El año próximo será para los mendocinos un capítulo especial, de esos que se viven cada cuatro años, porque iremos nuevamente a las urnas a elegir al sucesor del actual gobernador, pero con un condimento en particular: la crisis económica que se viene sufriendo desde hace años y que, particularmente en el 2022, se ha profundizado. No será menos la incertidumbre respecto de cuestiones que nos marcan todos los días, como la inflación o el vaivén del dólar. En esta instancia, este lunes, el Gobierno presentará el presupuesto provincial, el cálculo de ingresos y gastos que dominará el 2023 en varias áreas fundamentales, como la obra pública y los servicios esenciales del Estado.

No será fácil para ninguna administración, tanto provincial como municipal, gestionar con proyecciones que pueden descalibrarse.

Ya pasó en los dos últimos ejercicios, pero más que nada en el actual, cuando el aumento de precios previsto era mucho más bajo que el que actualmente estamos teniendo. Por ello, será un desafío que, para un año en el que volveremos a las urnas, primen la racionalidad antes que el despilfarro y la inteligencia en el gasto antes que la demagogia. De igual manera, mientras se mantenga la recuperación, también será oportuno no apretar más de la cuenta a los contribuyentes, ya apurados por las subas en todos los niveles. Como siempre, habrá que poner la lupa en las áreas estatales donde se pueda maximizar el ahorro.