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30 de diciembre de 2019
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Astrología

El 2020, año para materializar el cambio

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Se acerca un nuevo período clave y se pondrá a prueba la energía personal. Las lecciones que se vienen, donde no habrá espacio para la duda.

Hemos llegado a las puertas de un nuevo año, formalmente el último de energía tierra. Después de 200 años estamos llegando al final de un período, en el cual como raza humana hemos aprendido a crear a través de los recursos del planeta. Todos hemos incorporado los elementos básicos de la energía de los signos de tierra Tauro, Virgo y Capricornio; hemos aprendido la importancia de la seguridad y la estabilidad; los beneficios de la planificación, el orden y el funcionamiento de la vida cotidiana como un sistema del cual somos parte, y, por supuesto, de la importancia de las estructuras para garantizar el largo plazo. Sin embargo, desde marzo del 2019 comenzamos a dar examen, la entrada de Urano en el signo de Tauro puso en aprietos la estabilidad del sistema que habíamos creado durante 200 años y esto continuará así durante los próximos 4 años, viviremos una transición para incorporar “buenas prácticas” y, definitivamente, comprender que nuestra energía es el gran recurso que poseemos.

¿Dónde pone su energía? ¿A qué tipo de conversaciones le dedica su tiempo? ¿Qué tipo de relaciones mantiene? Todas esas preguntas están vinculadas con nuestra energía humana, la que necesitamos para trabajar, amar y construir una vida. Tal vez, aprender a diferenciar perseverancia y sacrificio sea una de las grandes lecciones del 2020. Es un año regido en todos sus aspectos por la energía más profunda e inamovible de la tierra, no habrá espacio para la duda, para los “yo quisiera” “yo traté” “a mí me gustaría”. El signo de Capricornio es implacable y este año, 2020, no sólo cuenta con la presencia de Plutón y Saturno, sino también se une Júpiter. En simples palabras, Plutón, dios de la transformación y la destrucción, de la mano de los dos “señores del tiempo”, Saturno y Júpiter, se encargará de terminar el trabajo que ha iniciado silenciosamente en marzo del 2018 junto con Urano.

Será un año más desafiante que el 2019. En términos emocionales, Mercurio, retrogradando en signos de agua durante febrero, junio y octubre, permitirá terminar de purificar el corazón y liberarse de miedos y relaciones tóxicas. También habrá tres grandes momentos para negociaciones: la conjunción de Júpiter con Plutón en abril, junio y noviembre. Debemos recordar que es un proceso y no tratar de resolver un asalto en un solo tiro. Mayo estará teñido por la retrogradación de Venus, cupido estará volviendo caprichoso a más de algún corazón y muchas relaciones serán puestas a prueba. Junio y julio son los meses más duros del año, regidos por pruebas agudas para todos en distintas áreas de la vida. En agosto sentiremos el alivio después de la tormenta y será posible ordenar toda la intensidad de este año que no nos dará respiro ni pausa. Pero, aún el baile no ha terminado, setiembre será frenado por la retrogradación de Marte y veremos los efectos de la cobardía y la agresión sin sentido. Octubre nos llevará de forma salvaje al cambio y, como una ola en altamar, jamás sabremos todo lo que es capaz de mover hasta vivirlo en carne y sangre. Noviembre y diciembre traerán los último eclipses y la calma del nuevo inicio, y, finalmente, el 21 de diciembre, con la conjunción de Júpiter y Saturno en el signo de Acuario, daremos inicio formalmente a 200 años de energía del elemento aire, en donde aprenderemos la diferencia entre relación y vínculo y la fuerza de la expresión humana.

Prepare sus jinetas, su coraje y bravía porque este es un año para vivirlo de frente, es un año para comprender que estar vivo implica hacerlo sin miedo, sin excusas, sin justificaciones. Es un año para experimentar la grandeza del libre albedrío en su máxima expresión de responsabilidad y libertad.

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