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5 de julio de 2006
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Análisis

El cumpleaños del emperador

George W. Bush cumple 60 años. Se ha convertido en el presidente más polémico de los últimos años. Odiado en buena parte del mundo, su país lo apoya con reparos

         Parece claro que al presidente de Estados Unidos, George W. Bush, le está afectando la cercanía de su cumpleaños número 60, que celebrará mañana jueves. “Este año, los primeros estadounidenses de los 78 millones nacidos durante el ‘baby boom’ cumplirán 60 años, y entre ellos están dos de las personas más importantes para mi padre: Bill Clinton y yo ”, bromeó, en enero, durante su discurso sobre el estado de la nación.


       Con esta alusión, Bush no sólo se refería a los años de elevada tasa de natalidad, que cada vez van quedando más atrás, sino también a la, ocasionalmente, curiosa amistad entre su padre, el ex presidente George Bush, y su anterior contrincante político, Clinton. El sexagésimo cumpleaños de Bush es “algo más que sólo una crisis personal, es un desafío nacional”, dijo el presidente en referencia a los problemas del sistema de pensiones. “Cuando yo tenía su edad”, dijo recientemente ante un grupo de estudiantes en Omaha, “pensaba que alguien de 60 años era realmente viejo.


       Pero eso es sólo una cuestión de conciencia, 60 años no son tantos, de verdad que no”. No hay duda: Bush lucha contra hacerse viejo, y los 60 suponen un hito. El deportista y casi asceta republicano, oriundo de Texas, hará lo que muchas personas hacen al cumplir una cifra tan redonda: el primer balance de su vida. “En él, seguro que ve un camino, reflexiona sobre sus experiencias, sus amistades y las cosas que ha vivido”, cita el diario The Washington Post al asesor político y amigo de Bush Mark McKinnon.


     Sin embargo, cuando haga balance de su vida, Bush necesitará una buena dosis del optimismo que tanto predica en sus discursos: el mandatario sabe que no sólo el liberal profesor de historia en la universidad de Princeton, Sean Wilentz, se pregunta si deberá pasar a la historia como “el peor presidente de Estados Unidos”.


     Él espera lo contrario: los historiadores deberían justificar sus guerras, y alabar su visión neoconservadora de la libertad como la clave para un mundo mejor. Las especulaciones del presidente ante el respeto de las generaciones futuras son, con seguridad, el resultado del rechazo mundial y a menudo, incluso, el odio que él mismo despierta en su propio país. En este sentido, Bush ha reaccionado a las críticas tanto en lo político como en lo personal. Desde su segunda victoria en las urnas en 2004, el mandatario trata de cortejar, sobre todo, a los europeos que no le siguieron en la guerra de Irak.


      En la crisis nuclear con Irán, el estadounidense apuesta también por la diplomacia, como exige la Unión Europea. Además, Bush habla abiertamente de errores, llama vergonzosos a los maltratos de los presos de la cárcel militar de Abu Ghoreib y se distancia del “lenguaje relajado” que utilizaba al decir “vivo o muerto”, a la manera del Viejo Oeste, en relación con la caza de terroristas.


     Y pese a que sus asesores temieron siempre sus deficiencias retóricas y errores lingüísticos, Bush también ha aprendido a hablar mejor y con más libertad. Este año, el mandatario se ha planteado más que nunca las críticas de periodistas y ciudadanos. Sin embargo, Bush sigue manteniendo su polémico camino en un aspecto: occidente está amenazado por el islamismo, que pretende cambiar el mundo mediante el terror. El presidente se considera a sí mismo líder de una batalla ofensiva contra los enemigos de la libertad.


     Al menos, desde los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, Bush habla de sí mismo como un señor de la guerra en “tiempos históricos”. Sin embargo, su trayectoria no apunta a que vaya a hacer historia, y a sus más enconados enemigos no les cabe ninguna duda. Bush nació en 1946 en New Haven, hijo de George Herbert Walker Bush, quien fue vicepresidente con Ronald Reagan y después ocupó la presidencia de Estados Unidos. Bush junior creció en Texas y, tras estudiar en la prestigiosa universidad de Yale, entró en la Guardia Nacional en 1968, y después estudió en la facultad de Empresariales de Harvard.


      Por aquel entonces, intentó triunfar en el negocio del petróleo. En 1977 se casó con Laura Welch y en 1981 nacieron las gemelas Barbara y Jenna. A mediados de los ochenta, puso fin a su hasta entonces inestable vida, dejó de beber y se convirtió a la fe metodista de su mujer. Adquirió el equipo de béisbol Texas Rangers, que vendió en 1988 con un enorme margen de beneficios.


      En 1994, fue elegido gobernador de Texas y en las polémicas elecciones presidenciales del año 2000 venció al demócrata Al Gore. Ahora, en el sexto año de su mandato, Bush hace frente a un país profundamente dividido: aunque la economía está en auge, el endeudamiento del Estado es enorme, y muchos conflictos internacionales, junto con el permanente derramamiento de sangre en Irak, hacen que la mayoría de los estadounidenses dude de la política del republicano. Pero también muchos demócratas subrayan que la historia todavía no ha dictado su sentencia.

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