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21 de febrero de 2007
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JUICIO POR LA MATANZA DEL 11 DE MARZO EN MADRID

Dos imputados se desvincularon del 11-M

Dos presuntos colaboradores en la matanza del 11 de marzo del 2004 en Madrid, quienes declararon ayer ante la Audiencia Nacional, se desmarcaron de los hechos y dieron versiones distintas sobre la personalidad de uno de los supuestos cerebros de los atentados.

   MADRID (EFE). Dos presuntos colaboradores en la matanza del 11 de marzo del 2004 en Madrid, quienes declararon ayer ante la Audiencia Nacional, se desmarcaron de los hechos y dieron versiones distintas sobre la personalidad de uno de los supuestos cerebros de los atentados. En la cuarta jornada del juicio contra los 29 imputados por la muerte de 191 personas, fue el turno del sirio Mouhannad Almallah y del marroquí Fouad el Morabit, para quienes la fiscal pide 12 años de cárcel por pertenencia a banda armada.

   Sus declaraciones coincidieron sólo en el ánimo exculpatorio, porque fueron radicalmente distintas en la forma: Almallah se mostró confiado, relajado y casi provocador, mientras que El Morabit tuvo un comportamiento pausado, educado y prudente. Ambos negaron su participación en los atentados, condenaron la violencia y explicaron su relación con el supuesto organizador del 11-M, Serhane Ben Abdelmajid, El Tunecino, uno de los siete terroristas que se suicidaron en Leganés (cerca de Madrid), al verse acorralados por la policía tres semanas después de los atentados.

   Almallah presentó al Tunecino como un hombre violento, que decía que quería ir a luchar a Irak y que trataba de erigirse en líder de un grupo de jóvenes musulmanes, mientras que El Morabit dijo que era un hombre que “llevaba una vida aparentemente normal”.

   Según el primero, El Tunecino le comentó que quería ir a la guerra de Irak para combatir contra las fuerzas invasoras y que trató de persuadirlo para que también fuera a luchar. Su contestación, aseguró, fue clara: “Andá vos, si querés. Yo me quedo aquí”, porque él “vivía bien en España”. Almallah, acusado de captar y dar alojamiento a jóvenes que se preparan para la yihad en un local que alquilaba en Madrid, reconoció que El Tunecino quería erigirse en una especie de líder político y que él se negó a cederle su local para sus reuniones.

   El Morabit también admitió que tuvo relación con El Tunecino, pero sin llegar a la amistad, y en su opinión “se veía y se notaba que no era una persona que estuviera metida en alguna organización clandestina”.

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