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12 de junio de 2007
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El gran debate educativo

Luc Ferry, filósofo y ex ministro de Educación y Juventud de Francia, detalló en su reciente visita a Argentina que entre las principales preocupaciones de estudiantes secundarios franceses se sitúa el aburrimiento y la sensación de que se les enseñan cosas inútiles.

    Luc Ferry, filósofo y ex ministro de Educación y Juventud de Francia, detalló en su reciente visita a Argentina que entre las principales preocupaciones de estudiantes secundarios franceses se sitúa el aburrimiento y la sensación de que se les enseñan cosas inútiles. Estos desvelos de la enseñanza en Francia ocurren cuando cuentan con un presupuesto total para la educación de 1.500 billones de dólares. Este dato hace que el panorama sea poco estimulante en Argentina, al momento de considerar que la solución pasaría sólo por el financiamiento educativo.

    Al aburrimiento de los jóvenes en la escuela se suman las principales preocupaciones del Ministerio de Educación de su país, el dinero y los medios de comunicación, en una suerte de meditación de las gestiones, que se miden más por el impacto en la prensa que en las aulas. Casi como ocurriría en Argentina. Ferry, quien observa los fenómenos educativos también desde su lugar de filósofo, apuntó a un debate que tiene lugar actualmente en Europa acerca de la enseñanza y que gira en torno a la adopción de métodos modernos o la vuelta a los viejos.

    En opinión de Ferry, la disputa entre volver atrás o aplicar métodos modernos, usar o no uniforme, pizarrón, formar filas o no es falsa, ya que, aseveró, “los verdaderos problemas son distintos”. Para el ex titular de la cartera educativa de Francia hay que diferenciar entre educación y enseñanza y prestar atención a tres cosas: el amor cristiano, el judaísmo (como las primeras enseñanzas bíblicas) y la ley. “El amor se come la ley”, señaló Ferry, que, para quienes necesiten la traducción de la frase, sería la idea de que “por amor a los jóvenes la escuela debe reinventar la ley, que es la autoridad sin volver a las viejas formas de autoritarismo”.

    Como ejemplo a superar citó la revolución de los 60 en Francia,“que idealizó a la juventud y desvalorizó el mundo de los adultos”, dejando como mala enseñanza para los jóvenes que “está mal crecer”, en una suerte de síndrome de Peter Pan. En ese sentido, y siempre sobre el mundo y las tribulaciones que les toca vivir a los jóvenes, graficó que “un chico, a los diez años, no es un gran músico, un gran empresario, un gran profesional, es adorable, es un amor a esa edad”. Y sostuvo que “el mundo de los adultos, cuando es más fructífero, se vuelve más interesante, más intenso y más grandioso que el mundo infantil”.

    Trasladadas estas erróneas concepciones que rigieron muchos años en algunas sociedades del primer mundo, Ferry explicó que el maestro “se convierte hoy en un animador cultural, que no es su rol”, y subrayó: “Todos recordamos en nuestra vida de estudiantes a esos profesores que nos hicieron trabajar y que eran dueños de un carisma gigantesco”.

    Ferry es filósofo y punto de referencia de la cultura y el pensamiento francés, donde fue ministro de Juventud, Educación e Investigación, entre el 2002 y el 2004. Su extensa obra fue traducida a más de veinticinco idiomas e incluye importantes libros como El nuevo orden ecológico, El hombre-dios: el sentido de la vida, La sabiduría de los modernos, con André Comte-Sponville, ¿Qué es una vida realizada? y ¿Qué es el hombre?.

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