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17 de noviembre de 2009
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HISTORIA DE VIDA

Ejemplo de perseverancia: la primera enfermera travesti de Mendoza

Maribel trabaja en el Hospital Central. Contó a El Sol las dificultades que tuvo que atravesar para lograr su objetivo.

    El tono de su voz refleja que la vida que ha llevado hasta estos días no fue fácil, sin embargo, la convicción de querer y defender su identidad de género la llevó a conseguir su principal objetivo: ser la primera enfermera travesti de Mendoza. Sin bien hace 30 años que trabaja en el ámbito sanitario, desde el 2004 se transformó en mujer. Por ahora espera la aprobación de los trámites que la llevarán a convertirse en transexual.

    Desde pequeño, Mario (como figura todavía en el DNI aunque cuenta con una credencial que acredita su nueva identidad) sintió que nació con el sexo biológico de un género que no le correspondía. A lo largo de su vida tuvo que soportar la desventura de la discriminación y la negación de su familia. Reconoce que atravesó la exclusión social y que la dureza de la última dictadura militar la hizo reprimir su deseo de desarrollarse como persona.

    GANAS DE AYUDAR. Su vocación de ayudar a la gente surgió hace 30 años y de a poco fue integrándose al sistema sanitario de la provincia. Comenzó en lo que fue el Hospital Ferroviario, luego pasó a trabajar en la Fundación San Andrés y después en la Clínica Mitre. Pero, como los sueldos no eran buenos, no desaprovechó una oferta laboral para trabajar en el Hospital Central. Empezó a desempeñarse como enfermero auxiliar y hace unos 10 años como camillero. Paralelamente, estudió en el Instituto de Docencia, Investigación y Capacitación Laboral de la Sanidad por tres años.

    Quien ahora es Maribel, seguía vistiéndose como hombre mientras cursaba y trabajaba. Pero en su interior se sentía como una mujer y tenía en claro que podía llegar a concretar su sueño. Con la derogación del artículo 80 del Código de Faltas en octubre del 2006, el cual castigaba con la cárcel a quien simulara un sexo ajeno, prohibiendo, de hecho, el travestismo, Maribel pudo explayar más su sexualidad y liberarse lentamente. Durante esos años de cursado se transformaba pero, como la zona por donde vivía era muy insegura y alejada de su lugar de trabajo, no podía travestirse seguido. “Me quedaba a trasmano y tenía que viajar en micro mucho tiempo”, relató.

    UNA LENTA TRANSFORMACIÓN. Cuando finalmente pasó a planta permanente en el Hospital Central, hace cuatro años, se sintió más segura para transformarse en mujer definitivamente. En ese momento trabajaba en terapia intensiva y, según ella, de a poco empezó a asistir a sus lugares habituales como mujer. “Mis días de franco, los feriados o los de licencia me aparecía vestida de mujer. Todos me trataban bien y me iban aceptando de a poco y con respeto. Otros me ignoraban o no se daban cuenta”, relató.

    A un año de recibirse como enfermera, presentó una nota formal solicitando a las autoridades del instituto donde estudiaba que le permitieran presentarse a las clases vestida de mujer debido a su sentir sexual. Ellos le contestaron que no dependía del establecimiento educativo sino de Acción Social y que tendrían una respuesta cuando comenzara el ciclo lectivo. Entonces, Maribel recibió la noticia en la que se detallaba que gracias a su conducta y a su buen rendimiento como alumna la aceptaban con su condición.

    DISCRIMINACIÓN. La discriminación ante los diferentes siempre está latente en la sociedad. Hubo dos compañeros de curso de Maribel que se quejaron ante los directivos porque ella asistía vestida de mujer, argumentando que eso les molestaba. Las autoridades les contestaron que si volvían a quejarse serían sancionados De ahí, al director del lugar se le ocurrió llamar al Instituto Nacional contra la Discriminación y la Xenofobia (Inadi) Mendoza para que un representante diera una charla sobre diversidad sexual, igualdad de condiciones y derechos de las personas. Pero lo paradójico fue que desde el Inadi llamaron a Maribel para que ella diera esa charla.

    En el Hospital Central, siendo ya enfermera, también tuvo el rechazo de algunos compañeros . “A muchos les costó dejar de llamarme Mario para nombrarme Maribel”, contó a El Sol. Sin embargo, con los pacientes pasa algo diferente. Ella se presenta como una enfermera travesti y muchos se quedan mudos. “Hubo unos pacientes que venían de estar internados en una clínica privada y comentaron que la atención que recibieron en el Central había sido excelente. Que me vengan a decir que mi orientación sexual es diferente. No tiene nada que ver con mi capacidad laboral”, indicó Maribel.

    Por otro lado, agradece que ya tenía empleo y que estaba en planta permanente, porque relató que a una amiga suya en su misma condición, siendo contadora, no la aceptan en las entrevistas laborales porque en el DNI figura con otro nombre. La historia de Maribel no hace otra cosa que demostrar que la tolerancia, la aceptación y los resultados en el desempeño laboral pueden más que los prejuicios.

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