access_time 19:30
|
18 de abril de 2012
|

EDITORIAL

Vivimos en un país increíble. Somos, verdaderamente, bichos raros. Las alianzas políticas trastabillan; los planes estratégicos, cuando aparecen, a poco de andar se abandonan; las convicciones flaquean y el humor social oscila, siempre, entre los extremos

    Vivimos en un país increíble. Somos, verdaderamente, bichos raros. Las alianzas políticas trastabillan; los planes estratégicos, cuando aparecen, a poco de andar se abandonan; las convicciones flaquean y el humor social oscila, siempre, entre los extremos. De la euforia al escepticismo, en un santiamén. Cristina, que ganó las elecciones con un aluvión de votos, hoy ve cómo cae su imagen estrepitosamente. Jaque, que se impuso con un caudal de votos sorprendente, nunca tuvo –ni la va a tener– su luna de miel con el pueblo que lo votó.Un caso parecido al de la presidenta.

    Cada vez más se escuchan voces que aseguran no haberlos votado y quejarse airadamente porque no aparecen las soluciones a los problemas. La intolerancia, la impaciencia, la crítica desaforada sin aportes invade los medios. ¿Qué pasa que la oposición no aparece con propuestas superadoras, inteligentes, que eleven la discusión y la enriquezca? En la Nación, esa oposición que se reclama se esconde. En Mendoza, la oposición al oficialismo sólo logra incorporar más confusión a la que puede tener el Gobierno. Necesitamos profesionalismo, seriedad y menos oportunismo.

Comentarios de la nota

Últimas noticias

© Copyright 2017. Cuyo Servycom S.A.