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9 de diciembre de 2019
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Astrología

El arte de tomar decisiones

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Somos los dueños de nuestro propio destino. Existe un plan, pero está en nosotros jugar con las variables para llegar a ese punto ideal pensado para cada uno.

Una de las principales razones por las cuales se consulta una mancia (tarot, astrología, runas, videncia, entre otras) es la creencia acerca de su poder predictivo. Como si hubiese un destino escrito por vivir que nos acompaña desde el momento en que nacemos, un plan escrito para nosotros con algún grado de modificación y/o elección que llamamos libre albedrío.

Cuando tratamos de explicar lo complejo, a veces llegamos a conceptos simplistas, muy básicos, carentes de sustancia, y transformamos lo complejo en complicado. Eso es lo que ha sucedido con los conceptos de destino y libre albedrío.

¿Por qué el concepto de destino se relaciona con la toma de decisiones? La respuesta es simple y bastante evidente: la toma de decisiones habitualmente es el resultado de la voluntad de cumplir un deseo o un pensamiento, el accionar implica un juego de dados, y las expectativas se pueden cumplir o no, lo que conlleva a un potencial fracaso, y fracasar duele, por lo que queremos estar seguros o garantizar, de cierta forma, la eficacia de nuestras decisiones. Y aquí yace la trampa, considerar el destino como un plan es una creación ilusoria de control. Por un lado, si existe el destino, existe una opción correcta, y si la conozco, puedo accionar en pro de ella o prepararme si es inevitable; de esta forma disminuye el dolor. Pero, no es así. Lamentablemente, considerar el destino como un plan escrito es una simplificación básica y dañina trasmitida a través de los años por el temor que sentimos los seres humanos al darnos cuenta de la inmensidad del mundo que nos rodea, que habitamos y que nos habita.

Y, entonces, ¿qué es el destino? Cada uno podrá establecer su definición. Para mí, es, de cierta forma, una variable creada para comprender ámbitos más complejos de nuestra existencia, como lo es el concepto de la variable “tiempo” en la Física. Desde mis conocimientos astrológicos, puedo aportar que hay dos líneas o niveles de movimiento que podemos observar: por un lado, existen movimientos de grandes escalas, como lo es el de traslación de los planetas, que, al estar en una escala de tiempo muchísimo mayor que una vida humana, desde nuestra perspectiva son invariables y eternos. Por otro lado, existe otro nivel de movimiento azaroso, descontracturado e impredecible, vinculado a nuestra vida, a la rutina, al día a día, a nuestros pensamientos y sentimientos.

Una prueba de esto son los resultados obtenidos en el 2012, tras las pruebas en el colisionador de hadrones, cuando se reveló mundialmente el peso del bosón de Higgs; partícula elemental de la Física moderna. Los resultados obtenidos no permitieron validar la Teoría de Supersimetría ni de Multiversos, y quedó validada la duda existencial: el Universo opera con formas que aún no somos capaces de imaginar y estructurar en teorías físicas y fórmulas matemáticas. Tal vez, el orden perfecto planteado por la supersimetría representado desde nuestra perspectiva por el movimiento planetario que permite pronosticar un influjo de energía dominante es habitado por moléculas creadoras de caos y multiversos, o sea, nosotros.

El arte de tomar decisiones se basa en armonizar y comprender que somos parte de algo mayor que sigue un ritmo, un plan, y, sin embargo, el arte de crear variabilidad está en nuestro poder de decidir. Tal vez somos seres dadores de caos, por lo que debemos cambiar la connotación semántica negativa con la que hemos asociado la palabra.

Si somos capaces de tener el valor de conocernos, atravesar el miedo a fallar y hacernos responsables de nuestras decisiones, tal vez tendremos la dicha de ejercer nuestro gran rol en el plan mayor.

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