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21 de agosto de 2006
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LO QUE VIMOS

El amor y sus avatares

La Malasangre se presentó en el Mendoza y cautivó a los espectadores.

    El pasado fin de semana, los mendocinos pudieron disfrutar, en el teatro Mendoza, de La Malasangre, una obra magistral que llegó a la escena local de la mano de su directora Griselda Gambado. Con un elenco de lujo, conformado por Joaquín Furriel, Carolina Fal, Lorenzo Quinteros, Stella Galazzi, Antonio Ugo y Leonardo Saggese, se dio inicio, a las 22 (media hora más tarde de lo previsto), a una obra en la que el amor prohibido, las humillaciones y los avatares del poder autoritario, cargado de corrupción y hechos sangrientos, se transformaron en los verdaderos condimentos de la pieza.

PODER Y AMOR, FUSIONADOS. La Malasangre fue estrenada en agosto de 1982, en los últimos tiempos del último proceso militar. La pieza centra su atención en la época de Rosas, regida por la violencia, sin más leyes que las impuestas por el régimen. En la actualidad, comienza con la presencia de Benigno (Lorenzo Quinteros) un estanciero poderoso que se destaca por ser un hombre perverso, despiadado y atento a las debilidades de sus semejantes.

    Las constantes humillaciones ejercidas sobre su mujer Candelaria (Stella Galazzi) dejan entrever a un hombre sumido en el machismo y autoritarismo de la época. Junto a él aparece la figura de Fermín (Antonio Ugo), quien encarna a un criado de la casa que disfruta con la sangre de sus víctimas y para quien los melones son como las cabezas de los opositores. Otro de los personajes es Rafael Sánchez (Joaquín Furriel) un hombre sumiso y tímido que afronta constantemente las humillaciones y las burlas de la sociedad por poseer una joroba.

    Este defecto, con el tiempo, lo convertirá en el elegido de Benigno, quien busca un profesor para la educación de su adorada y malcriada hija Dolores (Carolina Fal). Rafael entonces será el encargado de enseñar francés, latín y dibujo a Dolores. Pero las clases, entre burlas y humillaciones por parte de la joven, se transformarán en encuentros amorosos y la aspiración de ambos por la utópica búsqueda de una vida más digna.

   El romance entre éstos jóvenes, que pertenecen a dos mundos opuestos, crecerá entre las miradas acusadoras del criado, la discreta vigilancia de la madre y las aspiraciones de un pretendiente engreído llamado Juan Pablo de los Campos Dorados (Leonardo Saggese), con quien Benigno pretende concretar importantes negocios a cambio de entregarle a su hija como recompensa.

UN FINAL DE LUJO. En La Malasangre la prohibida pasión de amor entre Rafael y Dolores se desarrolla en el marco de una sociedad cerrada, donde está claramente definido qué es permisible y qué no. Por eso, la actitud de Dolores y su conflicto se insertan en un espacio más amplio que el puramente privado y familiar. Si la protagonista se anima a vivir su historia de amor prohibido, si crece con sus sentimientos después de su altivez y frivolidad de niña caprichosa, es porque elige, acción que durante sus años de existencia le ha sido negada por la figura de su padre.

    Sin embargo, a pesar de la represión a la que está sometida, Dolores elige no ser esclava de dichos actos y pelea por su amor, a su manera, con los medios que tiene, desafiando el poder entablado en la época. Lamentablemente esa lucha por alcanzar el verdadero amor y la libertad son truncadas por su propio padre, quien frente a su rebeldía y desobediencia manda a matar a Rafael, impidiéndole así alcanzar su meta: ser simplemente feliz con el gran amor de su vida.

RECONOCIMIENTO. Si bien en escena cada actor mostró su enorme potencial actoral, Fal merece un reconocimiento especial por su impecable labor, en la que el drama y el humor se combinaron de un modo increíble, logrando una unidad digna de elogiar. Sin dudas, en esta obra la verdadera estrella tiene nombre y apellido: Carolina Fal.

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