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5 de enero de 2007
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el gran bonete

Disfrutamos de las fiestas de fin de año.Terminaron y, tratando de no pecar de aguafiestas, vemos que en una especie de mezcla macabra han sucedido hechos que no hablan muy bien de la paz tan pregonada. ¿Quién será el dueño de la verdad? ¿Tal vez el gran bonete? Puede ser alguien con capelo rojo, otro con casco de guerra, uno con capucha de verdugo, el de luminosa aureola santa, uno con preciosa corona de oro, los de birretes con borlas

  Disfrutamos de las fiestas de fin de año.Terminaron y, tratando de no pecar de aguafiestas, vemos que en una especie de mezcla macabra han sucedido hechos que no hablan muy bien de la paz tan pregonada. ¿Quién será el dueño de la verdad? ¿Tal vez el gran bonete? Puede ser alguien con capelo rojo, otro con casco de guerra, uno con capucha de verdugo, el de luminosa aureola santa, uno con preciosa corona de oro, los de birretes con borlas.

   En fin, son muchos los que predican la inalcanzable meta de la tan manoseada paz. Personalmente, me conformaría con alguien con su testa descubierta, al igual que su cerebro e intenciones. Parece mucho pedir. Sin embargo, no es imposible. Comencemos en forma individual, superando la idea de que no será obra de un enviado sobrenatural, que sí puede colaborar, pero, en definitiva, los actores de nuestra propia vida somos, sencillamente, nosotros.

   De esta manera, sin pecar de iluso o delirante, confío en que la meta de todo individuo sano de espíritu será el bienestar propio, ligado al de los demás, en forma sencilla, pero real. Me voy bajando de este improvisado púlpito antes de que me abucheen, me secuestren o tal vez, simplemente, me escuchen. En notas anteriores he hecho mención a que oír no es escuchar.

   El conjunto de las dos acciones lo hace efectivo el razonar. De lo que uno piensa debe hacerse cargo personalmente y, además, no creernos dueños de verdades absolutas. Afortunadamente, la vida nunca nos termina de enseñar. No comulgo con aquello de que tenemos el destino escrito, eso es fanatismo fundamentalista. Tratemos de abrir nuestro entendimiento a nuevas opciones y, por qué no, disfrutaremos de una especie de elasticidad mental. Por las dudas, consultaré con un colega por aquello de que la edad nos vuelve algo rígidos e intolerantes. ¡Gracias a los jóvenes, quienes también ayudan con su frescura natural, antes que se vayan condicionando a los falsos profetas!

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