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12 de noviembre de 2012
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OPINIÓN

Ecuador: Correa va por la reelección y plantea continuidad

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El presidente de Ecuador, Rafael Correa, ha sido el protagonista de la política ecuatoriana en los últimos seis años y aspira a serlo por otros cuatro años más hasta el 2017, tras aceptar la candidatura a la reelección presidencial. Correa asumió el cargo en enero del 2007 con una propuesta basada en desterrar de las funciones del Estado la injerencia política, acabar "la larga noche neoliberal", en la que involucró a los partidos tradicionales ecuatorianos y empezar cambios radicales que denominó "la revolución ciudadana". Sus ofrecimientos calaron en la mayoría de la población que lo ha apoyado en ocho procesos electorales que ha vivido este país andino y en los cuales él y su movimiento, Patria Altiva y Soberana, Alianza País (AP) triunfó claramente.

Su primer cambio fue a la Constitución, renovada íntegramente por una Asamblea Constituyente, que resolvió una nueva carta fundamental aprobada en referéndum en el 2009. En un artículo transitorio, la Constitución llamó a elecciones y no calificó como un "período" a los dos años de gobierno ejercidos ya por Correa. Desde entonces realizó una reconocida obra pública en infraestructura vial, de salud y educación, y emprendió un cambio de modelo energético impulsando la hidroelectricidad y energías alternativas. Sus políticas sociales se han enfocado en superar el desempleo, desterrar el trabajo infantil y luchar contra la pobreza en la que vive 70 por ciento de los ecuatorianos.

Logró cambios en estos asuntos gracias a un profesional manejo de la economía y a unos ingresos petroleros sostenidos en alrededor de 100 dólares el barril en el curso de su gestión. Ecuador produce diariamente unos 500 mil barriles de crudo que financian 25 por ciento de su presupuesto. El campo social fue complementado por el vicepresidente Lenin Moreno, quien trabajó en beneficio de las personas con discapacidad y rescató a este sector prioritario de su abandono y olvido. Los partidos opositores quedaron fuera de la gestión pública y sin mayoría en la Asamblea Nacional, lo que minimizó su ámbito de acción.

Según Correa, otros "opositores políticos" son los medios y la fricción con ellos ha sido la tónica de su discurso público, que pasó a acciones judiciales contra medios y periodistas en una estrategia que, se perfila, mantendrá a futuro. El momento de mayor tensión que vivió Correa en estos años fue el 30 de setiembre del 2010, cuando la tropa policial se sublevó en reclamo de beneficios sociales y retuvo por horas al mandatario ecuatoriano en un hospital. Liberado por militares, la acción dejó cinco muertos y decenas de heridos. El Gobierno calificó el hecho como un "planificado intento" de golpe de Estado, el cual tuvo una condena mundial.

Correa volvió la mirada a la región y pasó a emular las líneas de gestión del gobierno venezolano de Hugo Chávez en el llamado socialismo del siglo XXI, principios con los que impulsó la creación de nuevos organismos regionales, como Unasur y Celac, y en lo político, al Alba. En la política internacional fue relevante su crítica a posturas de Estados Unidos sobre la región, cuestionó los foros regionales de la OEA, a uno de los cuales no asistió reclamando por la marginación de Cuba, así como también lideró un proceso de cambios en las Naciones Unidas.

El mandatario ecuatoriano expulsó del país a la oficina del FMI y pidió que funcionarios del BID y de la propia Embajada de Estados Unidos salieran de Ecuador. En el 2008, a raíz de la publicación de unos cables de Wikileaks que lo comprometían, echó a la embajadora estadounidense Haether Hodges y las relaciones con ese país se mantuvieron rotas por un año. Con la concesión en agosto de asilo diplomático al fundador de Wikileaks, Julian Assange, Correa acaparó la atención mundial por dar refugio al periodista australiano que publicó información secreta de Estados Unidos sobre las guerras en Irak y Afganistán.

Este asilo es un problema sin revolver, porque el Reino Unido no concederá un salvoconducto a Assange para que pueda viajar a Ecuador y el Gobierno británico espera cumplir con la extradición de Assange a Suecia, país que lo reclama por delitos sexuales. El sábado, en su discurso de aceptación de la reelección presidencial, Correa propuso una continuidad a lo que llamó los ejes centrales de su accionar político, sus revoluciones: la revolución ética, la revolución agraria, la revolución educativa, la revolución en salud y la defensa de la soberanía, la dignidad y la integración latinoamericana.

Correa es hoy el candidato favorito, con una aceptación popular de alrededor de 80 por ciento, difícil de superar por cualquiera de sus oponentes. Sin embargo, en la política ecuatoriana todo puede pasar, de lo que Correa es propio ejemplo, pues, de profesor de Economía y comentarista poco conocido en radios de Quito, llegó a la Presidencia de Ecuador.

La papeleta electoral de Ecuador mostrará a Correa y otros siete candidatos que conforman el espectro político en Ecuador: el ex colaborador del Gobierno, Alberto Acosta, quien terciará por la Coordinadora de Izquierdas; el ex concejal de Quito, Norman Wray por Ruptura 25, Mauricio Rodas del Movimiento SUMA, el ex presidente Abdalá Bucaram por el Partido Roldocista Ecuatoriano (PRE), el banquero Guillermo Lasso del movimiento Creo, el ex presidente Lucio Gutiérrez por su partido Sociedad Patriótica y el magnate Álvaro Noboa por el Partido Institucional de Renovación Nacional (Prian). 

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