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10 de noviembre de 2009
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DNI

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Uno mira su destartalado Documento Nacional de Identidad y piensa ¿Qué fue de aquel muchachito que alguna vez fui yo y ahora parece mi propio nieto? Son crueles las fotografías del DNI.

Uno mira su destartalado Documento Nacional de Identidad y piensa ¿Qué fue de aquel muchachito que alguna vez fui yo y ahora parece mi propio nieto? Son crueles las fotografías del DNI. En algunos casos, la fotografía es más fea que la impresión del dígito pulgar derecho que está al lado. En las páginas de adentro se puede encontrar con una sección para datos de estado civil. Y a uno le entra la nostalgia de todos los estados civiles que ha tenido: casado, divorciado, vuelto a casar, juntado, concubino, refugiado, mantenido, filito, amigovio, pata‘e lana. No cabrían todos si uno tuviera que declararlos. La sección de antecedentes militares también quedó en el olvido desde que suprimieron la colimba. La colimba servía para que uno perdiera un año aprendiendo cómo errarle el tiro al enemigo. Después viene la sección cambios de domicilio que uno llenó una sola vez, con lo que quiere decir que, para el documento, uno sigue viviendo en aquel departamentito de un ambiente adonde recalamos con la flaca aquella que era tan experta en la cocina como Maradona en el cuidado del idioma. Y después vienen las constancias electorales, donde aparecen varios sellitos violetas y una firma ilegible del presidente de mesa. Al mirar cada casillero uno piensa, 14/5/95, ahí vote por…, 26/10/97, ahí voté por…, 24/10/99 ahí voté por…, y no puede seguir leyendo porque las lágrimas le rebalsan de los ojos. Es así el DNI que ahora va a cambiar. Basta de la libretita verde y mucho más basta si usted todavía tiene la libreta de enrolamiento que parecía la libreta del almacenero, cuando los almaceneros domesticaban las cuentas corrientes. Se viene el nuevo DNI en dos formatos: una libreta que será usada para votar y también una tarjeta plástica que podrá utilizarse en toda clase de trámites. Dicen, dicen nomás, que el trámite va a llevar sólo cinco días, pero con la experiencia que uno tiene es lógico que dude de la rapidez de una repartición pública. Algunos ya han tenido dos reencarnaciones y todavía no les entregan el documento original. Eso sí, el nuevo documento, o, en todo, caso los nuevos documentos, le costará a cada argentino $15. Usted dirá: “Una bagatela”. Aha, multiplique $15 por los 40 millones que somos y le dará la bonita suma de 600 millones de pesos. Si hubiéramos sabido, hubiésemos comprado el fútbol de la AFA.

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