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30 de agosto de 2006
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El Eber de la gente

El ex jugador esta vez no fue con los botines de punta y aceptó contar aspectos de su vida que nada tienen que ver con el fútbol. Un ídolo: Eber Carlos Ludueña.

    “Eber Carlos Ludueña: la imagen del éxito”, decía, serio, mientras posaba en plena avenida San Martín para la foto de algún fanático. Se lo conoce como La motosierra humana, El terror de los delanteros. Emblema del antihéroe, del rústico. Un tipo duro, áspero, que no duda en azotar cualquier tibia que le pase cerca. Sin embargo, nadie lo duda, es el Eber de la gente.

¿Qué hacés en tus ratos libres?

    Me gusta coleccionar marquillas de cigarrillos.Me gusta hablarle a las plantas, voy a lo de un pariente que tiene tres hectáreas de soja así que eso me entretiene y paso semanas hablándoles para que crezcan más. También reviso revistas. Leo bibliografías vinculadas al mundo del espectáculo, tanto sea Radiolandia, Siete días, y en política me gusta mucho la revista Somos.

¿Sos de vincularte con la política?

    Yo soy camporista de toda la vida, el gobierno de Cámpora me dio un espaldarazo. Yo viví una bonanza económica donde pude rectificar mi auto, un Dacia Break que estaba muy cagado de motor, y también pude comprar un termotanque nuevo, con cataforesis incluida. En menos de dos meses del gobierno de Cámpora, a mí me cambió la vida. Entonces, yo soy camporista.

¿Y cómo comenzaste en la política?

    Comencé a militar pegando afiches para el camporismo, había que ir a lugares nocturnos muy jodidos en el Gran Buenos Aires, enfrentando a gente del radicalismo, allí había punteros radicales y como eran punteros yo dije:‘Déjenmelos a mí, que yo los liquido enseguida’, y así fue. Luego estuve con gente armada, gente pesada de células dormidas del delarruismo que actuaban de noche.

Y con la religión, ¿cómo te llevás?

    Yo soy creyente, los árbitros me decían que yo era protestante porque protestaba mucho los fallos, pero soy católico apostólico romano, normal, estándar.

¿Cómo conociste a tu primera novia?

    Mi primera novia la conocí en el oculista. Sufría astigmatismo y ahí nos vimos. Empezamos a salir, la llevé al Ital Park. Tuve un pequeño problema porque había ido a una parrilla, tenedor libre, y abusé de la tira de asado con fritas a la provenzal, doble budín con dulce y subí a esa montaña rusa muy pipón. Tanto subir y bajar, los movimientos peristálticos y antiperistáticos complicaron el tema, lo que todos se imaginan...

¿Eber tiene otra cara que nadie conoce?

    La otra cara de Eber tiene ternura, más allá de esa imagen dura, golpeadora, de lateral rudo. Duermo con un pijama de Telerín y uso una talquera de Petete. ¿Nos podés hablar de tu familia? Tengo proyecto de familia, mi hijo va creciendo, sigue pupilo en Pergamino, me veo con su madre, pese a que estamos separados, y estoy queriendo reconstruir una nueva vida. Volver a tener un bebé sería una cosa rara, pero por qué no. El otro día, Olga me dijo que tenía un atraso... en el pago de la tarjeta, así que nos van a liquidar con los intereses.

¿Te gusta Mendoza?

    La otra cara Mendoza me gusta mucho: el clima, las mendocinas, la pulcritud, es una ciudad ordenada, limpia. Salvo el problemas de las acequias, que rompí un carter, saqué el tapón de aceite en una acequia que estaba mal señalizada. Yo venía medio pasado con licor de huevo de un casamiento y le apunté entre dos árboles y el auto pasó, pero la acequia no la vi y pegó abajo y saltó el tapón de aceite. Me di cuenta en el kilómetro 316, cuando la temperatura del vehículo estaba caliente, hasta la llave del auto estaba caliente. Le pegué una recalentada que doblé el block. Quizá cuando me retire del periodismo deportivo, que estoy estudiando con una señora que enseña particular, me venga a vivir a Cuyo.

Con tantos conocimientos sobre quebraduras, ¿nunca se te dio por la medicina?

    Cuando era chico, Maradona dijo que su sueño era jugar un Mundial. Mi sueño era ser capo en la guardia de traumatología. Tengo que ponerme a estudiar, lo que pasa que es muy larga la carrera. Yo le entré al hueso por otro lado, entré a traumatología como proveedor.

¿Qué has hecho con la plata que ganaste?
 
   Yo ya invertí siendo jugador, tuve un parripollo, un videoclub, un pádel, un tobogán gigante. Ninguno prosperó. Mi última inversión ha sido comprar papel de calcar, tengo un container de papel de calcar que me dijeron que iba a venir muy bien y no se está usando, no tiene salida y lo tengo guardado sin saber qué hacer. Tu máxima alegría y tu máxima tristeza. La mayor alegría fue cuando el mecánico me dijo que no había que rectificar el cigüeñal, que era la junta de tapas del cilindro que se arreglaba rápido. Y una tristeza, cuando mi hijo me dijo que no veía mi programa porque no tenía cable. Lloré.

Después de tu retiro, ¿te pesa tanta fama?

    No reniego de la fama, se me ha complicado, tuve que polarizar el vehículo. Para ir a la esquina a comprar espirales o crema de enjuague tardo casi 40 minutos, pero polarizando el auto se solucionó el problema, lo que pasa es que el que me polarizó, me polarizó el vidrio de adelante también, entonces no veo nada, soy un bólido asesino de noche, un infierno, soy una especie de tanqueta de guerra suelta por el Gran Buenos Aires, un peligro. Por último, ¿un lugar para vivir? Bélice. ¿Por qué? No sé.

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