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19 de noviembre de 2009
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El caso del espía ?Lobo?

Al igual que en enero de 1978, cuando el general Augusto Pinochet llamó a una ?consulta nacional? para que el pueblo respondiese por sí o por no a la siguiente proposición: ?Frente a la agresión internacional gestada en contra de la dignidad de Chile, reafirmo la legitimidad del Gobierno de la República para encabezar soberanamente el proceso de institucionalización del país?, el domingo 2 de octubre de 1988, los chilenos tuvieron que reafirmar tal apoyo. Esta historia que aquí relato, nace mucho antes que esta fecha, mucho antes del conflicto limítrofe con Chile por el Canal de Beagle y, por supuesto, de la Guerra de Malvinas. Pero ahora no entraré en detalle sobre estos temas, sino para aludir a un hecho de espionaje militar chileno sobre objetivos argentinos y en territorio argentino.

    Al igual que en enero de 1978, cuando el general Augusto Pinochet llamó a una “consulta nacional” para que el pueblo respondiese por sí o por no a la siguiente proposición: “Frente a la agresión internacional gestada en contra de la dignidad de Chile, reafirmo la legitimidad del Gobierno de la República para encabezar soberanamente el proceso de institucionalización del país”, el domingo 2 de octubre de 1988, los chilenos tuvieron que reafirmar tal apoyo. Esta historia que aquí relato, nace mucho antes que esta fecha, mucho antes del conflicto limítrofe con Chile por el Canal de Beagle y, por supuesto, de la Guerra de Malvinas.

     Pero ahora no entraré en detalle sobre estos temas, sino para aludir a un hecho de espionaje militar chileno sobre objetivos argentinos y en territorio argentino. La historia tiene como protagonista a Carlos Guillermo Guerrero Wolf, un chileno preparado por la Fuerza Aérea de Chile para espiar objetivos de la Fuerza Aérea Argentina y que, fortuitamente, fue descubierto en tales actividades porque ladrones ingresaron a su vivienda de Lafinur y Luzuriaga, en Dorrego, cuando este se encontraba en su país.

    Todos se preguntarán por qué no lo descubrieron los servicios de inteligencia argentinos, más precisamente, contrainteligencia de la Central Nacional de Inteligencia y la SIDE. La respuesta es simple, Ricardo Alfonsín, entonces presidente de la Nación, había dispuesto que en Argentina no existía “hipótesis de conflicto”, por lo tanto, desaparecía tal actividad sobre oponentes. Era evidente que para Chile si existía. Guerrero Wolf había conseguido carta de ciudadanía argentina en Tucumán, gracias a la corrupción de un policía tucumano que le sirvió de garante.

    Pero su objetivo estaba en Mendoza, por lo que llegó a esta provincia con la cobertura de abrir una agencia de venta de autos usados. Conseguida tal cobertura, la FACH lo lleva a su base de La Serena, donde lo entrena en el espionaje sobre movimiento de aviones militares en El Plumerillo. Lo introducen en la historia del espionaje chileno en Argentina, le informan que a mediados del siglo XIX se inicia esta actividad con el envió de aborígenes vorogas que se asientan en la laguna Leuvucó, actualmente, provincia de La Pampa, donde toman la identidad de ranqueles y desde donde comienzan a malonear sobre el sur de Mendoza, San Luis, Córdoba y Buenos Aires, robando, matando, cuatrereando ganado que pasaban a Chile, llevando cautiva a mujeres de estas poblaciones.

    La estrategia, era desplazar las poblaciones hacia el Norte y tomar la Patagonia desde el río Colorado al sur. En lo que respecta a sus actividades, le enseñan a leer y ubicar matriculas de aviones, características de los mismos, movimientos, horarios, a la vez de criptografía y operación de sofisticados aparatos de comunicaciones. Una vez concluido el curso, regresa, y se aposta a la vera de la ruta 40 sobre la cabecera norte de la pista de la IV Brigada Aérea, en un camino vecinal y escondido con sus binoculares bajo una frondosa alameda.

     Mientras que el Gobierno argentino sostenía que no existía “hipótesis de conflicto”, comienza su actividad de espionaje. La tarea le resultaría aún más fácil a este espía chileno, porque sabía que nadie estaría sobre sus pasos Guerrero Wolf, con carta de ciudadano argentino, días previos al descubrimiento fortuito de sus actividades de espionaje militar, recibió la orden de volver a Chile porque, entre otras cosas –como todo chileno–, debía votar en la “consulta nacional” convocada por Pinochet. Nunca imaginó que iba a ser descubierto a causa de ladrones que entraron esa madrugada del 2 de octubre a su domicilio.

     Quien descubrió las pruebas de tan extraña actividad fue su vecino, a quien dejó encargado del cuidado de su vivienda. Avisado Guerrero Wolf de lo sucedido, inmediatamente inició su regreso al país, no sin antes pedirle a este vecino que retuviera una valija con elementos de valor que se encontraba debajo de su cama. Esta valija tipo portafolios negro contenía un equipo de comunicaciones de última generación, imposible de ser fabricado en estas latitudes. El vecino puso en conocimiento del hecho a un sacerdote, quien luego lo entrega a un policía conocido.

     Allí comienza a operar la Policía de Mendoza, y allí comienza a perderse la oportunidad de descubrir la red de espionaje sobre Argentina. Con absoluto desconocimiento sobre el tema y la ignorancia propia de quienes creen conocer el funcionamiento del sistema de inteligencia, durante dos días los policías ocultaron el hecho, creyendo que ellos podían descubrir lo que irresponsablemente facilitaron al espionaje chileno. Guerreo Wolf entró al país y durante prácticamente 12 horas se movió adentro, hasta que la SIDE tomó el caso.

    Nunca se supo qué hizo durante esas horas. La inoperancia y negligencia de la Policía de Mendoza facilitó que este espía alertara y borrara la red de contactos en nuestro país. El equipo secuestrado había sido fabricado en Inglaterra en mayo de 1982, tenía un alcance de transmisión de 15.000 kilómetros, es decir que sus mensajes podían ser recibidos en Inglaterra o en Malvinas, además de Chile. Funcionaba con 220, 110 o 12 voltios, por lo tanto, podía transmitir desde un vehículo en décimas de segundos.

    Estábamos ante un caso de espionaje anglo-chileno en el cual la prensa chilena minimizó y ridiculizó a Guerrero Wolf comparándolo con el Súper Agente 86 o el inspector Clouseau. Aquí poco se dijo, incluso, algunos desviaron el argumento a temas de la represión. La investigación fue insuficiente y también la pena impuesta al espía. El Gobierno sostenía que no había “hipótesis de conflicto”. Pasaron 21 años de esta historia que hoy se repite en Perú.

    Es evidente que, más allá de gobiernos de facto o constitucionales, de izquierda o de derecha, el objetivo se mantiene y la actividad continúa. Hoy no interesa la supuesta carrera armamentista de Argentina, porque no existe, no la tiene, pero quizás los objetivos estratégicos de energía y recursos renovables, además del agua, puedan despertar ambiciones de otros que lo necesitan. La realidad muestra que los primeros no están en manos nuestras, y la otra, de multinacionales.

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