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13 de noviembre de 2012
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novela militar

El escándalo del caso Petraeus sacude el mundo político de los EE.UU.

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Obligado, el presidente Obama debió prestar atención a su política de defensa.

Barack Obama seguramente no se imaginó una primera semana como esta tras su reelección como presidente de Estados Unidos. En lugar de poder descansar tras su gran victoria, los pasos en falso de sus altos líderes en la lucha antiterrorista le han generado grandes preocupaciones.

Pero no sólo el presidente, sino toda la capital estadounidense seguía nerviosa las nuevas revelaciones. ¿Qué saldrá finalmente a la luz?

Primero fue la sorpresiva renuncia del jefe de la CIA David Petraeus por la revelación de una relación extramatrimonial con su biógrafa. Luego el general John Allen quedó en la mira de los investigadores, así como de los diarios sensacionalistas. El comandante de las tropas de la ISAF en Afganistán le habría mandado mails "inadecuados" a una mujer casada en Florida.

El escándalo en torno a Petraeus ya había dejado boquiabiertos a los poderosos en Washington. Pero la ampliación al general de cuatro estrellas Allen de las investigaciones del FBI, los dramas por celos y los mails inoportunos hacen tambalear la imagen del aparato de defensa de Estados Unidos. Incluso la OTAN se ve afectada: Allen iba a convertirse en su comandante supremo en Europa.

El corresponsal de la cadena televisiva NBC en la Casa Blanca, Chuck Todd, dijo que era una "telenovela increíble". Este martes se hablaba de entre 20.000 y 30.000 mensajes con "contenido potencialmente inadecuado" que Allen le habría enviado a Jill Kelley, la amiga de la familia Petraeus que destapó el "affaire" del ex jefe de la CIA.

Los detalles eran mantenidos en secreto por el FBI y el Pentágono, que entre tanto asumió la investigación. Pero la fantasía no tiene límite.

Llevará un tiempo hasta que se aclaren todas las puntas de esta picante historia. Si los medios locales tienen razón, Kelley es la mujer en el centro del escándalo. La amiga de la familia Petraeus recurrió al FBI porque se sintió acosada por los mails de Paula Broadwell, la presunta amante del ex jefe de la CIA. Aparentemente la biógrafa del militar estaba celosa de Kelley.

La policía no sólo encontró indicios del "affaire" de Petraeus con su biógrafa, sino gran cantidad de mails de Allen para Kelley.

El general rechaza todas las acusaciones y ha levantado una barricada detrás de importantes abogados. El secretario de Defensa Leon Panetta no quiere sacar conclusiones apresuradas. Mientras tanto él y Obama congelaron el nombramiento de Allen como alto comandante de la OTAN por parte del Senado estaounidense. La experiencia de los últimos días muestra que nadie sabe que es lo próximo que puede pasar.

Obama, el comandante en jefe del Ejército estadounidense, debe preguntarse si realmente puede confiar en sus generales de cuatro estrellas actuales y retirados, como Petraeus y Allen. El antecesor de este al frente de las tropas en Afgnistán, Stanley McChrystal, cayó en desgracia después de hacer declaraciones sobre el presidente y otros miembros del gobierno. Y antes fue David McKiernan al que el Pentágono retiró con rudeza de su cargo.

Tras las elecciones, el presidente quería concentrarse en primer lugar en una solución al problema presupuestario del país. Pero ahora deberá limitar los daños a su política de defensa. Los expertos no descartan que el escándalo continúe ampliando su alcance. 

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