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26 de julio de 2006
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JUAN MANUEL HERBELLA

El doctor de la Bodega

El defensor de Godoy Cruz se recibió de médico en la UBA y, además, es futbolista profesional. La vida de un jugador apasionado por la lectura y los países donde vivió

       Cierto fuego interior, al parecer, dejan en la palma de la mano los intensos deseos que a veces se ven difusos y lejanos.“¿Cómo vas a ser médico si sos jugador de fútbol? Elegí una, pibe, porque las dos no se puede”, le advirtieron alguna vez. Y Juan Manuel sí pudo. Rompió esquemas y no se quedó en la cómoda. El defensor de Godoy Cruz aceptó el desafío de no hablar de lo que es casi la mitad de su vida.


      ¿Cómo hiciste para recibirte de médico siendo futbolista profesional? Obviamente, tenés un esfuerzo doble y menos tiempo para otras actividades. Para tu familia, para tus amigos, para salir. Pero si realmente te gusta, se puede hacer. Lo importante es pensar que uno tiene que esforzarse para conseguir una calidad de vida mejor. En mi caso, mis padres son profesionales, entonces la obligación era mayor.



      ¿En qué rama de la medicina te gustaría incursionar? La idea es mantenerme ligado al deporte y al fútbol. Estuve haciendo Deportología, hice el primer año de posgrado y después me fui a jugar a Brasil. Lo tengo por terminar. Sé que te gusta leer. ¿Qué has leído últimamente? Sí, soy un asiduo lector y me gusta mucho. Ahora estoy leyendo un libro que se llama Breve historia de la literatura argentina, de Martín Prieto, un profesor rosarino. Pero leo de todo: literatura, biografías, historia.Trato de leer en otros idiomas, porque hablo portugués e inglés. Intento leer en esos idiomas para no olvidarme. Leo lo que me cae en la mano. Lo último que estuve leyendo es Un mundo feliz, de Aldous Huxley, y El lobo estepario, de Herman Hesse.


       También he leído últimamente a un autor del Sur de Brasil, Moacyr Scliar, que tiene una obra impresionante, y también los libros de José Saramago.Voy mezclando de todo. No perdés tiempo... Es un vicio. A mí me gusta leer y aprender cosas nuevas y quizás compenetrarme más en el lugar donde estoy viviendo. Otros tocan la guitarra y yo soy un queso, otros salen a bailar y yo soy un queso. Cada uno tiene sus gustos. ¿Cómo ves nuestra situación política? Creo que nuestro país está como está porque lo gobiernan argentinos. Creo que si el noventa por ciento de la gente tuviera la chance de gobernar, haría lo mismo que hacen los políticos. Esa es nuestra idiosincrasia.


        La de la ventaja, la de trabajar para ver si me puedo salvar nada más que yo. Eso le critico a la Argentina. Pero, después, tiene un montón de cosas positivas de las que te das cuenta cuando vivís en otros países. ¿Cuáles serían? Salvo por el tema de inseguridad y violencia que tenemos, en Argentina se vive bien. La forma de vivir, de tomarse las cosas. En Europa lo sentís todo mucho más individualista, más apático, hay menos calidez en la gente, en la atención. El argentino es muy abierto, muy receptivo, también producto de su historia con inmigrantes. No percibís discriminación o racismo. Los extranjeros son recibidos bien, y eso es una gran virtud. ¿Y cómo se podrían mejorar nuestros defectos? Con educación. Creo que, ha medida que pasan los años, tenemos un déficit con este tema. No sólo me refiero a la educación académica, sino a la educación paternal, moral, la de valores. Se ha ido perdiendo mucho eso. El respeto lo ves en las personas mayores. Si no tenemos eso, es difícil mejorar. Yo noto que cada vez es más marcada la poca voluntad de trabajar en algunas personas. ¿Haberte recibido de médico ha sido uno de tus mayores logros en la vida? Más que el haberme recibido creo que el logro fue poder demostrar que sí se podía. Hubo gente que, en su momento, dudó de que yo pudiera jugar al fútbol y estudiar.


      ¿Personas cercanas a vos? Relacionadas al fútbol y a la medicina. He tenido cuatros en la carrera porque un profesor loco me dijo que la medicina es dedicación full time, simplemente, porque le pedí que me tomara primero. Y he tenido problemas en el fútbol y me tuve que ir de un club porque un entrenador me dijo que yo había llegado a un nivel en el que tenía que elegir si jugaba al fútbol o estudiaba. Mi alegría fue demostrar que sí es posible hacerlo.


      ¿A quién te gustaría agradecer por lo que sos? A mi familia, sin dudas, y a mi señora. Cada uno con sus características me ayudó a lograr lo que logré. Mi papá en el aspecto deportivo y mi mamá con los estudios. Y mi esposa porque se banca acompañarme a cada lugar donde me toca jugar.

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