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20 de septiembre de 2006
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Detalles del presupuesto nacional

La pauta de gastos del Gobierno nacional es analizada en esta columna por un especialista. Superpoderes y superávit, la clave en la que se basan las proyecciones oficiales

    El Presidente de la Nación, Néstor Kirchner, sabe muy bien que las patas sobre las que se asienta su plan económico son el superávit fiscal y el superávit comercial. Por eso, mantener estos superávits gemelos le garantiza la conservación de su poder político intacto. Teniendo en cuenta esto, desagregaremos un poquito el proyecto de ley del presupuesto nacional 2007 enviado al Congreso de la Nación.

    Hace un tiempo atrás (no mucho) se aprobaron los llamados superpoderes para Alberto Fernández, y esto, básicamente, es una herramienta poderosa desde el punto de vista presupuestario: se subestima el crecimiento (es decir, se dice que se va a crecer menos de lo real) para después permitir al Jefe de Gabinete reasignar partidas presupuestarias de manera totalmente discrecional. El tema es de qué manera terminará impactando esta subestimación del crecimiento en las cuentas fiscales del año que viene. Los ingresos fiscales se estiman como un porcentaje del Producto Bruto Interno (PBI).

    Dicha relación se mantiene hace tiempo sin grandes cambios (excepto alguna crisis), por lo que ese porcentaje le da la pauta al Gobierno de lo que debería ingresar a sus arcas, teniendo en cuenta la fuerte presión tributaria que se está llevando a cabo en la actualidad a nuestra economía. Para el ejercicio del 2007, se estiman (según el presupuesto enviado al Congreso) ingresos por impuestos y por seguridad social respecto del PBI del orden del 24%. Si tenemos en cuenta que el PBI estimado en dicho presupuesto es de 4%, esos ingresos rondarían los 700.000 millones.

    Pero ningún analista económico (entre los que me incluyo) considera que para el año que viene tendremos un PBI inferior al 6%, con lo cual esa diferencia de ingresos en función del PBI es nada más ni nada menos que más gasto discrecional para el Gobierno en un año puramente electoral y con provincias cerca del rojo fiscal.

    Esto pone en evidencia cómo se subestima el crecimiento y, por ende, los ingresos, lo que es un arma muy poderosa para hacer política hoy en Argentina. Subestimar el PBI equivaldría un ingreso adicional de nada menos que 10.000 millones, para que, en un año netamente electoral, se pueda ayudar a provincias con problemas,realizar obras públicas y aumentar salarios, entre otros. A esto se debe sumar el hecho de que los superpoderes otorgan la posibilidad de reasignar partidas. A la luz de los acontecimientos, usted podría pensar: “¿Y si con ese excedente decidieran engrosar el ahorro fiscal?”.

    Sería lo lógico, pero también hay que tener en cuenta cómo viene creciendo el nivel de gasto público, situación que eleva las necesidades de financiamiento y empuja hacia arriba el nivel de endeudamiento al que debería recurrir el Estado. En el año 2007, el Gobierno prevé un superávit primario de 21.000 millones. Es dable esperar que la subestimación de los ingresos mencionada anteriormente se destinaría a favorecer el ahorro público y a engrosar el superávit fiscal. Pero el motivo más contundente para la subestimación reside en que otorga un mayor margen de maniobra para el Ejecutivo, al disponer de esos recursos excedentes.

    Por eso parece bastante lógico, desde el punto de vista político, considerar que el superávit primario alcanzará los 21.000 millones presupuestados. Entonces ¿qué se debería hacer con esa suma? El proyecto de ley menciona algunos gastos, pero no dice (obviamente) nada de qué hacer con el remanente. Esa diferencia se destinaría, entre otras cosas, a subsanar las dificultades financieras de las provincias. Otros gastos, si bien son de menor cuantía, no dejan de caracterizar el grado de improvisación con que enfrenta el Gobierno algunos de sus problemas de largo plazo.

    Dentro del proyecto de presupuesto figuran los llamados gastos ocultos, los que no aparecen expresamente pero que, se sabe, sí van a suceder (caso de subas salariales para la administración pública) y los que se presentan como inversiones financieras (caso del programa de asistencia financiera a las provincias). En otra parte de dicho proyecto de ley se hace mención a un monto muy inferior, destinado a Vialidad Nacional. Pero es difícil pensar que, ante un año electoral, la obra pública tenga poco presupuesto.

    En un análisis del presupuesto del año 2007 queda bastante claro cuál es el alcance del superávit excedente, pero su destino, por lo menos, no se avizora en el corto plazo, y no parece ser el de atacar situaciones sociales o terminar de desendeudarnos ante el mundo. Está bien, tuvimos una fuerte recuperación económica en los últimos años, la que, junto a la presión tributaria histórica que hoy se ejecuta, ha logrado niveles récord de superávit fiscal. Pero, de a poco, se está dilapidando este excedente en función de intereses no muy claros. La idea es muy simple: en momentos de bonanza, hay que ahorrar para que en momentos de urgencias estemos preparados. Pero parece que el presupuesto 2007 no parece ir en ese sentido.

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