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9 de octubre de 2009
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SEXTA CÁMARA DEL CRIMEN

El ex fiscal Iturbide, otra vez en la mira por un homicidio que quedó impune

José Toro Castro fue acusado de matar a su ex pareja de 31 puñaladas. El fiscal de Cámara cuestionó la instrucción.

Una vez más, un homicidio queda impune. Y una vez más, el ex fiscal y actual juez de Flagrancia, Alejandro Iturbide, quedó en el ojo de la tormenta. Seguramente, nunca se sabrá quién le asestó 31 puñaladas a Gladys Francisca Abán (31) el 28 de setiembre del año pasado, quitándole la vida en cuestión de segundos. Pero lo que sí está claro es que su ex pareja, José Toro Roberto Castro, quien llegó al banquillo de la Sexta Cámara del Crimen, nunca más será juzgado por este hecho, debido a que ayer fue absuelto por falta de acusación fiscal. Ni siquiera la querella pidió una pena para Castro y el fiscal de Cámara, Felipe Seisdedos, señaló a Iturbide como el principal responsable de que este crimen, perpetrado en una finca de Colonia Segovia, no tenga culpables ni un sospechosos de haberlo cometido.


    Calificó a las pruebas de este magistrado como “totalmente insuficientes, paupérrimas diría yo”, como señaló en sus alegatos. Iturbide fue cuestionado hace pocos días por su débil investigación en la violación seguida de muerte de Micaela Reina –el principal sospecho- so de matarla, Apolo Jacob Díaz, zafó del juicio, al declararse nulo el cotejo de ADN– y por un expediente por abuso sexual (ver aparte). “Voy a ir directamente al grano”, comenzó diciendo Seisdedos en sus argumentos: “Como no me gustan los suspensos, aseguro que la prueba no alcanza, es hartamente insuficiente para tenerlo (a Castro), como autor penalmente responsable de semejante hecho”.


     Tampoco se ahorró palabras hacia el fiscal que elevó a juicio la causa, indicando que “el razonamiento del fiscal de Instrucción es raro y vemos como elementos de cargo cosas que pueden serlo y otras que no”. Luego, Seisdedos agregó ante el Tribunal: “La prueba para traerlo a juicio se desmorona rotundamente. Normalmente, las pruebas nos llevan a un autor. Pero acá no ha sido así, acá se ha tenido a un autor y luego se buscaron las pruebas. No hay prácticamente nada que sindique a Castro como autor”.


 LO CUESTIONADO. En sus alegatos, Seisdedos fue contundente. Se refirió a cada uno de los indicios aportados al proceso y consideró que ninguno de ellos merece condena contra quien estaba acusado de homicidio agravado con alevosía. El fiscal explicó que “el primer indicio indica que era un hombre golpeador y este hecho no está probado. Lo que está probado es que Abán decía que Castro le pegaba y, de ser golpeador a ser homicida, hay un trecho muy grande. Me convenzo de esto por el examen psíquico del imputado”. La pericia, tal como agregó Seisdedos, aseguró que no era capaz de comete un acto semejante. Otro de los indicios fueron los dos cuchillos secuestrados en la vivienda del imputado horas después del ataque mortal.


     El magistrado resaltó que "no se sabe cuál fué el arma homicida" ni mucho menos si son esos que se secuestraron en la casa de Castro. ¿Nunca a nadie se le ocurrió pensar que si hubo dos cuchillos hubo dos homicidas?”, se preguntó. Por último, cuestionó el otro indicio que para Iturbide comprometía a el Toro, que fue la remera del imputado, hallada en la escena del crimen. La prenda blanca tenía el ADN de Castro, pero quedó acreditado que el hombre visitaba seguido a la víctima y que, hacía pocos meses, habían dejado de convivir, por lo que puede deducirse que el sospechoso tenía ropa en la finca donde trabajaba su ex pareja. Asimismo, le quitó importancia a la declaración de un testigo, quien sostuvo durante el juicio oral que lo vio a Castro ingresar a la casa de Abán, aunque a una distancia de 500 metros, algo difícil de creer por la lejanía.


    Al finalizar con las argumenta ciones del representante del Ministerio Público, la representante de la querella, Florencia Díaz Peralta, sorpresivamente tampoco acusó: “Esta querella no ha podido demostrar durante la instrucción, ni mucho menos ahora, la autoría de Castro, por lo que no vamos a formular acusación”. Esas fueron las únicas palabras de la letrada, quien le cedió el turno a la defensora Oficial, María Belén Salido. La penalista también fue muy escueta al sentenciar que “a quienes venimos luchando desde un principio por la falta de pruebas contra mi defendido, nos produce una gran satisfacción. Me siento reconfortada con la Justicia”.


     Veinte minutos después, el tribunal presidido por Alejandro Gullé e integrado por Liliana de Paolis y Alejandro Brizuela salió al estrado para dar un veredicto, que ya estaba cantado desde los alegatos. Muchos son los interrogantes que quedarán en el distrito de Guaymallén y sobre todo a la familia de la víctima, pero lo cierto es que nadie sabe y difícilmente se sepa, quién le asestó 31 cuchilladas a la víctima y la dejó tirada y envuelta en un charco de sangre en su pequeña vivienda de la finca, donde trabajaba desde hacía tres meses.

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