Fotos: así se ve la Superluna Rosa sobre Mendoza
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24 de agosto de 2006
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El cumplimiento de la palabra empeñada

El legislador cuestiona la conducta partidaria del gobernador Julio Cobos y considera que con su acercamiento a Kirchner traiciona al partido que lo llevó al poder y a la gente que votó el sello del radicalismo.

    Sin lugar a dudas, en estas páginas me gustaría estar hablando de otros temas, tales como el crecimiento de gestión o el desarrollo provincial. Pero más allá de esta ambición, también creo importante la discusión pública respecto al tema que ha acaparado el interés en los últimos días, y que es la interna del radicalismo. Y lo considero importante porque, en definitiva, repercute en la gestión y en el cumplimiento del mandato popular.

    En este sentido, la adopción de una postura ideológica rige el accionar de una administración, y esto la ciudadanía lo sabe y, en definitiva, el voto a una fuerza partidaria constituye el aval a la aplicación de una determinada política. Y, por ello, es crucial blanquear la pertenencia a un espacio y, en este sentido, la resolución de la situación interna. Hoy es necesario reconocer que cuando el pueblo de Mendoza se expresó lo hizo no sólo por un candidato, sino también por una plataforma política.

    Luego de 12 años de gobierno justicialista, nuestra provincia eligió el cambio a través de la opción que proponía la UCR, y lo reafirmó después, cuando frente al avance del kirchnerismo a nivel nacional, aquí votó por la continuidad radical y en contra de los candidatos que respondían al oficialismo presidencial. Ahora bien, ¿qué motor interior mueve a elegir tal o cual agrupación política para concretar una afiliación, y, por ende, construir un sentido de pertenencia de origen legítimo?

    Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que el acto de adhesión voluntaria a un partido político supone una adscripción a la profesión de fe doctrinaria y a sus bases de acción política, combinación ideológica que comprende principios no negociables, ya que constituyen el basamento ético de su esencia filosófico-política, la que se expresa posteriormente desde una plataforma o plan de acción por la cual el pueblo puede optar.

    Trasladando esto a la actualidad mendocina, podemos llegar a una primera conclusión: si la ciudadanía local siempre le dijo que no a Kirchner (de hecho, cuando él fue candidato termino en cuarto lugar), hoy Cobos ¿no traiciona el voto de confianza de sus conciudadanos al presentarse como un impulsor del acuerdismo hegemónico del presidente?

     La respuesta es afirmativa, porque en ningún momento de su plataforma electoral (radical, por cierto) señaló su obnubilación por ser parte del Frente para la Victoria, y conduce a una segunda y lamentable lectura: el pasaje sin escrúpulos a un signo antagónico, la constitución de alianzas que escapan a la comprensión más endeble, los alineamientos y realineamientos insólitos en el Poder Legislativo y la ausencia de lealtad al propio pensamiento y a la doctrina condensada en la plataforma electoral parecen constituir el soporte político-ideológico del “Planeta Cobos”.

    Si la política es ideología dinamizada por la pasión hacia el gran ideal del bien común y, como Aristóteles enseñó hace 2.300 años, es inescindible de la ética.Nuestra sociedad, la misma que alguna vez pidió: “Que se vayan todos”, debería sancionar con ejemplar dureza las versatilidades y las conveniencias personales de los especuladores de la política. Pero más allá de la cuestión de una opción entre líderes (llámese Kirchner- Cobos o Lavagna-Iglesias) creo que la discusión debe destinarse a la definición de una identidad que contenga un cúmulo de ideas, conductas y convicciones.

    Y en este punto queda la sensación de que algunos carecen de la certeza doctrinaria correspondiente. Es una realidad que el rol de oposición debe estar supeditado a la consecución del bien común, pero también que el ciudadano elige a un opositor para que cumpla con sus roles de control y para expresar las voces del disenso, justamente por que el bien común no se logra con una visión unicista, sino desde el aporte de miradas diferentes, porque, como siempre se dice, la verdad absoluta no existe.

    Hoy asistimos a la degradación total del valor de las convicciones y vemos que el ámbito partidario fue invadido, en no pocos casos, por oportunistas que, sin vocación alguna y muy tardíamente, descubren que el ingreso en el mundo de la política puede brindarles el ascenso estelar que en otros terrenos les niega la vida, como la fascinación de la alfombra roja o el deslumbramiento por ciertas fatuidades que creen privativas del poder.

   Como legislador radical, me preocupa que quienes hoy conducen los destinos del Ejecutivo mendocino desconozcan las decisiones más genuinas de la comunidad que, por encima de una propuesta de obra pública o servicios sociales, votó por un patrón de conducta ideológico y doctrinario, hoy tergiversado por quienes fueron ungidos como expresión de la diferencia. El país ha sufrido dolorosísimas fracturas en virtud de coaliciones pragmáticas, recordemos, por ejemplo, las experiencias del Frejuli o la Alianza, que sólo buscaron poder, creyendo, cada sector, que luego le sería factible prevalecer sobre los otros.

    La compatibilización entre fuerzas de signo contrario en el ejercicio del gobierno supone una empresa imposible, porque, en definitiva, es un conocimiento de aritmética elemental el que las unidades heterogéneas jamás podrán sumarse, y si no, observemos las ubicaciones políticas que hoy exhiben algunos de quienes hasta ayer compartían el poder.

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