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27 de julio de 2022
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Un daño social que será difícil revertir

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La discusión por los planes sociales no se agota en la cuestión política de mantenerlos en el tiempo o de ir reduciéndolos para aliviar el costo fiscal de una medida de gran magnitud. Hay un telón de fondo cultural que muestra cómo la sociedad argentina se ha ido construyendo desde al menos principios de este siglo a partir de crisis cíclicas y herramientas que surgieron por una emergencia. Sin embargo, quedaron, finalmente, y no fueron retiradas, sino que se ampliaron y hasta se continuaron en otras generaciones que se sumaron a los reclamos por contar con la misma asistencia social.

A la par, los discursos que justificaban la necesidad de otorgar una ayuda desde el Estado a personas en condiciones vulnerables, también tuvieron como efecto o intención la necesidad de ir desestimando cuestiones que formaban parte de una cultura del trabajo, ligada al esfuerzo y a la dedicación como superación personal y económica. El caso más gráfico sucede en Mendoza, toda vez que no se encuentra personal para la cosecha. El ejemplo más sintomático lo expuso en redes sociales una persona que milita en una agrupación política, que recibe este auxilio mensual, pero que pondera el hecho de no querer trabajar.

Claramente, no todos los que reciben este tipo de prestaciones piensan de esta manera. Pero hay un porcentaje importante que se maneja con esta opinión, que toma al Estado como la teta que todo lo aporta, hasta que reviente, y que no tiene el prurito de exponerlo públicamente. Una batalla cultural en la que nadie quiere tomar la posta para revertir un daño de mucho tiempo.

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