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5 de septiembre de 2010
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El principio de incendio que se produjo el domingo en el Notti ha despertado, otra vez, las pasiones. Lo que no es ni bueno ni malo en sí, y quizás las partes intervinientes logren algo de calma haciendo catarsis y enfrentándose sin ton ni son. Vamos al hecho de que, una vez más, el Gobierno y los sindicatos de los empleados públicos implicados coparon ayer los medios electrónicos con declaraciones contrapuestas respecto del origen y la responsabilidad del incidente que obligó a evacuar por algunas horas el hospital. Este no es el punto. Lo que lamentablemente ha salido a la luz es la incapacidad absoluta que tienen el Ejecutivo y la dirigencia gremial para acordar posiciones e identificar un discurso objetivo sobre la situación, más allá de las diferencias que puedan tener, que son muchas, desde ya. Que los matafuegos no funcionaron, que los matafuegos sí funcionaron; que no hubo un plan de contingencias, que sí hubo; que fue todo un caos durante la evacuación, que la misma se hizo en función de los protocolos establecidos. En fin, blanco o negro.

    El principio de incendio que se produjo el domingo en el Notti ha despertado, otra vez, las pasiones. Lo que no es ni bueno ni malo en sí, y quizás las partes intervinientes logren algo de calma haciendo catarsis y enfrentándose sin ton ni son. Vamos al hecho de que, una vez más, el Gobierno y los sindicatos de los empleados públicos implicados coparon ayer los medios electrónicos con declaraciones contrapuestas respecto del origen y la responsabilidad del incidente que obligó a evacuar por algunas horas el hospital. Este no es el punto.

     Lo que lamentablemente ha salido a la luz es la incapacidad absoluta que tienen el Ejecutivo y la dirigencia gremial para acordar posiciones e identificar un discurso objetivo sobre la situación, más allá de las diferencias que puedan tener, que son muchas, desde ya. Que los matafuegos no funcionaron, que los matafuegos sí funcionaron; que no hubo un plan de contingencias, que sí hubo; que fue todo un caos durante la evacuación, que la misma se hizo en función de los protocolos establecidos. En fin, blanco o negro. El nivel de crispación y virulencia es demasiado alto como para que unos y otros intenten sacar provecho de este caso cuando, en verdad, los debería hacer recapacitar sobre el papel que están cumpliendo.

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