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27 de septiembre de 2006
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Análisis

El laborismo después de Tony

Se trató del último gran llamamiento a la unidad y a la lucha por conseguir la cuarta victoria electoral consecutiva del Partido Laborista.

    Se trató del último gran llamamiento a la unidad y a la lucha por conseguir la cuarta victoria electoral consecutiva del Partido Laborista.“Sólo ustedes pueden labrar su suerte”, dijo Tony Blair a su partido.“Los malos resultados que las encuestas otorgan a los laboristas serán, el día de las elecciones, tan valiosos como un viejo parte meteorológico”, consoló a sus correligionarios durante el congreso celebrado en Manchester. Y los instó a no dejarse intimidar por los recién desperezados tories y a cazarlos.

    El aplauso que recibió estuvo lleno de entusiasmo.“Así es como nos gusta”, dijo una vieja delegada. Lo único es que este discurso al partido, el número 13, fue también el último que Blair pronunció como presidente de la formación. En algún momento durante los próximos doce meses, según anunció él mismo el 7 de setiembre, Blair dejará sus cargos. Y ya hace tiempo que la lucha por sucederlo está que arde.

    Los carteles con la inscripción “Tony Blair, el mejor premier de todos los tiempos”, y los videos mostrados en grandes pantallas con los mejores momentos de sus mejores días no pudieron engañar respecto a la grave crisis de liderazgo que sufre el laborismo. Esto lo demuestra ya la agitación que desencadenó un sólo comentario de su mujer antes del discurso de Blair. “Cherie Blair torpedea el mensaje de unidad”, escribió el conservador Daily Telegraph.

    El Guardian, a la izquierda, convirtió en titular de la primera página el supuesto “comentario que destruyó el gran día de Gordon Brown”:“Es una gran mentira”. La frase parece que fue pronunciada cuando el ministro de Finanzas, Brown, de 55 años, el candidato con más posibilidades de suceder a Blair, habló el lunes de que había llegado el momento de la reconciliación, durante su discurso en el congreso laborista.

    Este hombre, sospechoso de haber organizado el levantamiento que llevó a Blair a anunciar su futura renuncia, dijo:“Fue para mi un privilegio haber trabajado con el líder laborista y primer ministro laborista más exitoso de todos los tiempos”. Si Cherie Blair, de 52 años, que en ese momento pasó delante de un monitor de televisión, realmente dijo con desprecio:“¡Es una gran mentira!”, o si no lo hizo, apenas tiene ya importancia.“Sabemos que esa es la opinión de Cherie sobre Brown”, dijo un delegado laborista.

    Ahí estaba otra vez la vieja querella entre “Blairites” y “Brownites”, la rivalidad entre la intelectualidad modernizadora que creó el eslógan “New Labour” y el tradicionalismo, la tradición del movimiento de los trabajadores que ha encarnado Brown en todas las reformas del partido. Blair, de 53 años, supo pronunciar ayer palabras cálidas sobre Brown, quien lleva ya casi diez años viviendo en la segunda mejor casa de Downing Street, la número 11, esperando a mudarse al número 10, la residencia del primer ministro.

    Pero si los “Brownities” esperaban que Blair “nombrase” finalmente a Brown como su sucesor, se habrán sentido decepcionados. En vez de eso, el aún primer ministro se puso del lado de su mujer con un chiste:“Al menos no tengo que preocuparme de que pueda escaparse con el chico de al lado”. El escándalo por el “comentario sobre la mentira” volvió a dejar patente las rivalidades entre los laboristas.

    “Los dos se odian realmente, como locos y profundamente”, había dicho ya antes del congreso William Keegan, autor del libro The Prudence of Mr. Gordon Brown. También por la disputa muchos se preguntan si Brown tendrá oportunidades frente al elegante y elocuente David Cameron, el nuevo presidente del Partido Conservador, de 39 años, en las elecciones para la Cámara de los Comunes, que se celebrarán previsiblemente en el 2009 o en el 2010

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