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28 de noviembre de 2006
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¿Ecuador se sumará al bloque bolivariano?

Con el casi seguro triunfo del izquierdista Rafael Correa, Ecuador podría sumarse al eje ?anti? EEUU, conformado por Fidel, Chávez y Evo

           El populista de izquierda Rafael Correa, ganador de las elecciones presidenciales en Ecuador, puede unirse a la senda de la revolución bolivariana de su amigo Hugo Chávez u optar por el pragmatismo político para mejorar la relación con EEUU. Correa declaró, tras conocer su triunfo –según las encuestas–, que su objetivo es la unidad sudamericana, objetivo que lo une al presidente venezolano, pero aclaró que no será una nueva versión ni de Chávez ni de Fidel Castro. “Los latinoamericanos somos todos bolivarianos”, afirmaba también su programa electoral, el que contiene puntos conflictivos en la relación con Washington.



         Correa es un admirador de la revolución bolivariana de Chávez, planteada como una lucha por la unidad sudamericana, al igual que lo hizo en el siglo XIX, pero, por entonces, contra la dominación española, el libertador venezolano Simón Bolívar. Tanto Correa como su rival electoral, el conservador empresario bananero Álvaro Noboa, reflejaron en sus polarizadas campañas la lucha por la influencia en América latina de Estados Unidos y George Bush o de Venezuela y Hugo Chávez.


        El líder de la coalición izquierdista Alianza País se opone a la renovación en el 2009 del acuerdo sobre el uso conjunto –con Estados Unidos– de la base aérea de Manta, en el litoral del Pacífico, a media hora de vuelo de Colombia y usada para el control de las operaciones de narcotraficantes desde el vecino país. También reiteró, en su primera rueda de prensa tras su triunfo en las urnas, que no suscribirá un tratado de libre comercio (TLC) con Washington, en la actualidad, paralizado a raíz de una controversia con la compañía petrolera estadounidense Oxy.


       La convocatoria de una asamblea constituyente para refundar las instituciones, a las que considera corruptas, como hizo Chávez y ahora intenta el presidente boliviano, Evo Morales, es otro de sus proyectos conflictivos. Al igual que Morales, enfrentará a un Parlamento hostil, en el que la Alianza País no tiene diputados, por lo que se augura, de nuevo una difícil presidencia en esta inestable nación andina. El Parlamento ecuatoriano ya destituyó por “loco” al presidente Abdalá Bucaram, en 1997 y sin ningún dictamen médico, y también al mandatario Lucio Gutiérrez, en el 2005, declarando el puesto vacante, a pesar de que estaba todavía dentro de su despacho oficial.


      El resultado de las elecciones ecuatorianas define el nuevo equilibro político en América latina, donde, en un año, se han celebrado diez elecciones presidenciales, todas polarizadas entre izquierda y derecha. En ese maratón electoral latinoamericano, socialistas o socialdemócratas han vencido en cuatro países (Brasil, Chile,Perú y Costa Rica), mientras que los conservadores han ganado en otros tres: Colombia, México y Honduras. La izquierda más radical venció, a su vez, con el líder indígena Evo Morales en Bolivia, el sandinista Daniel Ortega en Nicaragua y ahora Rafael Correa en Ecuador.


        El 3 de diciembre se celebran elecciones presidenciales en Venezuela, las que, a juzgar por los sondeos, ganará de nuevo Hugo Chávez, empeñado en extender su influencia en América latina y otros países fuera de la región, pero enfrentados a Washington, como Irán. Chávez anunció que a partir del domingo comienza una “nueva era”, en la que aplicará el ideario de Simón Bolívar, y dedicó lo que ya considera una victoria segura a Cuba,Nicaragua, Bolivia y “los pueblos hermanos de Latinoamérica”.


       Colombia, México y la mayoría de los países centroamericanos son los principales aliados de Estados Unidos en la región, mientras que, en el polo opuesto, el eje Chávez-Castro-Morales, a los que con menos ímpetu se acerca Daniel Ortega, intentan extender los principios de la revolución bolivariana en la región. Correa es un nuevo ejemplo del auge de los líderes antisistema en el continente, favorecido por un sentimiento generalizado de desconfianza hacia los partidos políticos tradicionales, la desigualdad en la distribución de ingresos y una pobreza que afecta a 40 por ciento de la población latinoamericana.


      Ello, a pesar de que este es el cuarto año consecutivo de crecimiento económico en América latina, con una tasa de crecimiento de 4,8 por ciento en el 2006, según estimaciones del Fondo Monetario Internacional.

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