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4 de junio de 2010
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Diamante

Algunas curiosidades de Sudáfrica: corría el 25 de enero de 1905 en el Transvaal, precisamente en la mina de diamantes Premier. Papá Wells era el gerente de área de la mina.

    Algunas curiosidades de Sudáfrica: corría el 25 de enero de 1905 en el Transvaal, precisamente en la mina de diamantes Premier. Papá Wells era el gerente de área de la mina. El ya había tenido otras minas pero prefirió no dar los nombres para proteger su intimidad. A los lejos mugían los leones, balaban los monos aulladores, piaban los cocodrilos. Papá Wells escudriñaba las paredes de la mina, cosa difícil para él porque no tenía le menor idea de lo que significaba escudriñar y menos en castellano. De pronto ve un brillo en la parte inferior de una pared.

    Piensa: “Una lata de gaseosa (pero en 1905 todavía no existía ese envase)”. Piensa entonces: “Un poto de sifón de soda Chic (esa marca de soda no se conocía en Sudáfrica)”. Entonces decide comprobar qué era. Saca su navaja, que se la había prestado Pedro, y comienza a cavar y cava y cava y cava hasta que sus ojos se abrieron más grandes que los míos en cualquier monólogo, su boca también se abrió como si le estuvieran pagando un cogollo, se le puso la gallina de piel. ¡Era un diamante! ¡Qué digo un diamante! ¡ Un diamantón! ¡Qué digo un diamantón! ¡Un diamantonazo! Porque, bueno, era común encontrar un diamante así y así o así, pero un diamante ASÍ era un gran descubrimiento.

    Pesaba más de medio kilo el loco. Inmediatamente Papá Wells salió gritando: ¡Eureka! ¡Eureka!, que quiere decir lo encontré, frase que ya había sido dicha por Arquímedes cuando encontró el jabón en la bañera. Había descubierto el diamante más grande del mundo. Lo llamaron Cullinan en homenaje a Tomás Cullinan que era el dueño de la mina. Fue tallado en varias joyas, una de ella es el principal atractivo de la corona del Estado Imperial Británica. Ocurrió a pocos kilómetros de donde está estrenándose la Selección Argentina.

    Ojalá que sea una premonición, quiero decir, que los muchachos de la selección encuentren el diamante más grande o, por lo menos, brillen en todos los partidos. Alguna vez Rubén Darío escribió: Puede una gota de lodo/ sobre un diamante caer / puede también de este modo/ su fulgor oscurecer/ pero aunque el diamante todo/ se encuentre de lodo lleno/ el valor que lo hace bueno/ no ha de perder un instante/ y ha de ser siempre diamante/ por más que lo manche el cieno.

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