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2 de mayo de 2008
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CUARTA CÁMARA DEL CRIMEN

El homicida del joven custodio de la playa recibió 17 años de prisión

Flavio Berguecio fue el culpable del hecho ocurrido en Barcala 77 el 27 de mayo del año pasado.Mató y le robó al sereno Matías Olmos

    Flavio David Berguecio (26) permaneció inmóvil durante todo el proceso oral que duró siete días. Estuvo en el banquillo de los acusados de la Cuarta Cámara del Crimen, imputado por tres severos delitos cometidos el mismo día: robo, incendio y, el más pesado, homicidio.

    En el expediente nunca habló y en el juicio se limitó, antes de que el presidente del tribunal le preguntara si deseaba agregar algo, a exclamar: “No, señor”. Así y ante la atenta mirada de los padres de la víctima, el joven imputado por el asesinato de Matías Olmos (22), ocurrido el 27 de mayo del año pasado en la playa de estacionamiento de Barcala 77 de Ciudad, fue sentenciado el miércoles a pasar 17 años de prisión, tras ser hallado culpable de robo seguido de muerte. Se salvó de la otra calificación que se le endilgaba, incendio, ya que no se pudo comprobar que iniciara el siniestro que terminó con 16 autos carbonizados.

    Las pruebas que había en contra del sindicado eran contundentes: el día citado fue hasta la playa con la intención de cometer un asalto y le pagó con el celular de Olmos al remisero que lo había llevado hasta allí; el Clio azul que desapareció del lugar –como así también una Honda Dax– fue encontrado casi en la puerta de la casa de su padre; y el ADN confirmó que la sangre que había en la palanca de cambio, los asientos y la puerta del conductor, eran de él.

    En los alegatos, el fiscal de Cámara Fernando Guzzo había solicitado 24 años de prisión para Berguecio: no coincidió con la calificación de homicidio criminis causa con que había sido elevado a juicio el caso por el fiscal especial Luis Corra Llano; pidió condena por robo seguido de muerte; y no logró comprobar que hubiera iniciado el incendio que destruyó la casilla del guardia y varios autos.

    Para la querella, la condena debía ser reclusión perpetua y la defensa hizo hincapié en que no estaba demostrado que Berguecio había sido el autor del crimen y el incendio, solicitando, por esto, la absolución de su cliente. Eso porque la necropsia no había podido determinar con exactitud la causa de muerte, ya que el cadáver estaba totalmente quemado. Lo que sí, el informe del Cuerpo Médico Forense estableció que Olmos no murió por la inhalación de monóxido de carbono, es decir, que estaba sin vida cuando las llamas se apoderaron de la casilla donde fue encontrado.

    Después de los argumentos de las partes, el tribunal integrado por Jorge Coussirat –presidente–, Carlos Díaz y Horacio Báez, dio a conocer la sentencia, la que conformó a medias a la familia de la víctima, quienes no pararon de mirar con lágrimas en los ojos al inerte Berguecio.

TERRIBLE. El imputado siempre estuvo contra las cuerdas. Había trabajado en la playa y conocía toda la zona a la perfección. El expediente señala que fue él quien ingresó al lugar con la intención de robar. Llegó en remis, tras juntarse con unos amigos, y le dijo al chofer que lo esperara. Después de cinco minutos, Berguecio pagó el viaje con un celular y dos pesos. El teléfono era de Olmos. Una vez adentro, el agresor inició una riña con la víctima y le habría propinado un puntazo con una navaja, aunque esto no se confirmó.

    El arma blanca fue hallada y periciada, pero,debido a que tuvo contacto con el fuego, si había restos hemáticos en la hoja, se quemaron. Tras el homicidio, la garrafa que estaba en la casilla del custodio, conectada a un calentador, explotó y las llamas se apoderaron del lugar. Berguecio alcanzó a sustraer un Clio azul y subió en el baúl una pequeña moto.Huyó de calle Barcala y el rodado se cayó en Roca y San Martín, en Las Heras.Un taxista observó la situación. Al otro día, el delincuente, quien tenía una herida en un pulgar, se hizo atender en el Centro de Salud Nº17. Ese mismo día, su foto apareció en los diarios –tenía antecedentes–, y una semana después, cayó apresado.

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