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3 de agosto de 2006
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Días de novela

Imbuidos en el espíritu de Montecristo, que inunda todo, la política de Mendoza, encabezada por su gobernador, quiere vengar el pasado y ver renacer el banco provincial

         Si algo puede apartar a los mendocinos –en las escuelas, los negocios, los cafés y las charlas de amigos– de Montecristo, el fenómeno televisivo y social por excelencia de los últimos años, quizás tengan un tiempito para hablar del nuevo banco de los mendocinos. Sin dudas, el tema dominante de la política local. La idea de Cobos, que, para ser exactos, ya era un tema permanente en la agenda de varios políticos y empresarios, tapó cualquier otra discusión política, incluso el sonoro enfrentamiento entre el gobernador y su ministra de Economía después de la preocupante legalización por parte del Gobierno de métodos de protesta deleznables por parte de algunos hombres que dicen representar al sector vitivinícola.


LA VUELTA DE LOS BUENOS.


      Como Santiago, el conde de Montecristo moderno, que vuelve de la muerte para vengar a los buenos y terminar con los malos, don Julio Cobos aprovechó el transcurrir de los tiempos y lanzó su idea para vengar los malos tiempos y hacer renacer una banca provincial, según las definiciones escuchadas hasta aquí, moderna, ágil, con espíritu de Estado pero con operatividad privada. Pero la cuestión, más allá de que resulte tentadora, no es de buenos contra malos ni de vengadores que llegan para recuperar las buenas costumbres y la moral perdida, es algo más profunda y, como advirtió este diario al otro día del anuncio, está claro que las tentaciones políticas, demagógicas y de todo tipo serán muchas.


       Hoy todo está en pañales, pero se pueden detectar, desde ya, síntomas muy buenos sobre el futuro del banco, aunque también algunas cosas un tanto preocupantes. En esta especie de vuelta de los buenos que nos inunda en todas las áreas, parece que todo lo que se anuncia desde los alrededores del mundo kirchenerista es inmaculado y, per se, bueno. Eso mismo suele pasar muchas veces con los anuncios del bueno de Cobos, un integrante respetado del mundo K.


 EL TESORO.


      Al igual que el vengador de Montecristo de Dumas o el de estos días de Echarri, Cobos recibió como legado el tesoro, un tesoro llamado Fondo de la Transformación y Crecimiento, que, es cierto, la gestión de Roberto Iglesias y la suya en estos dos últimos años hizo mucho por recuperar y poner en forma, de manera tal que le permitió ahora soñar y elaborar la jugada política más importante para la provincia en los últimos tiempos.


       Ahora, la clave está radicada en cómo se va a usar ese tesoro para consumar la venganza de los buenos, de los que por convicción o conveniencia aborrecen la década del 90, esa que, con la ayuda invalorable de crápulas disfrazados de señores, fue fundamental para destruir el Estado, y también la idea de una banca solidaria y de apoyo a los trabajadores y pequeños y medianos productores como la que sueñan, por estas horas, muchos de los que salieron a apoyar rápidamente la idea del gobernador. Y, como tantas veces, aquí se comienzan a ver algunas contradicciones. “Mirá, si es cierto lo que andan diciendo en el discurso y lo que piden algunos que no entienden nada del tema, que el nuevo banco sea para ayudar a quienes no tienen acceso al crédito y financiar a no sé quién y no sé qué otras cosas, que se queden con el Fondo de la Transformación y listo.


        Si quieren hacer un banco, tienen que cumplir con las normas del Central, y para dar un crédito o una tarjeta o financiar a una pyme tendrán que cumplir con los mismos requisitos que cualquier banco privado y las normas del Central, eso es para todos”. La definición corre por cuenta del gerente de uno de los bancos instalados en Mendoza y parece contundente y ajustada a la realidad.


        Pero también se ajusta a la realidad algo que expresó en las últimas horas uno de los hombres serios de la política mendocina, el senador Enrique Vaquié, cuando aclaró que el nuevo banco no es necesario bajo ningún punto de vista para las finanzas públicas, pero sí se está haciendo necesaria una banca provincial o regional, ya sea estatal o privada, que tenga en claro prioridades, modelos de desarrollo y de gestión política de una región en forma integral, y no decisiones centralizadas en Buenos Aires sin conocimiento ni captación de la realidad regional.


        La definición de Vaquié es muy válida y no es excluyente, como lo quieren ver algunos, con la sentencia del gerente que apuntábamos párrafo más arriba. En las últimas horas se ha escuchado mucho decir que uno de los grandes descalabros del ex banco estatal fue dar créditos a diestra y siniestra, y ahora muchos de esos mismos críticos son los que reclaman a los cuatro vientos una especie de nueva fiesta, pero más controlada, diciendo que el nuevo banco tiene que ser más laxo que otras instituciones, dejando, ya antes de empezar, a la nueva entidad a la puerta del círculo virtuoso del fracaso y la quiebra.


LOS OLVIDADIZOS.


       Pero tanto como estos últimos, existen también en esta historia otros que tienen una especie de olvido selectivo, que son aquellos que aprovechan esta nueva movida para intentar que la historia sea parcial una vez más y enterrar bajo la alfombra la parte de la historia privada y desastrosa del Banco de Mendoza y su relación directa con el banco estatal. Pretender ver sólo el primer capítulo del libro es tan inverosímil como leer sólo el segundo. La historia de los bancos es una, integral e indivisible. Pero cabe aclarar que también en esto, otra vez como en Montecristo, tiene mucho que ver la Justicia.



      Una Justicia manchada de sospechas que se tiró la pelota de un lado a otro con la investigación de las gestiones del banco oficial hasta que prescribieron las causas y ya se sabe qué pasa con la investigación de la estrepitosa caída de la gestión Moneta, donde fue más fácil voltear a un juez que lograr que el principal sospechoso de la causa declare ante un juez. La puesta en marcha del banco, entonces, se llena de interrogantes. No sólo sobre los contenidos políticos de la idea, sino también sobre las necesidades o no de crearlo.


 DÍAS DE NOVELA.


       Pero la verdad es que Mendoza es casi una novela permanente, y no sólo se trata de Montecristo. Por otro lado, una de Montescos y Capuletos se vive cada día con mas intensidad. Como las familias enfrentadas en la Verona shakespeariana, cobista e iglesistas renuevan su lucha permanente sin que nadie acierte a decir muy bien qué es lo que hay en juego en este combate frontal que lo impregna todo y deja tendales de heridos y una insoportable sensación de que, de aquí a que se defina la interna radical y, quizás, las candidaturas presidenciales, todo será un combate callejero entorpecedor de la gobernabilidad de la provincia. Aquí no se trata de vengadores, de malos o de buenos.


      Se debería tratar de pensar en el bien común y en el desarrollo sustentable de una provincia que, como siempre decimos, tiene un potencial de desarrollo dormido. Para discernir sobre buenos y malos, está la Justicia, si es que un día despierta.

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