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16 de noviembre de 2006
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EL AUTO, TERCER TESTÍCULO DEL HOMBRE

No tengo la menor intención de polemizar sobre machismo y feminismo. Eterna pugna que, a mi entender, nunca se acabará. Muy por el contrario, cada vez será más complicada e irán apareciendo colaterales, resultado del devenir histórico

    No tengo la menor intención de polemizar sobre machismo y feminismo. Eterna pugna que, a mi entender, nunca se acabará. Muy por el contrario, cada vez será más complicada e irán apareciendo colaterales, resultado del devenir histórico. Por nombrar algunas de las variantes: desviaciones sexuales o los flamantes metrosexuales, los que, en realidad, siempre han existido. Imaginar en la época de Luis XV, por ejemplo, a un noble caballero con peluca, zapatos con gran hebilla, aspirando rapé en su mano y pañuelo con puntillas en su manga.

    Aclaro que no es mi escrito una crítica, sino una especie de relato. Sin nostalgia, no hace muchos años observar a una mujer fumando en la calle era poco común. Hoy día se ha invertido la ecuación, es rarísimo ver a una mujer que no fume en cualquier lugar. ¡Qué antiguo!, opinarán mucho, pero como médico soy enemigo acérrimo del tabaco. Personalmente, tengo un concepto muy pobre del boxeo. Pues bien, hoy día ya proliferan las luchadoras. Con todo respeto, haré una referencia a las embaladas ejecutivas que del estrés hacen un deporte.

    Considero que el aceleramiento permanente del hombre o la mujer es contraproducente, sin excepción. ¿Parezco un clásico retardatario? Sugiero como reflexión que en nombre del progreso y de la igualdad imitemos conductas nocivas en lugar de evitarlas. Me suena el celular y debo interrumpir mi carta. No quiero terminar sin dejarles una inquietud para meditar: el automóvil puede ser el tercer ovario de la mujer.

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