cornejo. Las razones se cuentan de a montones, pero el radicalismo no tiene los mejores recuerdos de aquellos años en los que aquel peronismo se transformó en una máquina de ganar elecciones y de hacer rebalsar de mística al movimiento. Pero, Gabrielli, en definitiva –y esto es lo que posiblemente Anabel haya tenido en cuenta para ser piadosa–, fue el único de los históricos dirigentes peronistas que volvió a Mendoza, en el 2017, con la intención de recuperar el movimiento cuando se encontraba dominado por la fragmentación, enfermo por las divisiones internas y con un notable desprestigio en buena parte de la sociedad. Gabrielli logró, cuando el PJ no veía ni siquiera un halo de luz al final del túnel, juntarles las cabezas a todos los sectores e, incluso, se ofreció a ser candidato a gobernador cuando nadie lo quería.

Pero el Rolo sería, en definitiva, uno de los objetivos fáciles del oficialismo porque su gobernación dejó una estela de infortunios, como la voluminosa deuda provincial que su sucesor, el también peronista Arturo Lafalla, no pudo soslayar y debió denunciarla, de forma crítica, apenas asumió el control de la Provincia, tarea que dejó en manos de su ministra de Hacienda, Ana María Mosso.

Promediando el año pasado, Gabrielli ya había dado señales de que reaparecería de forma polémica en la política local cuando le reclamó a Cornejo que el Gobierno implementara un programa de compra de uva urgente para evitar la quiebra de miles de pequeños productores; un plan que, según sus cálculos, demandaría unos 1.500 millones de pesos. El gobierno de Cornejo, como se presumía, salió a criticarlo duramente al punto de calificarlo de “apocalíptico”.

Hoy, el ex gobernador ha vuelto a la escena y no de la mejor manera. Sus opiniones sobre Portezuelo dejaron mal parado a todo el peronismo, obligando a su candidata a poner paños fríos y a aclarar que no corre riesgo una obra que, en épocas de vacas muy flacas, se la asume como una suerte de manantial en el desierto. La campaña y la estrategia opositora entran en fase “recalculando”, apostando a un golpe de suerte, y que Alberto Fernández, con su ola triunfalista a nivel nacional, pueda arrastrarla hacia arenas no tan movedizas para sus intereses.

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