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18 de octubre de 2020
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Arte en espacios públicos

Diez curiosidades de los monumentos de Mendoza: copias, robos y censuras

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Las obras que cambiaron el paisaje de la provincia, las que fueron olvidadas, las cuestionadas y las que generaron burla. Un recorrido por el museo a cielo abierto de la provincia.

En grandes pedestales o mimetizados con el paisaje, Mendoza cuenta con una vasta producción de monumentos y esculturas públicas que conforman un verdadero museo a cielo abierto. Las obras sirvieron para demostrar el poder político, reforzar la nacionalidad y construir la cultura de la provincia. Sin embargo, no siempre lucieron como las vemos hoy. 

Fueron movidas, algún que otro prócer fue bajado de su pedestal, mientras que las fabricadas en bronce toleraron reiterados robos de sus piezas. En tanto, una de las esculturas más paradigmáticas generó fuertes críticas porque se trató de una “copia” de una erigida en Buenos Aires y otro par sufrió la censura desde sus bocetos. 

“Desde 1904 en adelante y durante dos décadas las obras tuvieron como temática a los próceres con la idea de reforzar la nacionalidad. En 1910 y 1917 se celebraron los centenarios de la Revolución de Mayo y de la Gesta Libertadora y se buscó destacar nuestra historia”, sostuvo Patricia Favre, la autora del libro Itinerarios monumentales: catálogo de la escultura pública en Mendoza (2017).

Con motivo de la pandemia, la historiadora de arte decidió compartir su libro en formato pdf para “democratizar la cultura” y que los mendocinos pudieran conocer las particularidades de la galería de arte pública y cielo abierto.

La copia de San Martín que generó polémica

Son muchas las esculturas de Mendoza que son réplicas de la original, sin embargo, la escultura que representa a San Martín ubicado en la plaza homónima despertó un escándalo hacia principios del 1900 porque los vecinos querían que la primera escultura del Padre de la Patria que tuviera la provincia involucrara al pueblo todo y a la gesta sanmartiniana.

Al llegar al centenario del Cruce de Los Andes y luego del terremoto de 1861 que destruyó la Capital, Mendoza no contaba con ninguna escultura en honor al Padre de la Patria. La situación había generado la crítica del mismo presidente Bartolomé Mitre. 

Sin embargo, los gobernantes decidieron tomar la salida más barata y rápida, se encargó una copia del monumento ecuestre de Luis José Daumas que había sido levantado en 1862 en la plaza San Martín de Retiro, Buenos Aires.

“La idea de una copia levantó críticas en intelectuales y figuras opositoras al partido oficialista, pero la estatua porteña contaba con el prestigio de ser el primer monumento levantado al prócer en el territorio nacional. El encargo para la ejecución recayó en el ingeniero José F. García, quien había hecho una copia del monumento para la provincia de Santa Fe”, describió Favre en su libro. 

El 5 de junio de 1904, finalmente se inauguró la estatua de bronce de  2,60 metros de alto, que actualmente sigue erigida sobre un pedestal de casi 5 metros en la llamada Plaza Cobos que desde entonces se convirtió en lugar por excelencia para actos conmemorativos oficiales y pasó a denominarse “Plaza General San Martín”. 

Finalmente, la provincia saldó la deuda con el General y sus vecinos con el  “Monumento al Ejército de los Andes” en el Cerro de la Gloria que fue levantado por el escultor escultor Juan Manuel Ferrari.

El único monumento dedicado a las mendocinas, olvidado

“A la heroica mujer mendocina”, reza el título de la obra que se encuentra en el Correo Argentino y fue realizada por Amadeo Dell’Acqua y Mario Arrigutti en 1951 con motivo de la inauguración del Palacio de Correos y Telecomunicaciones de Mendoza. 

Constituye el único monumento dedicado especialmente a la mujer mendocina que existe en la provincia. Lo cierto es que la pieza hecha en bronce “quedó como desconocida”, aseguró la historiadora, quien señaló que la atención se la llevaron los murales creados por los mismos artistas. Además, no se realizó ningún acto especial para inaugurarla y hay poca información sobre ella. 

La figura, despojada de joyas, las enseña en sus manos en señal de entrega, aludiendo a la generosidad de las Patricias Mendocinas durante la formación del Ejército de los Andes. La figura está desarrollada con cierto carácter columnario, y vestida de acuerdo a la moda Imperio que dominó durante la época napoleónica.

La “chusma de alpargatas”


“Al obrero”, la escultura de bronce de 1921 adquirida al escultor mendocino Juan José Cardona y emplazada en el sector de la Avenida de las Palmeras del Parque General San Martín durante la gobernación del dirigente de la Unión Cívica Radical José Lencinas, se convirtió en blanco de críticas y sarcasmos en la época. Por ella, a los lencinistas se los calificó  como la “chusma de alpargatas” por el calzado que llevaba la figura.

La autora contó que Mendoza tenía un carácter fundamentalmente agrícola en aquel entonces, por eso la imagen del obrero se plasmaba especialmente en la gente de campo y no en trabajadores fabriles. Como consecuencia, la representación fue ataviada con alpargatas, como divisa de lo popular, el calzado del “pueblo”.

“La figura representa a un joven paisano, vestido con un sencillo pantalón y saco, un pañuelo anudado en el cuello y sombrero. Está parado, descansando el peso de su cuerpo sobre la pierna derecha, levemente adelantada y con las manos enlazadas en la parte posterior del cuerpo. Se caracteriza por un naturalismo con acentos pintoresquistas, tanto por su vestimenta como por la humildad de su actitud”, consignó Favre. 

Y agregó: “Las alpargatas cristalizaron como símbolo de triunfo del proletariado, que el lencinismo había reivindicado mediante numerosas leyes laborales, tal como la jornada de ocho horas y de salario mínimo estipuladas por Ley Nº 732”. 

En algún momento la pieza fue trasladada al Zoológico y quedó olvidada, por lo que la autora busca que nuevamente cobre protagonismo y pueda ser vista por todos los mendocinos.

Cinco toneladas, robadas

A finales del siglo XX, sólo el monumento ecuestre de San Martín en su plaza homónima llegó a contar con más de medio centenar de placas conmemorativas. Pero, entre 2003 y 2008 fueron robadas por el alto valor del bronce.

Según Favre, este tipo de hechos se desencadenaron con la crisis del 2001 y una de las consecuencias más lamentables fue la sustracción en 2006 de una estatua de 4,5 metros de alto y de unas 5 toneladas que estaba erigida en La Paz y que recordaba la tragedia ferroviaria de El Alpatacal, ocurrida en julio de 1927, donde murieron cadetes chilenos y ferroviarios argentinos. 

La pieza fue realizada por el escultor Alberto Lagos en 1932 y fue titulada "El dolor ante la fatalidad", aunque popularmente se conoció como "Monumento a las víctimas de Alpatacal". 

La figura aparecía erguida y cubierta con una delgada túnica que movida por el viento se adhería al cuerpo dejando el torso descubierto. Presentaba la mirada dirigida al frente como expresión del coraje ante la fatalidad y, sosteniendo con su mano derecha una palma, aludiendo a la gloria de los caídos.

La primera fuente de la provincia

La primera obra escultórica emplazada en el espacio público de la provincia fue una fuente de la Fundición Val d´Osne (Alto Marne, Francia) que fue instalada en 1894 en el centro de la plaza Independencia.

Se trataba de una obra de gran jerarquía, dado que tenía el prestigio de su origen francés; se encontraba entre los modelos más importantes de “Fuentes monumentales” de la fundición y era idéntica a las fuentes emplazadas en la Plaza de Mayo, lo que le otorgaba notoriedad y legitimidad.

En 1927, con el proyecto de construir la Casa de Gobierno en el centro de la plaza Independencia, la fuente fue retirada para dar lugar a la nueva edificación. Varios municipios solicitaron al Poder Ejecutivo su donación, y fue adjudicada por sorteo a Maipú. Hasta el día de hoy se encuentra en la plaza 12 de febrero, el espacio verde del centro de la comuna.

La desnudez, prohibida


“A la confraternidad hispano-argentina”, el conjunto escultórico que se encuentra en la plaza España fue encargado al artista Luis Bartolomé Somoza. Fue realizada en mármol travertino e inaugurada el 12 de noviembre de 1949.  

Sin embargo, las piezas no fueron ideadas como se las ve hoy en día, el artista construyó la maqueta de dos esculturas que estaban desnudas, pero surgieron críticas por parte de algunos miembros de la colectividad española y terminaron vestidas.

Coronando el monumento ampliamente conocido por los mendocinos, se encuentran las figuras alegóricas de España y Argentina estrechando sus manos, aludiendo a los lazos sanguíneos, espirituales y culturales que unen a ambos países. 

España está personificada como madre y sostiene en su mano derecha un libro, símbolo de la cultura que legó al territorio argentino. Argentina, está representada como una mujer joven, portando en su mano izquierda un racimo de uvas, símbolo del trabajo y el progreso de la nueva nación. Ambas están cubiertas por paños sujetos a la cintura, que dejan al descubierto su torso, si bien el de Argentina es más liviano y translúcido.

El monje que fue bajado de su pedestal

La obra que representa al fray Luis Beltrán, quien cumplió un papel fundamental como fabricante y organizador de la artillería del Ejército de los Andes, fue movido en dos ocasiones (en 1980 y en 2000) y pasó de estar en un alto pedestal en un lugar central del paseo Alameda a estar al ras de la tierra en un costado del paseo

Además, la escultura creada por Juan Manuel Ferrari e inaugurada en el centenario de la gesta sanmartiniana en 1917, fue despojada de una espada y de dos medallones alegóricos en distintos hechos vandálicos.

En la imagen, el fray aparece de pie, en actitud de meditación, con la cabeza agachada y los ojos entornados, mientras sus manos están entrelazadas en la parte delantera del cuerpo. El artista además, ideó que estuviera rodeado por un friso alegórico. Además, contaba con dos medallones representando un yunque y un cañón, ambos motivos rodeados por laureles, y un sable de bronce que fue colocado por la Sociedad de Damas en la inauguración del monumento. 

Para Favre, hay dos posibles explicaciones de por qué obras de esta categoría pierdan la esencia con que fueron concebidas. La primera es que existe una tendencia de que el arte sea más próximo al ciudadano. La segunda entiende que existen urbanistas que no consideran en las reformas de los espacios públicos las esculturas tal cual fueron ideadas. “No hay un criterio uniforme”, sentenció la historiadora de arte.

El arte mimetizado con el paisaje

Roberto Rosas creó varias obras para espacios públicos. Las más icónicas, el “Menorah” del paseo Estado de Israel (1998) y la escultura “A la Libertad” que se ubicó en 2012 en el Memorial de la Bandera Virgen del Carmen de Cuyo. 

Sin embargo, un friso decorativo instalado en 1975 en la calle Patricias Mendocinas al 1242 de la Ciudad de Mendoza destaca entre las creaciones que se funden con el paisaje y la intensidad de la urbe.

El tema es la “Vendimia nativa” simbolizada mediante la recolección del maíz y la vid. El artista rindió homenaje a las poblaciones originarias de la región que desarrollaron la agricultura en un medio adverso mediante la canalización del agua. “Rosas se compenetró del carácter histórico del sector, núcleo fundacional de la Ciudad Nueva, pero embiste con un tema inédito para la época y el contexto: la reivindicación de los orígenes, la importancia de la mujer y el progreso del pasado”, explicó la escritora.

La obra sin género y universal

En las últimas décadas del siglo XXI y hasta la actualidad los espacios públicos fueron tomados como un museo que pretende interactuar con los ciudadanos. En ese contexto Elio Ortiz, que se destaca como autor de numerosas obras del Área Fundacional, en 1980 instaló una gran escultura Av. de Acceso Este y Arenales, tras ganar un concurso de la municipalidad de Guaymallén.

Construida en cemento y marmolina la pieza titulada “Norte misterioso del ser” se conserva intacta hasta la actualidad, llama la atención y despierta un interrogante en quien la aprecia.

Resultó la primera obra emplazada en un lugar público que ponía en escena nuevos contenidos simbólicos y estéticos marcando una profunda ruptura con la tradición figurativa de la escultura emplazada en plazas, parques y paseos, y fue realizada durante un gobierno de facto. 

“Según el mismo artista, le interesó una representación que fuera más allá de una identificación de género o cuestiones históricas, logrando plasmar un sentido de universalidad y un contenido simbólico que lindara con lo místico, con la interioridad del ser. Por ello, usó color blanco que tradicionalmente ha sido identificado con lo espiritual y contemplativo, y además brinda liviandad y genera una gran visualidad en el espacio”, destacó Favre.

La decapitación que sigue doliendo

La Pureza, la escultura icónica en mármol de carrara del Rosedal que lleva la firma del artista italiano A. Belli, fue decapitada en 2015 y el hecho sigue generando indignación.

La alegoría de la Pureza, instalada en 1923 en el Parque General San Martín, está representada mediante una figura femenina desnuda que, apoyada sobre un basamento a modo de roca, se inclina hacia adelante recogiendo agua del estanque con una ánfora. 

El Gobierno busca la mejor alternativa para la pieza, mientras consultan con especialistas. Una corriente afirma que hay que dejarla así, mientras que otros creen que una opción válida sería restaurarla, haciendo una réplica de la cabeza. En tanto, se pretende llevarla a un museo y dejar en el lugar una copia.

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