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21 de septiembre de 2009
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BOCA JUNIORS - GODOY CRUZ

El día del Bombonerazo tombino

El Expreso mendocino hizo historia y por primera vez logró vencer al Xeneize en el mítico estadio azuloro

    Alguna vez y para siempre, el legendario Obdulio Varela, en el partido más recordado de la historia, dijo una verdad sagrada. Brasil jugaba la final del Mundial del 50 en el estadio Maracaná frente a Uruguay. Los brasucas, firmes candidatos a ganar el campeonato, marcaron el primer gol del partido y el estadio, con más de cien mil personas, latía y gritaba a la espera de la gloria. Cuentan que Obdulio, capitán de Uruguay, tomó la pelota de adentro de su arco y caminó muy lento hasta la mitad de la cancha. Cuentan que a medida que Obdulio caminaba, el estadio iba enfriándose, el silencio iba copando cada rincón.

    El capitán de la Celeste enfrió como nunca había pasado un partido que se parecía al fuego. En el medio de la cancha juntó a sus compañeros y les dijo esa verdad tan sabia como sagrada: “Muchachos, los de afuera son de palo”, gritó entre los suyos. Y así Uruguay empezó a darle forma a una de las gestas más épicas que regaló el fútbol en toda la historia: el Maracanazo. La Celeste le ganó de visitante a Brasil 2 a 1, sumó su segundo título mundial y silenció a más de cien mil brasileños.

    Anoche, en ese templo del fútbol que todos conocen como La Bombonera, el espíritu y la garra del eterno Obdulio Varela jugó para Godoy Cruz. El Tomba no tembló, latió. El Bodeguero se bancó a casi cuarenta mil bosteros que no saben –ni les interesa– lo que es hacer silencio, se bancó un arbitraje impresentable, un gol en contra que no era válido, se sobrepuso a que le dieran vuelta el partido y lo tuvieran para la cachetada.

    Esos muchachos que juega para el Tomba entendieron que los de afuera son de palo y que las utopías –para que la vida sea esperanzadoramente hermosa– existen. El Expreso se hizo enorme, empató el partido en el complemento, buscó el triunfo hasta el final y llegó esa contra que es un sueño y que la empezó Torres, la siguió Jara y la culminó Chávez, para un triunfo histórico, épico, heroico y ponga todos los adjetivos que quiera.

    El Xeneize asfixió al Tomba en los primeros cinco minutos. Riquelme agarraba los hilos del equipo y manejaba la pelota y buscaba variantes por los laterales o por el centro. Pero el equipo mendocino se paró bien, pasó el sofocón inicial y recibió un hermoso regalo del cielo. Vega fue a presionar a Cáceres y el paraguayo jugó para Abbondanzieri, pero el pase quedó cortísimo. Jara, atento, enchufado, picó y le ganó la pelota al Pato, lo dejó en el camino y la empujó al arco como si fuese un picado del barrio cuando ya nadie corre. Increíble.

    Nunca en La Bombonera fue tan simple hacer un gol. Jara casi no lo festejó porque no lo podía creer. De ahí en más, Boca, obligado, fue para adelante y trató de generarle peligro al Tomba. Morel e Ibarra no sorprendían, Palermo era bien tomado por los centrales tombinos, Noir poco desnivelaba y Riquelme parece un mago que toca con la varita la galera pero no saca conejos. Así, el Tomba mantenía el cero en su arco pero estaba parado demasiado atrás. Cuando tenía la pelota trataba de ser ordenado y prolijo. Lo conseguía, cuidaba la redonda a partir de Salomón y Olmedo, pero en los últimos metros de la cancha no sorprendían a nadie.

    Probó Noir entrando por la derecha, de volea, pero la pelota se fue afuera. Después, Tito desbordó, habilitó a Palermo, pero el Titán le dio de derecha y mal. Battaglia pegó desde lejos, alta. Román probó de afuera, cerca. Las situaciones se sumaban en el arco del Loco Ibáñez y el Tomba no podía llevar el juego lejos de su arquero. Hasta que llegó la jugada polémica. Centro al área tombina, cabecea Cáceres, gran atajada del Loco, la pelota queda ahí, corazón del área chica, y cuando Ibáñez trata de sacarla al córner, Battaglia empuja a Ibáñez, a la pelota, a Salomón, y todos terminan adentro del arco, aunque la pelota sale, casi de milagro.

    El partido siguió unos instantes hasta que el juez de línea número uno, Adrián Rastelli, cobró que la pelota había entrado y Boca empataba el partido. Todos los jugadores del Expreso se le fueron a Furchi para que explicara lo insólito del fallo tan a destiempo, pero ya era tarde. Boca había hecho méritos para empatar pero daba bronca la manera en que lo conseguía. Después, hasta la media hora del segundo tiempo, cuando se fue expulsado el chileno Medel, Boca tuvo todo para liquidar al Expreso. Román había salido lesionado y eso liberó a Insúa.

    El Pocho recibió en posición de enganche, tuvo espacios y metió un latigazo de zurda. Ibáñez dio rebote y Medel, de palomita, puso a Boca arriba 2 a 1. La Bombonera latía. Cocca se la jugó y acertó con los cambios. Adentro Chávez, Torres y Aguirre. Boca se quedó con diez porque Medel se creyó ídolo en un solo partido y los tres fresquitos del Tomba se hicieron un show del contraataque. Primero fue el Gula Aguirre quien entró al área, lo bajaron y Furchi cobró penal. Higuaín empató para los mendocinos y, por cómo se había dado el partido, ya era un negoción. Pero el Expreso quiso más, y por el sector izquierdo (Morel se cansó de verles las espaldas) empezó a preocupar.

    Faltaba el último toque, Boca estaba muy desarmado atrás y no paraba ni a un rengo cansado. Hasta que en el final del partido llegó una contra que empezó Torres y la desarrolló Jara, quien metió un gran pique por derecha y puso un pase al vacío. Por atrás de todos llegó Chávez y, ante la lentitud de los defensores locales y del Pato, tocó al arco como quien patea una mandarina por la calle. Éxtasis bodeguero. Boca sucumbía a los pies de ese tal Godoy Cruz Antonio Tomba, un equipo que sacó el fuego sagrado que pocos tienen en las paradas más jodidas. Un Tomba que jugó con la mística interminable del gran Obdulio Varela y entendió que el triunfo era posible. Recuerde bien: 20 de setiembre, día del Bombonerazo tombino.

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