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7 de septiembre de 2006
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Días inseguros para los políticos

La inseguridad se ha instalado como tema ante la incapacidad política para aprovechar las coyunturas favorables y cambiar las sensaciones. No terminó la interna radical que ya empieza la cobista.

    Sin pedir permiso, pero avisando, la seguridad se volvió a meter en la agenda diaria de los políticos. Es cierto que no llegó a la gente con la crudeza y la virulencia de otros tiempos, pero sería de necios negar que allí está como un gigante dormido. Más allá de todo el análisis que se pueda realizar sobre el ingeniero Juan Carlos Blumberg como la figura política en la que se ha transformado, la inseguridad es un tema de agenda permanente y sólo hace falta encender una pequeña mecha para que renazca con fuerza.

    Los hombres que manejan la cartera de Seguridad de la provincia tuvieron, como muestra de lo que decimos, la situación de los taxistas. Bastó un par de asaltos y que un chofer resultara herido para que resurgieran sus reclamos. La seguridad o la inseguridad, según de qué lado del mostrador se lo vea, es la problemática más difícil de encarar para cualquier gobernante. Es que nada es tan permeable a las sensaciones, nada es tan poco controlable de un momento para otro como la acción de un delincuente aislado, al que se le pase la mano o haga un tiro de más, para desatar una verdadera pueblada.

    Sin dudas, desde los estadístico se puede decir que la situación en los últimos dos años, tanto a nivel nacional como provincial, ha mejorado. Ahora, si estadísticamente se mejoró, ¿por qué la preocupación de la gente no decae? Es cierto que la inseguridad ya no figura en las encuestas como la principal preocupación de los ciudadanos, pero aparece siempre segunda, expectante, buscando volver a posicionarse a la cabeza de los problemas.

DE POLÍTICOS Y SOCIEDADES. Hoy –por más que algunos se enojen–, el problema de la seguridad es más político que real. De hecho, no hubo ningún caso resonante que desencadenara la nueva marcha multitudinaria de Juan Carlos Blumberg, sino, más bien, un momento político especial para intentar posicionar, desde una vereda, a la única figura que aparece con una imagen positiva, casi tan alta como la del presidente y su esposa. Esto no quiere decir que no haya más robos, ni que, de repente, nos hemos transformado en Suiza.

    De hecho, sigue siendo muy redituable ser colocador de rejas, instalador de alarmas o tener una agencia de seguridad, pero, sin dudas, algo ha cambiado. El problema para los políticos es que su mayor virtud sigue siendo mostrar su incapacidad. No son capaces de transmitir mejoras. No son capaces de generar expectativas positivas que puedan cambiar en la gente esa sensación.Como en todas las épocas, el bolsillo suele ser el único argumento que tienen para mejorar el humor de la sociedad.

NO TODA LA CULPA ES DEL CHANCHO. Para no ser injustos, también hay que ser claros con nuestra sociedad. Es cierto que los políticos son poco menos que Daniel el Terrible, pero nosotros, como sociedad, también nos las traemos. Hablamos del bolsillo generador de expectativas y votos. Sin i m p o r t a r qué plan se aplique, si uno que destruya la economía como en la década del 90 o uno que promueva la actividad industrial y el desarrollo del país, si nos parece que la plata nos alcanza hasta fin de mes, allá vamos.

    Un sociólogo amigo, en una charla informal, compartiendo unos buenos vinos, bromeaba sobre la magnitud numérica de nuestra sociedad electoral: “Acá, cada elector parece valer uno y medio. Si sumas la imagen positiva de Menem en su buena época con la de Kirchner, hoy te da como 150 por ciento. Es una locura que muestra que somos argentinos. Somos capaces de cambiar de extremo con una facilidad pasmosa”. La sociedad argentina es, sin dudas, un caso para chaleco de fuerza, de una facilidad de cambio de opinión sin fundamentos que no es fácil de entender.

    Hace unos días charlamos largo y tendido con un joven francés que estuvo un tiempo en Buenos Aires trabajando en su tesis doctoral y que, antes de volver a Toulouse, no quiso perder la posibilidad de recorrer los Caminos del Vino mendocinos. El joven nos decía que se llevaba muchísimo material para investigar sobre los comportamientos políticos de la sociedad. “Es una sociedad divida en mitades. Lo extraño es que son como mitades móviles, indefinidas, que es casi imposible sector i z a r l a s .

    Hoy son de centroderecha y mañana de centroizquierda, sin ningún prurito ni cargo de conciencia”. Ya dijimos que las percepciones juegan en estos terrenos un papel fundamental, aquí en Mendoza, en Buenos Aires o en Salta. Esta semana, el colega Ernesto Tenembaum recordaba que la variación de la percepción del fenómeno de la inseguridad en los ciudadanos no tiene patrón ni relación alguna con los hechos, pocos o muchos, que se producen, y recurría a un trabajo de la consultora de Hugo Haime al que había tenido acceso, donde se demostraba que, en los últimos meses, la cantidad de ciudadanos que percibía la inseguridad como su principal problema había caído 20%, y luego volvió a subir el mismo 20% sin que ningún hecho trascendente se reflejará en ese período y sin que los delitos aumentaran o bajaran tan drásticamente como el humor ciudadano.

     A esto nos referíamos con lo de la inoperancia de la política y de los dirigentes, que no saben capitalizar las oportunidades. La misma inoperancia –para no pensar que hay mala intención– de quienes en los últimos días creen que la convocatoria multitudinaria de Blumberg (mayor que la última marcha, pero sensiblemente inferior a la primera en el Congreso) se traduce simétricamente en votos. A esta altura ya deberían saber que imagen no es votos ni mucho menos capacidad de gestión y gobierno.

INTERNA ES LO QUE SOBRA. Hablando de gobierno, no serán días fáciles los que vienen para Julio Cobos. Si logra saldar con prontitud la interna con el iglesismo o lavagnismo, como prefiera llamarlo, deberá no sólo ordenarse en medio de un rebaño poco conocido para él, como lo es el PJ y sus aliados circunstanciales, sino que, además, deberá lidiar con la interna de su sector. Si bien hasta ahora el único candidato visible era Cesar Biffi y contaba con el apoyo nada menos que de Alfredo Cornejo, comienzan a aparecer los que sueñan con ese lugar al ver que Biffi no despega por sí solo en los sondeos de opinión.

    En ese lote de anotados comenzó a asomar otro intendente, el de Guaymallén. Él no habla, pero su nombre suena. Quienes andan cerca de la calle Libertad, aseguran que saldrían del mismo lugar que su colega godoycruceño, con la ventaja de que pertenecen a un departamento más poblado, y reclaman algo más de comprensión o, en términos más políticos, pretenden cobrarse algo de lo valioso que resultó que su jefe deje el barco iglesista para sumarse al cobismo concertador.

    Muchos saben que es un imposible, pero se conoce que los imposibles, en política, suelen ser posibles. Sin embargo, si se orejean las cartas, se ve claro que, ante la pelea de intendentes, ganan espacio los terceros, y allí sólo hay un nombre capaz de aunar simpatías del gobernador y de los aliados K: Alfredo Cornejo.

     “El Petiso no quiere saber nada, él tiene ilusiones de seguir construyendo poder, pero también sabe que es un soldado de la causa”, dice, enigmático, un radical que se jacta de conocer a todos. Pero si no es Cornejo ni un intendente, ¿quién es capaz de seducir al gobernador y al electorado? El plan C parece ser la ministra de Economía, Laura Montero, una figura que tiene buena imagen y goza el beneficio de vivir un momento macroeconómico regional esplendido para su área. Por lo pronto, la mujer empezó a consolidar su equipo con algunas incorporaciones en las últimas horas. Intendenta de San Rafael, diputada nacional y hasta, por qué no, la primera mujer con chances serias de ser gobernadora son todos horizontes que aparecen en el futuro de una de las mujeres preferidas del gobernador.

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