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26 de junio de 2007
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Dos ?no? que le duelen al gobierno K

Por derecha y por izquierda, el gobierno de Néstor Kirchner recibió dos voluminosas facturas de similar calibre. Dos comunidades lejanas, de conformaciones diferentes y de problemas disímiles, han eludido sumarse a lo que ?se pensaba? iba a ser la ola arrasadora del Frente para la Victoria desde aquí hasta octubre.

    Por derecha y por izquierda, el gobierno de Néstor Kirchner recibió dos voluminosas facturas de similar calibre. Dos comunidades lejanas, de conformaciones diferentes y de problemas disímiles, han eludido sumarse a lo que –se pensaba– iba a ser la ola arrasadora del Frente para la Victoria desde aquí hasta octubre. A través de los resultados que consagraron como respectivos mandatarios a Mauricio Macri en Capital Federal y a Fabiana Ríos en Tierra del Fuego, los electores parecieron expresar que no estaban dispuestos a comportarse como manada y, por lo tanto, decidieron privilegiar de un modo bien federal las necesidades más inmediatas de sus distritos por sobre la pretensión del Gobierno nacional de que se le brinde apoyo a su política.
    Las lecturas que dejan estos resultados son unas cuantas más, desde la demostración de que el Gobierno no es invencible en las urnas hasta la clara manifestación de que, para bien de la democracia, los temas de la institucionalidad aún le importan mucho a la gente, más allá de las mejoras evidentes que pueden sentir en sus propios bolsillos. También ha quedado claro que, en algunos casos, no hay cucos en la política y que los discursos del falso progresismo habrá que archivarlos en el desván, porque a veces huelen a fascismo puro.Así, los electores fueguinos del ARI y los capitalinos del PRO parecen haber buscado marcar al unísono la debilidad de aquellos que alientan las hegemonías, critican a los que no piensan como ellos, no saben convivir en democracia más allá que dentro de su propio círculo y recurren sistemáticamente al clientelismo como forma de armado de capital político.
    En estos temas institucionales, el propio presidente jugó una semana a favor de Mauricio Macri y lo embarcó a su ministro de Educación en un discurso de barricada que reveló muy claramente que, por estos días, no le cuadra nada bien a los porteños. Daniel Filmus, no obstante, ha salido bastante bien del incendio y su figura, salvo el lamentable discurso de la noche del 3 de junio, menos chamuscada que otras. Con una fidelidad a toda prueba se ha presentado, sin serlo, como el padre de la derrota, aunque hay que reconocer que su pretensión de gobernar Capital llegó a destiempo, con un discurso que “ya fue”, tal como le sucedió antes a Macri, en el 2003.
    Capital Federal, por peso propio y por la especial manera de ser de sus habitantes, ha sido un test devastador para el Gobierno y poco favor se haría a sí mismo Kirchner si no leyera que los vientos han comenzado a virar, más allá de la crisis energética que por ahora no pega tan a pleno en los hogares pero que sí golpea en la subestimación que se hace desde el poder de la capacidad intelectual de los ciudadanos. Pero hay otro condimento central que tampoco es nacional y que los estrategas del oficialismo se resistieron a leer. Ocho años de centro izquierda le aportaron a los vecinos de Buenos Aires rejas en las plazas, baches en las calles, un tránsito cada día más caótico, ñoquis al por mayor (Guardia Urbana incluida) y desmadre en las cuentas públicas, en las que los recitales pagados con los impuestos de todos como emblema de la administración fueron apenas una muestra del manejo ineficiente.
    En plena etapa de transición, la situación económica de Buenos Aires será el primer problema grave a resolver por Mauricio Macri y su gente, aún sin que se pueda pensar por ello en algún adelantamiento de la entrega del Gobierno porteño. Los agujeros negros de las cuentas públicas que han dejado las dos administraciones salientes (Ibarra- Telerman) deberán cerrarse lo más rápidamente posible, aunque se cumplan las declaraciones oportunamente relativizadas del probable ministro de hacienda porteño, Néstor Grindetti: habrá que mejorar las aplicaciones del gasto, pensar en cierto endeudamiento que permita salir del paso y, si no hay más remedio, subir los impuestos.
     En este aspecto, la gente del PRO asegura que estará más que atenta para evitar que en los próximos meses se dilapide el superávit, para que se hagan estrictos controles de recaudación, sobre todo en el seguimiento a los morosos, y para vigilar el gasto político improductivo, sector en el que ya Macri pegó una primera voz de alerta cuando señaló, como ejemplo, que no es lo mismo un maestro que va a clase que aquel otro que siempre está de licencia. La muletilla del jefe de Gobierno electo durante la campaña fue la palabra “propuesta” y ahora ha comenzado a repetir “cambio”, para machacar en caliente lo que él cree que ha votado la gente.
     Su primera pulseada la tendrá con los gremios municipales y con los históricos Amadeo Genta y Patricio Datarmine. Allí se verá si tiene coraje para romper con el statu quo o si arregla con ellos, tal como lo vienen haciendo todos sus antecesores desde hace décadas. En cuanto a la posibilidad de que Macri se convierta de ahora en más en un referente nacional, desde ya que eso no se descarta, por el peso que tiene el distrito y por lo voluminoso de su triunfo, aunque no hay ninguna chance de que el ganador de hoy se aleje de la administración porteña.
     Al contrario, son altas las posibilidades de que apoye a Ricardo López Murphy en las elecciones de octubre. Por el lado de Tierra del Fuego, la llegada del ARI al Gobierno por primera vez en un distrito provincial y el hecho de que haya sido una mujer la candidata vuelven a poner a Elisa Carrió en la carrera presidencial, pero desde mucho más atrás, con los límites que le fijó la ciudadanía porteña hace tres semanas, cuando dejó fuera del ballotage, tras un minué político poco claro, a su aliado Jorge Telerman.

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