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7 de agosto de 2019
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Estres bucal

Dientes inquietos: ¿Sabes qué es el bruxismo?

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Una de las formas que se tiene de liberar tensión es apretar los dientes. Aunque suele ser normal, en algunos casos se convierte en patológico y es necesario tratarlo.

Las preocupaciones, el exceso de trabajo, el estrés por llegar a todo. El cuerpo necesita buscar vías de escape a todos los nervios del día a día y apretar los dientes es una de ellas. Pero en exceso y sin tratamiento puede dar lugar a problemas importantes, incluso más allá del desgaste dental.

¿Qué es el bruxismo?

Apretar los dientes se convierte en un problema (y pasa a denominarse bruxismo) cuando se hace por largos periodos de tiempo, con gran intensidad y de forma involuntaria.

Los dentistas distinguen dos tipos de bruxismo: el diurno, íntimamente relacionado con el estrés, y que, aunque es difícil, es posible controlarlo; y el bruxismo nocturno, que ocurre al dormir, de forma totalmente inconsciente, y que causa alteraciones del sueño. Es imposible que la persona lo controle por sí misma y por eso necesita tratamiento.

 

La articulación que une la mandíbula con el cráneo se llama articulación temporomandibular (ATM). Para localizarla, se pueden poner los dedos delante de la oreja y toca la “bolita” que se mueve al abrir y cerrar la boca. Las personas que aprietan demasiado los dientes tienen molestias en esa zona que pueden irradiarse hacia cabeza, oído o cervicales.

El prestigioso odontólogo y profesor Gustavo Vernazza explicó que el 40% de la población sufre este mal que también incluye a los niños. Este hábito inconsciente e involuntario de apretar o rechinar los dientes atenta contra la estética. Este trastorno del sistema de masticación es una causa importante de desgaste en las piezas, rotura y astillado e incluso puede llegar a causar otros dolores.

¿Cómo detectar si se está bruxando?

Dientes desgastados. Es la principal consecuencia de la fricción constante de los dientes. Se puede producir incluso la rotura de algunas piezas.

La pareja dice que se hacen ruidos. Si se apretan los dientes por la noche, la persona no se dará cuenta de que se hace ese ruido característico de las personas bruxistas.

Tener mayor sensibilidad dental al frío. La pérdida de esmalte puede dejar expuesta la dentina, provocando mayor sensibilidad.

Mareos o vértigos. Suelen estar provocados por los pinzamientos cervicales derivados del apretamiento dental.

Apertura bucal deficiente. Algunas personas sienten que no pueden abrir ni cerrar la boca con la misma amplitud que antes.

La mandíbula “cruje”. Al abrir mucho la boca para cantar, bostezar o lavarse los dientes, la persona puede notar un clic en la musculatura. Si esto ocurre, consultarlo con el dentista es importante para que evalúe posibles daños en la mandíbula.

Se ha tenido un bloqueo. Significa que tu boca se queda abierta durante un rato y no se consigue cerrarla. Termine o no pasando en ese momento, se debe acudir al dentista lo antes posible para descartar un problema grave que afecte a la articulación de la mandíbula (ATM).

En el caso puntual de los menores, los períodos de ansiedad generados por los juegos de consola "comprometen y disminuyen la separación de dientes", resaltó el especialista.

 

¿Qué síntomas tiene?

·    Agujeros en la mandíbula. Debido al sobreesfuerzo realizado al apretar los dientes.

·    Dolor de cabeza. De la misma forma que se contrae la mandíbula al apretar, lo hacen los músculos de la cabeza, causando una presión que algunas personas equiparan a llevar un casco.

·    Molestias en los oídos. Las estructuras de la ATM están muy cerca del tímpano, por lo que su contractura a veces puede manifestarse como un dolor de oídos o como tinnitus (escuchar un pitido continuo).

·    Problemas cervicales. La cabeza está unida a la columna cervical, lo que significa que toda contractura de la musculatura que mueve la mandíbula puede provocar una contractura en la musculatura cervical y a la inversa.

 

Los mejores remedios

Férula de descarga. Es transparente y se hace a medida, con un molde de los dientes. Es el único tratamiento para evitar que los dientes contacten entre sí y ayuda a relajar los músculos de la mandíbula. Su uso se limita a la noche y el dentista decide si colocarla en la arcada superior o inferior.

Aprender a escucharse. Durante el bruxismo diurno es importante tomar conciencia de cuándo aprietas los dientes y en ese momento dejes de hacerlo.

Practicar técnicas de relajación. Cuanto más alejes el estrés de tu vida, menos apretarás los dientes. Aprendé a relajarte y vencer el estrés.

Aliviar el dolor muscular. Aplica frío o calor sobre los músculos de la mandíbula cuando te duela.

Fricciones. Coloca las yemas de los dedos pulgares en los pómulos y deslízalos hacia la parte posterior de la mandíbula, hacia las orejas. Haz tres pases recorriendo la zona lenta y profundamente.

Amasamientos. Apretar los dientes para localizar dónde se marca el músculo de la mandíbula. En reposo, coloca en ese punto las yemas de los dedos índice y medio y realiza movimientos circulares.

Estiramientos. Por la mañana, al levantarse, realizar aperturas de la boca. En función del grado de apertura bucal que se tenga, introducir 2, 3 o 4 dedos. Realizar entre 10 y 15 repeticiones.

Corregir la forma de morder. Cuanto más alineados y homogéneos estén los dientes, menos daños se provocará al apretar. 

Si sobrecargas la articulación de la mandíbula, evita todas aquellas acciones que la desgasten aún más.


No abusar del chicle. Mascarlo exige un uso continuado y constante de la articulación. Lo mismo ocurre si se mastica carne u otro alimento durante mucho tiempo.

Evitar los alimentos duros. Como pan de corteza gruesa ya que hacen que se fuerce la mandíbula.


No mordisquear las uñas. Parecen hábitos inofensivos, pero desgastan inútilmente la articulación, impidiendo que repose.

 

 

 

 

 

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