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25 de abril de 2007
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ENRIQUE JUAN REGGI

El Gringo, ídolo de la vida

Debe ser uno de los arqueros que más Nacionales ha jugado. Llegó a San Martín hace 42 años y realizó una impecable carrera como profesional. Su vida, sus dolores y alegrías

    Es ídolo de la vida, no sólo del arco. Se la bancó de chiquito laburando y se hacía el bocho, como dice, volando como Amadeo Carrizo o Fernando Bello después de hacer rebotar la pelota de tiento contra la pared. Fue un arquerazo y crio a dos hijos que siguieron sus pasos. Enrique Juan Reggi es el elegido para hablar de la vida, esa que lo ha golpeado pero que le permite transmitir algunas enseñanzas.

¿De pequeño tuviste que trabajar?
    Sí, porque soy hijo único y mi padre falleció cuando yo tenía cinco años. Tengo pocos recuerdos de mi papá. Mi madre quedó pensionada y yo a los nueve ya trabajaba en una panadería. Me levantaba a las tres, trabajaba hasta las siete y media y de ahí me iba a la escuela. A veces me quedaba dormido en el grado. Así hice toda la primaria, me defendí solo desde chiquito.

Ya pasaron diez años del fallecimiento de tu hijo Fabián. ¿Se supera algo así?
     Cualquier ser humano está preparado para que se vayan yendo los mayores. Es la ley de la vida. Pero no al revés. Pasaron diez años ya y te resignás, sigo porque tengo a mi esposa, a mi hijo Gustavo y a mis nietos. Pero es algo que llevás adentro y que no se va a ir nunca. Al que no le pasó no sabe lo que es y quizás no lo pueda entender. Son sentimientos muy difíciles de explicar. Es un peso adentro y me lo llevaré por siempre. Puedo decir que no tiene cicatrización la muerte de un hijo. Podés pasarla pero no es una herida que cicatriza.

¿Te has fortalecido durante este tiempo?
    No lo sé. Creo que el que más se ha fortificado fue Gustavo, porque él lo vivió solo cuando pasó esto. Eran muy amigos ellos dos y me parece que Gustavo fue el que más se endureció con esta desgracia. Pero, lógicamente, con el pensamiento es igual para todos.

¿Cómo ves al país?
    A mí la política nunca me interesó. Simplemente leo de eso para cultivarme. Yo que ya he vivido, creo que esta última parte que atravesamos no me disgusta. ¿Sabés por qué? Por una razón muy clarita. Hace diez años vos caminabas por el centro y por ahí encontrabas diez locales vacíos por la calle. Hoy ya no es así. Ha subido la industria, el agro y la construcción, sobre todo. Desde que comenzó la democracia, en 1983, lo mejor lo hemos vivido en los últimos cuatro o cinco años.

¿Qué virtudes y qué defectos ves en los argentinos?
    Nuestras virtudes es que somos familieros, sentimentales, hacemos amigos ahí nomás y somos solidarios. Se van a vivir afuera y ya están extrañando horrores a sus amigos, el barrio, la pelota, los padres. Es un pueblo muy sensible. Y el defecto te lo voy a definir así: en el extranjero dicen que el mejor negocio del mundo es comprar a un argentino por lo que vale y después venderlo por lo que cree que vale. Tenemos ese orgullo, que somos cancheros, que las sabemos todas, y no es así.

¿A quién agradecés por lo que sos?
    Mirá, le agradezco a Dios. Porque creo que me manejé siempre bien, sin herir a nadie. Hice la vida normal de cualquier tipo, con momentos muy lindos y complicados. Siempre cuidé ser un hombre de bien y creo que lo logré. Como único hijo y de madre viuda, puedo decir que mi mejor facultad fue la calle. Porque allí aprendí todo y tuve a un Dios especial, por eso le agradezco todo lo que soy y la familia que tengo. Simplemente eso.

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